Un día antes de la apertura de la cumbre del G8 en Escocia, el área de Gleneagles está sitiada por miles de policías, mientras en Edimburgo, que fue teatro el lunes de violentos combates, siguen las protestas contra los líderes de los países más ricos del mundo.
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En Auchterarder, una tranquila localidad, donde está situado el hotel de Gleneagles - rodeado ahora por una verja metálica de 8 kilométros - hubo una alerta a la bomba frente en un banco, que puso en alerta a la policía.
El jefe de la policía de Tayside, John Vine, responsable de la seguridad para la cumbre del G8, dejó claro que los manifestantes, que prevén una marcha el miércoles, que empezará hacia el mediodía cerca del parque de Auchterarder, se enfrentarán a una actitud "robusta" de parte de las fuerzas de seguridad.
“ue no quede dudas, que si los manifestantes hacen acciones violentas se enfrentarán a una acción robusta, serán arrestados y comparecerán ante la corte", advirtió Vine en una rueda de prensa.
Mientras tanto, unos 20 manifestantes anticapitalistas y anarquistas - que protagonizaron el lunes combates con la policía antimotines que paralizaron las calles del centro de Edimburgo, dejando unas 20 personas con heridas leves y 100 detenidos -, comparecieron este martes ante los tribunales.
Tras la violencia del lunes, la capital de Escocia se prepara para el último del los conciertos Live 8, el miércoles, que contará con decenas de artistas, pero también con más protestas.
Uno de los organizadores de ese concierto, el músico irlandés Midge Ure, reprochó a los manifestantes recurrir a la violencia.
"Deben irse de regreso a sus casas, nosotros estamos cambiando las cosas que ellos quieren cambiar", afirmó Ure, quien es, con los músicos y activistas Bob Geldof y Bono, una de las fuerzas detrás de los conciertos Live 8 que se celebraron el sábado en nueve ciudades y concluyen el miércoles en Edimburgo.
Este martes, tres activistas ingleses de la campaña mundial contra la pobreza protagonizaron una dramática protesta en el centro de la capital de Escocia, encadenándose a un altísima grúa.
Desde 150 pies de altura, los tres manifestantes ondearon una banderola, donde denunciaron la "hipocrecía" del gobierno británico.
Según uno de ellos, que se comunicó desde lo alto con un teléfono móvil, el gobierno de Tony Blair se presenta como arquitecto del combate contra la pobreza en Africa, y por el otro, acelera las liberalizaciones y privatizaciones de los mercados en los países desarrollados.
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