Sin acción decidida, guerra volverá pronto
Samuel Hadas, analista y primer embajador de Israel en España y ante la Santa Sede, sostiene que si la comunidad internacional no actúa de modo decidido para que Irán y Siria desarmen a Hizbollah, una nueva guerra estará a la vuelta de la esquina. A continuación, los principales tramos del interesante artículo que escribió para la «Agencia Judía de Noticias».
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Un mural del anterior líder de Hizbollah, Abbas Mussawi, pintado en una calle de la ciudad libanesa de Bint Jbeil, muestra los efectos de la guerra. Ese movimiento terrorista sigue siendo el gran obstáculo para la pacificaciópn de la zona.
Esto no sucederá sólo si la comunidad internacional impide que Irán y Siria recompongan a Hizbollah, una organización para la que la muerte y la destrucción son el elixir de su vida.
Queda por ver, asimismo, cuál será el impacto de la guerra en el enfrentamiento de Israel con los palestinos, encabezados hoy por un gobierno a cuyo frente se encuentra Hamas, una organización terrorista que ha interpretado las retiradas de Israel en el pasado (de Líbano y de Gaza) como un signo de debilidad que debe ser «aprovechado». ¿Cómo? Con la violencia y el terrorismo.
Israel tiene buenas razones para estar complacida con la Resolución 1.701 del Consejo de Seguridad, pero ésta no es sino un compromiso en el que no faltan los agujeros y las ambigüedades.
De más está quizá recordar a los lectores de otras partes del mundo cuáles son las diferencias fundamentales entre los efectivos del ejército israelí y las bandas armadas de Hizbollah: los primeros protegen a su población civil (causa principal del relativamente bajo número de víctimas civiles israelíes y el alto número de soldados caídos), mientras que Hizbollah los usa como escudos humanos (principal causa de las víctimas civiles libanesas); el ejército israelí lucha por su país, por su soberanía y supervivencia, mientras que Hizbollah actúa de mandadero de potencias extranjeras que lo utilizan como su avanzada: Hizbollah no defiende al Líbano, lo destruye.
Nuevamente ha quedado demostrado que los problemas de Medio Oriente pueden ser abordados con alguna posibilidad de éxito solo cuando se produce una implicación activa del cuarteto integrado por Estados Unidos, la Unión Europea, la ONU y Rusia. El objetivo primero deberá ser neutralizar al nuevo cuarteto, el «cuarteto del mal», el de Irán, Siria y los fundamentalistas radicales Hizbollah y Hamas.
Irán y Siria no han invertido en el Líbano miles de millones de dólares para que su gobierno y la comunidad internacional les pidan que empaquen sus fardos y se vayan de allí, y harán lo imposible no solamente para evitar la marginación y el aislamiento de Hizbollah, sino que le devolverán la vitalidad perdida a manos de Israel.
Las diferencias entre los socios transatlánticos y la oportunista desmarcación de Rusia, que busca transformarse, a la manera de la URSS, en paladín de la «causa árabe», en nada contribuyen.




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