12 de agosto 2005 - 00:00

Temida fractura del liderazgo palestino

Gaza -. Mientras la atención internacional y local se centra en la inminente retirada israelí de Gaza, la multilateral lucha que enfrenta al presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas (Abu Mazen), contra el primer ministro Ahmed Qurei, a la vieja guardia del movimiento nacionalista dominante de Al Fatah contra su nueva guardia, y a todos ellos contra los islamistas de Hamas, ha entrado en una fase crítica.

La vieja guardia de Al Fatah, cuya figura más prominente es Qurei, realizó una tentativa potencialmente fatídica de bloquear la reforma interior y la democratización, además de negarse a compartir con Hamas un poder significativo en caso de que le fuera bien en las próximas elecciones generales.

El resultado más probable es que Al Fatah quede dividido, que Hamas desplace por completo a la Autoridad Palestina y que quede un gobierno maltrecho en manos de una vieja guardia cada vez más autoritaria y menos responsable.

Esta perspectiva futura se debe, en gran medida, a que la vieja guardia está resuelta a proteger su posición privilegiada dentro del sistema político y de gobierno. Así, en parte logra evitar que se la responsabilice de la corrupción y del abuso de poder que se da entre los funcionarios públicos desde la creación de la Autoridad Palestina en 1994. También le permite mantener sus extensas redes de clientelismo, basadas en una contratación descontrolada en el sector público.

No menos importante resulta el deseo de la vieja guardia de conservar su monopolio de la toma de decisiones en el proceso de paz. No se trata sólo de mantener un enfoque pragmático basado en la hoja de ruta para la paz del cuarteto internacional, aparentemente contrario a la estrategia de Hamas de respaldar la diplomacia con medios militares.

De hecho, Hamas comunicó su disposición a cesar la violencia y ofrecer garantías de seguridad si se le permite formar parte del gobierno y es aceptado como interlocutor válido por Israel y por la comunidad internacional.

La vieja guardia ve su monopolio como la clave para seguir teniendo acceso a la ingente ayuda internacional
que cree que puede esgrimir como acicate para arrebatarle votantes a Hamas, y para permitir que las rentas públicas locales se gasten en sus redes de clientelismo a través de una contratación pública. Mientras que en los primeros seis meses tras la muerte de Yasser Arafat optó por resistirse pasivamente a las reformas, en los últimos tiempos la vieja guardia ha tomado la ofensiva en tres frentes diferentes. En primer lugar, se ha declarado abiertamente contraria a las voces de la nueva guardia que vienen pidiendo desde hace tiempo la democratización de Al Fatah y que convocaron su primer congreso general en 16 años para conducir unas primarias internas con las que seleccionar a sus candidatos para las próximas elecciones generales.

El
Comité Central y el Consejo Revolucionario de Al Fatah, ambos órganos atrofiados y dominados por envejecidos intrusos de la OLP que regresaron con Arafat del exilio después de 1993, aplazaron ese congreso general, que en un principio estaba programado para principios de agosto, hasta abril de 2006 o más adelante aún, de modo que consiguieron imposibilitar las primarias.

La nueva guardia, que consiste en delegados locales y activistas de la intifada de Cisjordania y Gaza, se lo tomó como una declaración de guerra. En respuesta,
amenaza ahora con presentara las elecciones generales una lista propiade candidatos, y es muy probable que obtenga-buenos resultados gracias al liderazgo del popular Marwan Barguti, que se encuentra ahora en una cárcel israelí acusado en relación con la violencia de la intifada.

Por su parte, la vieja guardia pretende dividir a la oposición ofreciendo flamantes cargos gubernamentales a destacados disidentes y parlamentarios. De cualquier manera, Al Fatah sufrirá una perjudicial división que beneficiará a Hamas en las elecciones.

En segundo lugar, la vieja guardia hizo pública a principios de julio su intención de retrasar las elecciones generales hasta enero de 2006, después de que Hamas obtuviera muy buenos resultados en las elecciones municipales que se celebraron este año. Con esto se desoía por completo la promesa que Abbas había hecho a Hamas de celebrar las elecciones a mediados de julio, a cambio de lo cual la organización había accedido a detener los ataques contra Israel. Como era de esperar, Hamas respondió reanudando los ataques con misiles y morteros en los asentamientos israelíes de la zona de Gaza.

Evidentemente,
la vieja guardia teme que, a pesar de haber conseguido más tiempo para prepararse para las elecciones, Hamas pueda ganarlas. Por ello, hace unos días abrió un nuevo frente al intentar forzar una importante enmienda constitucional en el Parlamento. Esta pondría en manos del presidente poderes legislativos clave, el control de los servicios de seguridad y la autoridad para dirigir la política exterior y firmar acuerdos de paz. Con ello, aunque Hamas lograra una mayoría en el Parlamento o entrara en el gabinete ministerial, no tendría ningún poder.
También los candidatos de la nueva guardia de Al Fatah que resultaran elegidos para un cargo quedarían marginados.

Por suerte, hubo suficientes parlamentarios de Al Fatah que se opusieron a la enmienda propuesta y la frustraron, pese a haber sido tentados con ofertas de puestos ministeriales. Sin embargo, la competición no ha terminado ni mucho menos aún: si la retirada israelí de Gaza desencadena una disputa generalizada entre Hamas, Al Fatah y las fuerzas de seguridad de la Autoridad Palestina, la vieja guardia utilizará la crisis para afianzarse en su puesto.

En las próximas semanas, Abbas debe dejar de lado su indecisión y enfrentarse a la vieja guardia sin ambigüedades. Hasta ahora, al echarse atrás en cuanto a la celebración de las primarias de Al Fatah según lo programado en un principio, ha envalentonado a la vieja guardia, que intentará sacar adelante políticas destructivas, incluso suicidas, mientras que al mismo tiempo ha distanciado tanto a Hamas como a la nueva guardia de Al Fatah. El gobierno israelí, además, lo ha debilitado políticamente al faltar a sus promesas de relajar el asedio económico y liberar a prisioneros palestinos, así como al retrasar la coordinación de su retirada de Gaza.
Presintiendo la debilidad de Abbas y más que consciente de la decrepitud de la Autoridad Palestina, Hamas se está preparando para precipitar la desaparición de la Autoridad Palestina y constituir su propia administración de manos limpias.

Se hace necesaria una contundente intercesión política por parte de Estados Unidos y la Unión Europea, respaldada por la amenaza de restricciones en futuras ayudas
, para fortalecer la resolución de Abbas y al mismo tiempo hacer patente el coste de las políticas de la vieja guardia. Estados Unidos y la Unión Europea deben reforzar paralelamente la credibilidad de Abbas insistiendo en que el gobierno de Israel cumpla con sus obligaciones más urgentes.

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