26 de junio 2007 - 00:00

Temor en Brasil por colisión de aviones

San Pablo (EFE, ANSA) - Justo cuando el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva aseguraba haber comenzado a poner bajo control el caótico tránsito aéreo en Brasil, tras dar más poder a los militares en su control, noticias sobre el choque de dos aparatos en pista provocaron renovados temores y dudas.

Dos aviones comerciales, uno de ellos con 128 personas a bordo y el otro con un número no determinado de ocupantes, chocaron el domingo a las 23.30 en el aeropuerto de Congonhas, en San Pablo. Pese a que no provocó víctimas, el incidente causó pánico entre los pasajeros.

Las aeronaves, de las compañías brasileñas TAM y GOL, que realizaban vuelos comerciales, golpearon la punta de sus alas al encontrarse en una curva cuando se disponían a despegar, declararon pasajeros a la televisión brasileña. El accidente, cuyas causas no han sido establecidas, provocó la cancelación de ambos vuelos, la redistribución de pasajeros y una nueva congestión en el tráfico aéreo.

En tanto, Lula da Silva salió ayer a respaldar nuevamente al comandante de la aeronáutica, brigadier Juniti Saito, defensor de la militarización de los aeropuertos, rechazada por los controladores aéreos.

El plan de emergencia implantado el fin de semana, tras la separación de 14 controladores y el arresto de otros dos en presunta huelga de brazos caídos, ordenado por Saito, permitió la normalización de los aeropuertos, informó la Fuerza Aérea Brasileña (FAB).

  • Detonante

    Lula da Silva dijo ayer que el Comando de la Aeronáutica está autorizado a adoptar las medidas necesarias para poner «orden en la casa». «Que se haga lo que se deba hacer, precisamos mantener el buen funcionamiento de los aeropuertos», indicó.

    La crisis aérea tuvo su detonante en el accidente entre un jet privado de propiedad estadounidense y un Boeing de la empresa Gol, que dejó 154 muertos el 29 de setiembre pasado en una región amazónica del estado de Mato Grosso.

    La primera medida de fuerza de los controladores, que responsabilizan de la catástrofe al equipamiento obsoleto, fue en noviembre cuando los pasajeros vivieron por primera vez un «apagón aéreo», nombre con que los partidos de oposición bautizaron la crisis.

    En aquella oportunidad el ministro de Defensa, Waldir Pires, abrió un canal de negociación con los inconformes y sugirió crear una comisión para analizar una desmilitarización parcial de los aeropuertos. El presidente Lula avalaba la idea de pasar los aeropuertos a la órbita civil.

    El segundo paro, y más importante, fue en marzo de este año cuando Lula, de visita en Estados Unidos, ordenó un acuerdo con los controladores, lo que originó la disconformidad del nuevo jefe de la FAB, Juniti Saito.

    La posición del presidente dio un giro la semana pasada, durante la tercera crisis que causó demoras en 35% de los 1.700 vuelos que se realizan diariamente en Brasil.

    El mandatario trajo al ruedo su pasado como líder metalúrgico para cuestionar a los operadores en rebeldía, a quienes adjudicó hacer « terrorismo»: «Yo hice muchas huelgas en mi vida y yo percibo cuando hay mala fe, cuando hay mala voluntad». Una cosa es paralizar una empresa en busca de reivindicaciones salariales y otra parar sin tener en cuenta que la «víctima es el ser humano», advirtió. Los sindicatos y asociaciones de controladores, que además de pedir aumento salarial y mejores condiciones de trabajo exigen el traspaso a la órbita civil de los aeropuertos, se vio deteriorada con la nueva posición presidencial.
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