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Hoy, un grupo de chinos hans atacó a uigures pese al imponente dispositivo de seguridad.
Decenas de miles de miembros de las fuerzas del orden chinas formaron un cordón de seguridad entre los barrios de los uigures musulmanes y de los hanes en esta ciudad.
Al menos 156 personas murieron y casi 900 resultaron heridas en los choques del domingo, que comenzaron con una marcha de uigures para pedir justicia por dos jóvenes muertos tiempo atrás por compañeros de trabajo han. Personalidades uigures en el exilio denunciaron una "represión brutal" de la marcha por la policía.
China acusó a los uigures en el exilio de fogonear la crisis.
Ayer, grupos dispersos de uigures y han, munidos de palos, cadenas y cuchillos de carnicero, recorrieron las calles y golpearon a transeúntes, y la policía debió dispersar a los más revoltosos con gases lacrimógenos.
El gobierno local dijo que más de 1.000 personas fueron detenidas desde que comenzaron los disturbios, considerados los más graves en China desde la masacre de activistas pro-democráticos en la plaza de Tiananmen, en 1989.
Los uigures -que hablan una lengua túrquica- son mayoría en Xinjiang, pero dejaron de serlo en Urumqi en los últimos años, ante la llegada de decenas de miles de chinos han a esta región rica en petróleo y minerales y de rápido desarrollo.
Muchos uigures dicen que los han quieren desplazarlos, y muchos han dicen que los uigures son atrasados y desagradecidos con todo el crecimiento económico y modernización regional.
Los han también afirman que la religión de los uigures -una forma moderada de islam sunnita- les impide integrarse a la sociedad china, que es oficialmente comunista y mayoritariamente secular.



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