4 de abril 2003 - 00:00

TV recupera rating por prisionera liberada

La simple y conmovedora historia de una joven prisionera liberada por tropas norteamericanas logró recuperar la atención del gran público hacia la TV, luego de que una semana de noticias poco alentadoras y sombríos presagios hicieran declinar los ratings y obligaran a las grandes cadenas a modificar ciento ochenta grados la cobertura de la guerra en Irak.

El rescate de la adolescente Jessica Lynch de un hospital en Irak se convirtió desde hace un par de días en la principal noticia de la televisión, desplazando los acontecimientos bélicos a un segundo plano. El viejo truco de ponerle nombre y apellido a una anécdota de guerra funcionó, esta vez, con la abierta colaboración del Pentágono, que prácticamente pergeñó la producción periodística del rescate, filmándolo y fotografiándolo, liberando luego las imágenes con cuentagotas para despertar y luego mantener la curiosidad de los televidentes. Y no sólo la TV se quedó con la anécdota, también la radio y los diarios se hicieron amplio eco de la noticia, en todos los casos, con amplios espacios dedicados a llevar al público el testimonio agradecido de padres y amigos de Jessica, tal como era amorosamente presentada por los periodistas. La operación de rescate fue presentada por el Pentágono con bombos y platillos el martes por la noche, con la deliberada intención de llevar a los hogares norteamericanos una fábula que siempre amó este país: la historia heroica de un soldado, bañada de coraje, desventuras increíbles y final feliz. Películas como «Rescatando al soldado Ryan» apenas difieren del argumento que le tejió la vida a Jessica Lynch. El efecto positivo en la opinión pública no pudo ser más alentador, porque la noticia se montó sobre una nueva ola de optimismo en torno a un final inminente y victorioso para las tropas de los Estados Unidos. La increíble aventura de la soldado Lynch pasó a convertirse en un símbolo de la voluntad de triunfar contra todas las adversidades, ocultando lo que algunos aguafiestas se encargaron de recordar: de los once prisioneros que las tropas de elite intentaron rescatar, sólo sobrevivió uno. En la última semana, los canales de televisión abierta de los Estados Unidos redujeron la cobertura de la guerra en Irak a los habituales espacios noticiosos, y eliminaron o relegaron a horarios nocturnos los programas especiales dedicados a seguir las acciones militares. Pero el inicio de la cobertura no pudo ser más arrollador; prácticamente todos los canales levantaron su programación habitual para transmitir en vivo pasajes de la guerra y seguir paso a paso todas las noticias. Incluso los canales de TV dedicaban su espacio del pronóstico del tiempo para revisar las condiciones climáticas en Irak. Todo esto duró apenas diez días. Después, la falta de buenas nuevas, el cansancio de los espectadores por la monotonía de las imágenes, los despistados comentarios de muchos analistas y la escasa repercusión publicitaria de la programación obligaron a las grandes cadenas -NBC, CBS, Fox, ABC-a reducir la marcha forzada de los batallones de periodistas, dedicados full time a cubrir todos los planos de los acontecimientos bélicos. Pero Jessica Lynch no es el único as bajo la manga del gobierno: «Una guerra de esta naturaleza se libra en dos frentes, el militar y el de la información. Con Vietnam aprendimos que mantener en alto la moral pública es clave para la victoria. Vietnam se perdió antes en el frente interno que en el campo de batalla. No repetiremos el error», comentó uno de los asesores del Pentágono en un canal de TV, en una clara promesa de que habrá más de estas historias.

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