17 de enero 2002 - 00:00

Un conflicto que colmó ya la paciencia de Bush

Vicente del Caguán - La campaña antiterrorista que lanzó Estados Unidos tras los atentados del 11 de setiembre está teniendo una notable influencia en el proceso colombiano de paz. La cruzada internacional contra los radicales de la violencia, aunque concentrada en una primera etapa en Afganistán, cambió la visión sobre el caso colombiano: se agotó la tolerancia ante el diálogo infructuoso con un grupo rebelde que EE.UU. considera terrorista. Por ello, la ofensiva de Washington parece apuntar ahora hacia las FARC.

Los analistas colombianos señalan que en las últimas semanas la administración Bush presionó al gobierno de Andrés Pastrana para endurecer su posición con las FARC. Pero también el pueblo colombiano exigía resultados a la negociación. Ante la arrogancia de la guerrilla, que insistía en los secuestros, extorsiones, atentados y destrucción de pueblos, cada vez eran más los que pedían un giro en el proceso.

Por su parte, el ejército insistía para que no se hicieran más concesiones a las FARC, coin-cidiendo con la llegada del material militar -en especial, 64 helicópteros artillados-, prometido en el Plan Colombia que promueve e impulsa EE.UU. en una aparente lucha contra la droga que, en realidad, parece ir dirigida contra la guerrilla. Washington, que financia con 1.300 millones de dólares el Plan Colombia, sostiene que apoya cualquier decisión que Pastrana adopte en el proceso de paz.

Espina

«Para Washington, la existencia de la zona en poder de las FARC era como una espina en la garganta», dijo Antonio Navarro Wolf, congresista independiente y antiguo jefe de la extinguida guerrilla M-19. Según Navarro, «tras el 11 de setiembre, las decisiones mundiales están bajo la influencia de los estadounidenses».

Antes del acuerdo del Caguán, Carlos Lozano, director del semanario comunista «Voz», acusó a Pastrana de «arriar la bandera de la paz y entregar la diana de la guerra a EE.UU. y a los altos mandos militares colombianos, enemigos declarados del proceso de paz». A la postre, la presión de Washington logró, con el endurecimiento de la postura de Pastrana, que las FARC cedieran parte de su intolerancia y aceptaran negociar sobre bases firmes.

Tras el rápido final de la guerra de Afganistán, algunos colombianos abrigaban la esperanza de ganar con rapidez la guerra contra las FARC. Sin embargo, este conflicto lo tienen que librar los colombianos y no los marines. EE.UU. puede enviar aviones, helicópteros, asesores, pero no comprometerá a sus soldados contra la guerrilla. Colombia podría tener más paralelismos con Vietnam que con Afganistán.

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