Un experto informático, el otro condenado por el escándalo "Vatileaks"
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Además de Gabriele, testificó en el juicio el prelado Monseñor Carlo Maria Polvani, responsable de la oficina de información de la secretaría de Estado, y superior jerárquico del técnico informático.
Al igual que el abogado Gianluca Benedetti, Polvani mostró su estupor cuando se comunicó la sentencia.
"Juro por mi bautismo y mi sacerdocio que nunca sustraje ni transferí expedientes protegidos por el secreto", dijo Polvani. "Ver las estupideces que circulan, diciendo que podría formar parte de los revoltosos o hasta que sería admirador de Che Guevara, me deja estupefacto. Espero que prevalgan la verdad y el perdón", agregó.
Polvani recalcó que en la oficina que dirigía había un gran corredor por donde pasaba mucha gente. También había una impresora y los sellos del servicio, que cualquiera podía tomar.
El proceso al técnico informático se había iniciado el lunes pasado ante el tribunal del Vaticano, presidido por el juez Giuseppe Dalla Torre, que también presidió el juicio de Gabriele, en presencia de diez periodistas.
Empleado desde hace 20 años en la secretaría de Estado del Vaticano, Claudio Sciarpelletti, "analista programador", se encargaba del mantenimiento de todos los ordenadores de los trabajadores de la Santa Sede.
El juicio al mayordomo del Papa el mes pasado dejó más interrogantes que respuestas sobre el llamado "Vatileaks" que, según los analistas, no se puede todavía dar por concluido.
El viernes, la prensa italiana indicó que el papa Benedicto XVI perdonó a su exmayordomo, al enviarle un ejemplar de la Biblia con su bendición, pero aún no lo ha indultado.
Conocido como "Paoletto", el ex mayordomo del Papa trabajaba en el apartamento papal desde 2006, formaba parte de la llamada "Familia pontificia" y era considerado como un hijo por Benedicto XVI, quien podría decidir indultarlo, tras su condena a un año y medio de cárcel en octubre.
El juicio de Gabriele puso al descubierto un ambiente de descontento y frustración en el círculo cercano al Papa, y no disipó la sospecha de algunos observadores de que detrás del caso se estaba organizando un complot contra algunos sectores de las jerarquías eclesiásticas.




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