15 de octubre 2003 - 00:00

Un gobierno con estrecho margen

La Paz - El presidente de Bolivia, Gonzalo Sánchez de Lozada, jaqueado por una aguda crisis política y social, podría optar por ganar tiempo y convocar a un referéndum sobre el conflicto del gas que precipitó la revuelta, pero cuenta con escasos aliados políticos para subsistir en el poder, opinaron analistas.

La rebelión popular «ha llegado a tal nivel de radicalidad que es difícil que acepte la continuidad de Sánchez de Lozada», señaló Alvaro García, analista de la Universidad Católica.

La rebeldía popular generalizada contra el presidente y la política liberal que él mismo ayudó a instaurar en 1985 desde su puesto de ministro del extinto presidente Víctor Paz, deja al mandatario un estrecho margen de maniobra.

Una anterior señal de apertura, en la que el presidente se comprometió a no exportar gas hasta el 31 de diciembre mientras se consulta a la población, no fue acogida por los sectores populares, que la consideraron insuficiente.

• Exigencias

Los sindicatos e instituciones civiles exigen la modificación de la ley de hidrocarburos, afirmando que favorece a las empresas petroleras y que de exportarse gas a Estados Unidos y México, en las actuales circunstancias, Bolivia sólo percibiría 18% de los ingresos.

Una mayoría de bolivianos se opone también a que el gobierno elija un puerto chileno para la instalación de una planta de Gas Natural Licuado (LNG), porque Bolivia fue despojado de su acceso al Pacífico en una guerra contra Chile en 1879.

El canciller Carlos Saavedra aseguró que el mandatario recibió importantes señales de solidaridad de países extranjeros y organismos internacionales. Como un efecto inmediato de la crisis, que podría zanjarse eventualmente con el llamado a un referéndum -mecanismo no previsto en la constitución política-, el mandatario ve peligrar la mayoría parlamentaria, vital para la aprobación de leyes e iniciativas del Poder Ejecutivo.

• Distancia

Su vicepresidente, Carlos Mesa, lo puso en situación desventajosa al marcar distancia de las decisiones del gobierno, inconforme por el violento manejo de la crisis social que en menos de un mes arrojó un saldo de 70 muertos. Sánchez de Lozada afronta además una crisis ministerial con la renuncia de cuatro de sus quince ministros.

El otro gran aliado del gobierno, el Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR), del ex presidente socialdemócrata Jaime Paz Zamora, mantiene por ahora formalmente el apoyo a Sánchez de Lozada, aunque algunos de sus dirigentes manifestaron públicamente sus reservas frente a ese respaldo.

Las fuerzas armadas, principal ficha y sustento con que cuenta el mandatario en este complicado escenario, mantuvieron su respaldo, pero el general Roberto Claros, comandante de la institución castrense, precisó que «no es un apoyo al presidente como persona, como tal. Es un mandato constitucional el que cumple las fuerzas armadas».

Un panorama que, en definitiva, sólo muestra la difícil situación del gobierno boliviano.

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