23 de octubre 2002 - 00:00

¿Un lunático con ansias de poder?

Washington (AFP) - El asesino de Washington es alguien con «sed de poder» más que un francotirador experimentado, coincidieron en señalar ayer los criminólogos que tratan de descifrar la personalidad del atacante para poder establecer sus puntos débiles.

«Es un ser perturbado que cree que tiene el poder de la vida y la muerte en sus dedos», opinó Charles Bahn, profesor de psicología legal del John Jay College en Nueva York. «A lo mejor soñó con ser considerado alguna vez un tirador de élite», agregó.

El asesino emplea balas de calibre .5,56 mm, que pueden ser disparadas a gran distancia con un fusil. Este tipo de armas y municiones son fáciles de comprar en los Estados Unidos y la precisión de la trayectoria de la bala no requiere de un talento particular, dicen los expertos.

• Escenarios

El sentido práctico del tirador lo ha hecho elegir, como escenario de sus crímenes, lugares cercanos a salidas de carreteras, lo que le permite aprovechar los minutos de estupor de los testigos para escapar sin ser visto. Estas circunstancias llevan a Arnett Gaston, profesor de psicología de la Universidad de Maryland, a considerar que esta persona «tiene más suerte que talento». «No se necesita una mente brillante para elegir víctimas al azar», destaca, aunque precisa que sólo un interrogatorio podría permitir determinar si los ataques se realizan en base a un plan.

«Cuando sea examinado por los psicólogos y psiquiatras, tal vez se descubra que tiene un problema de personalidad o que actúa bajo el efecto de una psicosis», estima Gaston.

«Trata de probar que él es el que manda, que es el superior, tiene tendencia a burlar a la policía y dar la impresión que puede actuar en relativa impunidad», destacó el experto. Sin embargo
su ego no puede sentirse verdaderamente halagado si nadie sabe quién es, lo que lo habría empujado a hablar con la policía, aun bajo el riesgo de ser descubierto. «Esta es otra expresión de su nivel de poder», dice.

• «Desconectado»

A juzgar por los otros casos de asesinatos en serie del pasado, Gaston cree que el atacante buscará afirmar cada vez más su dominio porque «el poder es como una droga» y se requieren dosis cada vez mayores.

Para Bahn, es probable que estos hechos traduzcan un malestar, que el asesino haya sufrido «decepciones», en su vida familiar, amorosa, o tal vez una mala experiencia militar. Acaso entonces se «desconectó» y decidió recuperarse solo.

Sin especular sobre sus motivaciones, los expertos están de acuerdo en un punto: el franco-tirador quiere probar su poderío, tal como lo demuestra la siguiente frase: «Señor policía: soy Dios», hallada en una carta de tarot en uno de los lugares del crimen.

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