Un minucioso ritual de elección
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El cardenal que presidirá la ceremonia les recordará a los electores que están allí para elegir al sumo pontífice, y éstos cantarán "Veni Creator Spiritus" para pedir la ayuda del Espíritu Santo.
Después se producirá el juramento de los cardenales, que colocarán sus manos sobre el Evangelio, situado en un atril debajo de la famosa "Creación" de Miguel Angel.
Cada uno jurará respectar la Constitución Apostólica y cumplir con la misión de la Iglesia Universal en caso de ser elegido sumo pontífice, y se comprometerá a guardar en secreto todo lo que respecta a la votación, incluso cuando finalice el cónclave.
Cuando el último de los electores haya prestado juramento, el Maestro de Ceremonias Litúrgicas Pontificias dirá "Extra Omnes" (hombres fuera) y todos lo que no participan en el cónclave saldrán de la Capilla Sixtina y se cerrarán las puertas.
En medio de un gran hermetismo (la palabra `cónclave` significa `con o bajo llave`), comienza la elección, que puede durar horas, días o semanas. Se necesita una mayoría de dos tercios, en este momento 77 votos de los 115 electores, para ser elegido papa.
No hay ningún candidato oficial, por lo que cada cardenal deberá escribe en una papel el nombre de aquel que cree que debería salir elegido "según la voluntad de Dios". Votación tras votación se va perfilando el favorito.
El primer día del cónclave sólo hay una ronda electoral, que tendrán lugar sobre las 18.50, y tras el primer escrutinio, que según recordó este lunes el portavoz vaticano Federico Lombardi, suele ser "negativo", se producirá la primera "fumata".
Si no hay elegido, los votos se quemarán con pez y el humo será color negro, mientras que de lo contrario se mezclará con paja húmeda y será blanco.
En las siguientes jornadas habrá cuatro votaciones diarias, y si no hay elegido y la votación se prolonga varios días, habrá una jornada de reflexión tras la cual el papa se puede elegir por mayoría absoluta.
Si uno de los cardenales presentes -en teoría puede ser elegido papa alguien que no esté allí- consigue el apoyo necesario, el cardenal decano se dirige a él para preguntarle si acepta el cargo y con qué nombre quiere gobernar.
Los cardenales le juran obediencia, se reza una oración de acción de gracias y el llamado "cardenal protodiácono" presenta al nuevo papa en la Plaza de San Pedro con la fórmula "Habemus Papam". El nuevo pontífice se presenta después ante la multitud de fieles para impartir su primera bendición "Urbi et Orbe" ("a la ciudad de Roma y el mundo").




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