Un populista generador de votos y de enemigos
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Su retórica nacionalista sobre los recursos naturales, sus incipientes controles sobre la economía y su constante amenaza de no pagar la deuda externa le han granjeado un buen caudal de votos, al tiempo que han atemorizado a los inversores por el posible alcance de sus reformas socialistas.
«La vida antes que la deuda», es otra de sus más repetidas consignas, dejando claro que preferirá no pagar a los inversores antes que frenar sus ambiciosos programas sociales, financiados gracias a la renta petrolera y elemento clave para su alto respaldo entre los sectores más pobres del país.
Correa ha visto de cerca el dramático efecto devastador de las recurrentes crisis económicas que forzaron la emigración de millones de ecuatorianos cuando pasó un año como misionero en la población indígena de Zumbahua, una experiencia que marcó su vida y su sensibilidad social ante la inequidad del país.
Nacido en el seno de una familia de clase media baja, su adolescencia estuvo marcada por la detención de su padre por tráfico de drogas en Estados Unidos y la muerte de una de sus hermanas, que lo hicieron un joven tímido cuya aspiración era ser sacerdote pese a su confeso éxito con las mujeres.
Pero, su paso por universidades en Estados Unidos y Europa lo transformó en un brillante académico de izquierda,aunque también en un político obstinado y convencido de que siempre tiene la razón, según aseguran tanto aliados como opositores. «Lo que mejor define a Correa es que es un justiciero», afirmó uno de sus ex ministros, señalando que en su ansia por cambiar las cosas corre el riesgo de caer en el autoritarismo, como lo acusan sus detractores.
Correa ha construido su popularidad alimentado por el «terror al pasado» de una ciudadanía que agradece su lenguaje llano y sus recorridos con el gabinete de gobierno desde las remotas regiones amazónicas a los olvidados pueblos andinos donde ningún otro presidente había pisado en años.
«La patria está preñada de esperanza y nada ni nadie nos podrá detener», aseguró el político, que fue ex ministro de Economía por un breve lapso en 2005, en un reciente mitin. Sin embargo, analistas creen que las altas expectativas que ha despertado en los sectores excluidos de la sociedad podrían suponer un riesgo para su estabilidad y aceptación si fracasa en cumplir con las numerosas promesas que ha hecho a un país acostumbrado a ver caer presidentes con inusitada facilidad.



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