10 de septiembre 2002 - 00:00

Un revés para Latinoamérica

Nueva York - El shock de los atentados del 11 de setiembre contra Nueva York y Washington, más sorpresivo que el ataque de Pearl Harbor con el que Estados Unidos entró a la Segunda Guerra Mundial, también fue un duro revés para América latina, que pasó del primero al último lugar de la agenda de la Administración Bush.

Desde su asunción, el presidente George Bush mejoró las ya óptimas relaciones comerciales con sus estrechos socios comerciales en el Tratado de Libre Comercio para Norte América (NAFTA) y en especial con México, con cuyo mandatario, Vicente Fox, tuvo el primer encuentro presidencial de su mandato.

Se esperaba que Estados Unidos superara definitivamente con México numerosas asuntos pendientes, como la concesión definitiva del permiso de tránsito para los camiones mexicanos en las rutas norteamericanas, según lo prevé el NAFTA. Además, un acuerdo de permanencia transitoria para millones de mexicanos que residen ilegalmente en Estados Unidos, quizás el principal tema de la agenda de ambos líderes.

Y en tercer término, un trato más humano para las decenas de miles de inmigrantes que cada año cruzan la frontera sur de Estados Unidos, en busca de trabajo y mejores condiciones de vida, y muchos de ellos terminan baleados por las Patrullas de Frontera o abandonados en zonas desérticas, a merced del frío o del excesivo calor.

•Desaire

Por ello, no sorprendió el revés sufrido por el presidente Bush, cuando su colega Fox canceló un par de días antes una visita de Estado al rancho personal en Texas del jefe de la Casa Blanca, como consecuencia de la ejecución de un mexicano al que se le habían negado garantías consulares.

Pero el capítulo comercial y económico de Estados Unidos con la región es, para los analistas económicos, el más afectado
.

Desde el fin de la Guerra Fría hasta el 11 de setiembre de 2001, la política exterior de Estados Unidos fue orientada casi exclusivamente hacia el comercio y los negocios. La meta fue la apertura de las fronteras hacia el libre flujo de personas, mercancías y capitales, para el beneficio de las corporaciones estadounidenses y la subyacente economía, y el ejemplo más patente lo constituyó, precisamente, el NAFTA. Inclusive en la cumbre de las Américas de Canadá, en abril de 2001, se echaron los fundamentos para la formalización de la proyectada Area de Libre Comercio para las Américas, que se propuso en la precedente Cumbre de Miami, en 1994.

•Transformación

Pero el 11 de setiembre los atentados que dejaron más de 3.000 muertos en Nueva York, Washington y Pennsylvania, transformaron esa política. Para analistas bancarios, quizás el primero que sintió el nuevo curso económico de la Administración hacia la región fue la Argentina, a la que en octubre le envían la primera señal de que no iba a recibir un nuevo y decisivo rescate a través del Fondo Monetario Internacional (FMI). Un mes y medio después, el gobierno de Buenos Aires se desplomó y cesó el pago de su pesada deuda de 145.000 millones de dólares. Y las ayudas y asistencias financieras tardías también envolvieron a países como Uruguay y Brasil, el cual, éste, accedió a un fuerte rescate financiero de 30.000 millones de dólares, sólo cuando el nerviosismo por la turbulencia llegó a afectar a México.

Hace dos meses, el Congreso concedió finalmente el «fast track», la vía rápida, para que la Administración Bush negocie acuerdos de libre comercio con sus socios de América latina, pero el nuevo curso y la crisis de confianza sobre el liderazgo de Estados Unidos abrieron una gran brecha que sólo el tiempo y las políticas dirán cuándo y cómo se puede achicar.

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