14 de febrero 2008 - 00:00

"Unidad sellada"

Como en lasdictaduras másrancias, losnúmerosreales dePDVSA son unsecreto deEstado. Quienquiera conocerla realidad decómo administrael gobiernochavista esaformidablecantidad derecursos chocacon una pared;por eso llamana PDVSA«unidadsellada».
Como en las dictaduras más rancias, los números reales de PDVSA son un secreto de Estado. Quien quiera conocer la realidad de cómo administra el gobierno chavista esa formidable cantidad de recursos choca con una pared; por eso llaman a PDVSA «unidad sellada».
Caracas - A PDVSA la llaman «unidad sellada». No sólo por lo hermético de sus números. También porque nadie de adentro quiere hablar con la prensa. Y porque sus voceros, si alguna vez llegan a pronunciar palabra prohíben que se dé a conocer sus nombres. La misma práctica, salvando las distancias, que los portavoces del Foreign Office, que son innombrables, pero con la diferencia que sí se animan a hablar.

La más infranqueable de las unidades selladas de PDVSA es sin duda, su sede central. Una mole maciza que domina la Avenida Libertador de Caracas y que imponente, se asemeja a un edificio de la Moscú roja, anterior a 1989.

El hall central de PDVSA, inmenso -supera la manzana-está siempre lleno. No de gente, sino de carteles, solicitadas, propaganda. La publicidad no es específica sobre petróleo sino de todas aquellas variables que no son petroleras: PDVAL Soberanía Alimentaria, PDVSA Agrícola, PDVSA Ingeniería y Construcción, Pervalitos (para niños), «PDVSA ahora con los colores patrios...». Todo es impreciso, informe, despersonalizado. Gris, seguramente estaban pintadas de gris o de un blanco viejo.

Poca gente, no llegan a diez los que andan, como yo, con los pasos perdidos. De pronto pasa un «franela roja», un joven acólito del chavismo, vestido con una de esas remeras Pro-Chávez. Le pregunta si trabaja allí. Contesta con otra pregunta: si acaso es que tiene cita o audiencia con alguien de PDVSA. «Vine a ver», es la respuesta. «Pues entonces no se puede estar aquí», replica. «¿No es una oficina pública?». «No, esto es propiedad del Estado». Una pausa y agrega: «Bolivariano». Y acompaña a la visitante, por las dudas, hasta la salida, de enormes puertas, de la unidad sellada.

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