La Paz (enviado especial) - A las 18 de ayer, en el comando de campaña del Movimiento al Socialismo (MAS) sintonizaban todos los canales de televisión. Aparecían los datos. La encuesta a boca de urna que muestra mayor brecha indicaba 45% a 33% a favor de Evo Morales. Llantos, júbilo, abrazos. Es un resultado muy superior al que habían anticipado los sondeos.
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«Más, más, más, ya somos más, a someternos, nunca más.» El himno del partido de Evo Morales sonaba dentro y fuera de la sede de la calle Capitán Ravello de La Paz.
Las hojas de coca servían para calmar la ansiedad y contener la alegría de los masistas, todos con algún atuendo azul.
La candidata a diputada Eli Salguero manifestaba «mucha emoción porque el pueblo boliviano, a pesar de intentos de fraude, depuraciones y guerra sucia, ha triunfado». Esta militante se refería al nivel de «depurados» del padrón, nada menos que un millón de votantesque no pudo sufragar según estimaciones oficiales, dato que había encendido las alarmas en el partido de Evo.
Los porcentajes de la victoria, que luego se mostrarían aún mejores para el MAS, arrasaban con toda duda. Algunos periodistas extranjeros tampoco contenían la emoción. Judith, otra militante, cantaba otra estrofa de la canción partidaria: «Más, más, más, ya somos más, el Tata Inti (rey sol en aymara) alumbra más». «Hemos trabajado mucho pero valió la pena, Bolivia tiene el primer presidente indígena de Sudamérica», se enorgullecía. Este era el motivo principal de celebración para cada uno de los masistas consultados. A doscientos metros de allí, las remeras eran rojas y el silencio primaba. En el hotel Radisson, Poder Democrático y Social ( Podemos) había establecido su comando de campaña y no sólo eran otras las caras por el gesto, sino también por el color de piel. Allí hubo exclamaciones, pero de desazón, cuando la televisión, a las 20, con 35% de los votos escrutados, anunciaba que el MAS trepaba hasta casi 49%, a veinte puntos de su candidato, Jorge «Tuto» Quiroga.
El candidato electo a senador por la minoría de La Paz, Rafael Loayza, no se resignaba: «El balance es positivo, tenemos seis prefecturas ganadas, tenemos la mayoría en el Senado, por ahora lo que tenemos es resultado a boca de urna y conteo rápido. Hay que esperar a la Corte Electoral». Es comprensible. En la Argentina, Bolivia o el país que fuera, no hay político que pierda las elecciones que no aguarde hasta el último minuto para no reconocer la fuerza de los números.
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