Negocios

Cómo exportar: un salto cada vez más necesario para las empresas argentinas

La entrada en vigencia de la ley de Economía del Conocimiento podría provocar un boom en la exportación de servicios profesionales. ¿Cuál es el cuadro de situación de la Argentina en el corto plazo?.

Todavía hay muchas incógnitas alrededor de la Argentina que arrancará el 10 de diciembre, pero algo es claro: en un país endeudado, las exportaciones jugarán un factor clave en la economía de la próxima década. Muchas empresas ya dieron ese salto, pero muchas otras todavía dudan en lanzarse ante los desafíos que presenta la actualidad local y la serie de trabas burocráticas y complejidades propias de cada territorio en el que se quiere poner un pie.

“El punto de partido es un contexto de barreras, pero también de grandes oportunidades”, asegura Claudio Cirocco, managing director de TMF Group, empresa con sede en Holanda, presencia en Argentina desde 2005 y actividad en 80 países, que se ocupa de asesorar a las empresas en el cumplimiento de las normas y los aspectos regulatorios foráneos a la hora de exportar, con el fin de controlar los costos y mitigar los riesgos.

En el cuadro de situación de la Argentina a corto plazo, distinguió durante la exposición "Los beneficios y desafíos de la expansión de las empresas argentinas en el extranjero" los posibles obstáculos en el camino y una serie de puntos alentadores en los que confiar.

En contra: la incertidumbre por el cambio de gobierno, alta inflación, alto endeudamiento y riesgo de default, pobreza, estancamiento económico y consumo a la baja.

A favor: una probable inyección de dinero en el bolsillo de la gente mediante la emisión de dinero que podría reactivar algunos sectores de la economía, el siempre esperanzador yacimiento de Vaca Muerta como un imán para atraer dólares, y las variables de la economía relacionadas con las energías renovables.

Y sobre todo, lo que para Cirocco es una de las grandes apuestas de la próxima década: la Ley de Economía del Conocimiento, que podría provocar un boom en la exportación de servicios profesionales. Con entrada en vigencia de la norma el 1 de enero de 2020 y hasta diciembre de 2029, “generaría 200 mil puestos de trabajo y la creación de nuevas compañías e industrias”. Según cálculos optimistas, aportaría u$s15.000 millones de exportaciones anuales para 2030.

La ley promueve actividades como la ingeniería nuclear, la nanotecnología, la industria audiovisual, espacial, los servicios geológicos, la ingeniería genética, el software y los servicios profesionales, proponiendo un marco de estabilidad fiscal y otorgando beneficios en las contribuciones patronales, el impuesto a las Ganancias y la eximición del IVA, entre otros beneficios.

“Es una continuación, pero ampliada, de la Ley de Software qué creó más de 5.000 empresas, 100 mil puestos de trabajo y u$s2.000 millones en exportación de servicios”, se entusiasma. Que podría empalmarse además con el acuerdo del Mercosur con la Unión Europea, un bloque que consume u$s700.000 millones en servicios profesionales por año.

Qué tener en cuenta

El vicepresidente de Ventas Globales de la firma, Fernando Ordoñez, detalló en forma sintética lo que debe tener en cuenta cualquier empresa que tenga planeado expandirse:

  • Si es mejor abrir una nueva entidad o una sucursal.
  • Qué banco seleccionará para instalarse.
  • Las características de los contratos de trabajo.
  • El tiempo que tomará empezar las operaciones
  • Los niveles de auditoría exigibles.

Además deberá cerciorarse de los códigos tributarios, tener en cuenta las barreras culturales y de lenguaje, la compatibilidad en las normas financieras internacionales, cuál es el nivel de burocracia existente y cómo son las reglas de precios de transferencia, es decir, qué porcentaje de las ganancias deberán quedarse en el país a radicarse.

“Siempre es importante trabajar con el experto local para poder entender cómo es el negocio y qué implicancias tiene expandirse internacionalmente”, agregó.

Es vital tener en cuenta la complejidad de cada país, ya que mientras en algunos se tardan meses para poder operar, en otros, como Uruguay, puede lograrse en días. El índice elaborado por TMF muestra que a nivel mundial las naciones más complejas para operar son Grecia, Indonesia y Brasil (cada estado tiene sus propias regulaciones). En al ámbito regional, a Brasil lo siguen Bolivia y Perú. La Argentina se ubica en el puesto 18°, con iniciativas valiosas como el régimen de sociedades anónimas simplificadas, aunque se espera que el reciente endurecimiento de los controles de cambio empeore la evaluación.

El ránking, se explicó, no tiene la intención de sugerir o tachar destinos de inversión, sino más bien es una referencia para saber lo que espera, cuántos días tomará abrir una empresa, registrarla impositivamente, cuál es el riesgo de pagar multas, etc. De hecho, pese a todas las complejidades que presenta Brasil todos quieren operar allí por el excepcional tamaño de su mercado.

El panorama mundial invita a dar el salto, ya que la globalización tornó el marco regulatorio internacional más uniforme, el avance tecnológico está disminuyendo las dificultades para operar en distintas jurisdicciones y hoy en día muchos trámites se pueden hacer en formato digital. Pero falta un poco más de envión de nuestra parte, por ejemplo, respecto al crédito.

Para Cirocco es un tema clave: “La falta de financiamiento no es un tema menor, hay que tener en cuenta que tenemos una tasa carísima y a veces competimos con mercados donde la tasa es negativa, así es muy difícil”. De todos modos, la conclusión es positiva: “Ordenar la economía puede ser un trampolín. Hay acuerdo en que la Argentina sale con las exportaciones, porque el país estará necesitado de dólares”.

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