Ya hay que ponerse a pensar en el día después de la pandemia

Negocios

El desafío más importante que tenemos en nuestra responsabilidad como líderes es poder prepararnos para el día "después", y eso implica preguntarnos qué capacidades y habilidades organizacionales vamos a dejar instauradas en nuestra organización aprovechando la situación de crisis actual.

Nos encontramos en una situación de crisis muy particular, en rapidez e incertidumbre, que lo hace aún más dramática. Sin mencionar las fuertes connotaciones de contenido humano y social, el desconocimiento de su alance en duración y de su posible solución, llevan a potenciar sus consecuencias, derivadas del temor, el aislamiento obligatorio y la rapidez con la que suscitan los acontecimientos, provocan aún más incerteza y dudas en el panorama futuro.

Es un fenómeno del cuál no estábamos preparados. Con las nuevas tecnologías y la evolución de las capacidades empresariales, en los últimos años la humanidad ha venido trabajando para tratar de prevenir, o por lo menos mitigar, las consecuencias derivadas de crisis exógenas de tipo: económicas, sociales por desigualdad o segregación, fenómenos climatológicos severos, hasta incluso, por posibles actos bélicos y/o de atentados por actos terroristas. Lo que no se podía esperar es que un “bichito”, del tamaño de una millonésima parte de un milímetro, en pocos días nos cambie nuestra forma de vida con una intensidad tan grande, que se podría decir, aún superior a la que representó en su momento la caída de las torres gemelas.

Ante esta situación, creo que lo más importante en nuestra responsabilidad como líderes de influencia del equipo humano que conducimos o compartimos nuestras metas y propósitos grupales, es pensar en el “día después”. Siendo conocedores de la célebre frase: “Nada es permanente, excepto el cambio ”, esta crisis no escapa de la regla, y más tarde que temprano, muy probablemente tan rápido como vino, también se irá. Lo que no se irá tan rápidamente y quizás sea permanente, son los cambios en el comportamiento de hábitos de vida y de trabajo futuros.

Es por ello, que la invitación en este artículo, es que nos preparemos para el “día después”, ya que unos de los desafíos más importantes a nivel organizacional hoy, no es tanto las acciones que estamos tomando para poder apaliar o convivir en esta esta crisis, sino más bien, qué capacidades y habilidades organizacionales vamos a dejar instauradas en nuestra organización aprovechando la situación de crisis actual. En ese sentido, es que me gustaría compartir algunas reflexiones.

Primeramente, y más allá de las acciones de urgencia que estamos haciendo para poder dar continuidad a nuestras empresas, la invitación es aprovechar los espectaculares alcances y usos que nos brindan las nuevas tecnologías de comunicación virtual, promoviendo capacitaciones on line y fomentando las dinámicas grupales de uso a nivel organizacional, lo que permitirá mejorar un mayor entendimiento, alineación y coordinación entre pares, ahora y de cara al futuro.

Otro aspecto que me parece importante, es poder destinar un espacio de nuestro tiempo a temas que muchas veces se hacen inviable abordar en la vorágine del día a día, y es justamente pensar cómo cambiará la dinámica de nuestra empresa y el negocio después de la crisis, de tal manera de poder planificar y repensar nuestra propuesta de valor y estrategia de negocio para ser competitivos en forma diferencial en el nuevo orden de la economía futura.

Y esto naturalmente debería ser involucrando a un equipo directivo, para que, a través de las nuevas tecnologías de comunicación, se puedan generar sub-equipos de trabajo que eficienticen las propuestas de cambio en la polinización de aportes, y en el compromiso y alineación en su implementación.

Por último, un desafío de gran impacto que nos facilitan estas nuevas dinámicas de relacionamiento, es la de facilitar entornos accesibilidad y transparencia que efectivice el análisis grupal de cara a poder realizar un adecuado diagnóstico y las propuestas de cambio e innovación planteadas anteriormente. Esto implicará, de nuestra parte, definir la información relevante fiable, única y oportuna, así como los canales de comunicación efectivos, que permitan brindar mayor transparencia e involucración grupal, promoviendo espacios de mayor autonomía y libertad en nuestra gente.

De lo expuesto anteriormente, queda claro, que ante la nueva situación de crisis tan profunda e incierta como la actual, nuestro mayor desafío como líderes de influencia de nuestras organizaciones, es el poder desarrollar capacidades y habilidades organizacionales para adaptarse al nuevo orden de competitividad de la economía y en el mundo de los negocios el “día después”.

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