19 de septiembre 2026 - 22:00

El rey de los juguetes clásicos: la historia detrás del creador del Tiki-Taka y Miki-Moko

Fabricó algunos de los juguetes más conocidos del país y aprendió a moverse en un negocio donde un éxito podía durar años o apagarse en pocas semanas.

Durante décadas, estuvo detrás de juguetes que se volvieron clásicos en los recreos de todo el país.

Durante décadas, estuvo detrás de juguetes que se volvieron clásicos en los recreos de todo el país.

Santishek

Nicolás Ulivi pasó buena parte de su vida fabricando juguetes que aparecían de golpe en todos los recreos del país. El Tiki-Taka, el Yo-Yo, el Diábolo Bronco y el Miki-Moko fueron algunos de sus grandes éxitos, mientras otros productos llegaron a vender millones de unidades. Su apellido, además, ya tenía una historia particular dentro de la industria argentina.

Detrás de aquellos objetos había bastante más que una buena idea. El empresario tuvo que aprender a fabricar piezas casi a mano, encontrar la manera de mostrar sus productos en televisión y acostumbrarse a un mercado capaz de explotar durante unas semanas para después caerse sin aviso.

Después de décadas dedicado a los juguetes, Ulivi encontró en las golosinas una nueva etapa para su negocio.

Después de décadas dedicado a los juguetes, Ulivi encontró en las golosinas una nueva etapa para su negocio.

De la herencia de Plasticola a la ingeniería del juguete: la trayectoria de la familia Ulivi

La industria ya formaba parte de la familia Ulivi. Su padre había creado Plasticola y Nicolás también se formó dentro de ese mundo: estudió Ingeniería en Estados Unidos y, cuando regresó a la Argentina, comenzó a fabricar productos de limpieza.

El giro llegó en 1971 gracias a su hermano, que vivía en Estados Unidos. Le mandó un Clackers, un juguete que hacía furor en ese país y estaba formado por dos piezas unidas por una cuerda que chocaban entre sí. El empresario decidió probar suerte con una versión argentina.

Fabricarlo le llevó varios meses y bastante ingenio. No encontraba todos los materiales que necesitaba y tuvo que resolver buena parte del proceso por su cuenta hasta conseguir un modelo que funcionara bien.

Así nació el Tiki-Taka. Pero tener el juguete listo no alcanzaba: faltaba conseguir que los chicos lo conocieran.

La publicidad con Gaby, Fofó y Miliki, que desató la fiebre del Tiki-Taka

Ulivi consiguió que Gaby, Fofó y Miliki, uno de los grupos infantiles más populares de aquellos años, mostraran el Tiki-Taka en Canal 13. Para la aparición preparó durante semanas a un empleado de la fábrica, que aprendió distintos trucos para exhibirlo frente a cámara.

El efecto fue inmediato. Los pedidos se dispararon y durante unas seis semanas la fábrica trabajó a toda marcha para seguirle el ritmo a una moda que parecía no tener techo.

Hasta que llovió durante tres días y las ventas se frenaron. El empresario aprovechó ese descanso para fabricar todo lo que pudo, convencido de que los pedidos volverían cuando dejara de llover. Se equivocó: el furor había terminado prácticamente de un día para otro.

Aquella experiencia le enseñó cómo funcionaba un negocio que podía pasar del éxito al silencio en cuestión de semanas. Aun así, el Tiki-Taka regresaría otras veces y en 1996 volvió a convertirse en uno de sus grandes productos.

Ese mismo año también encontró un boom con el Yo-Yo, que vendió 1,5 millones de unidades en pocos meses. Ya no dependía únicamente de la televisión: también mandaba jugadores a parques y colegios para hacer trucos frente a los chicos.

Otros éxitos llegaron de maneras bastante menos previsibles. El Diábolo Bronco casi queda afuera porque le parecía demasiado complicado, hasta que durante unas vacaciones en Chile vio a chicos jugando con él por todas partes y cambió de opinión.

En 2001 apareció el Miki-Moko, uno de los juguetes más particulares de su catálogo: un pote verde con una masa pegajosa y un ojo flotando adentro, mucho antes de que el slime se volviera una moda. El producto se mantuvo cerca de dos años y también llegó a otros países de la región.

La historia volvió a repetirse con los muñecos de 100% Lucha. Ulivi vio la primera publicidad y pensó que no iban a funcionar demasiado. Dos días después regresó a la fábrica y se encontró con una avalancha de pedidos. La línea terminó superando 1,5 millones de unidades.

La reinvención de la fábrica: el salto del mercado del juguete a las golosinas

Después de unos 40 años entre juguetes, el empresario empezó a notar que el mercado había cambiado. La televisión infantil había perdido el peso que tenía décadas atrás y los chicos consumían entretenimiento de otra manera.

La empresa comenzó entonces a correrse de los juguetes y encontró un nuevo negocio en las golosinas. Con la marca Bluper, la fábrica de Haedo pasó a producir chicles, caramelos y productos como Rollo Loco o las Mamaderas con chicles de colores. La nueva etapa también sumó a sus hijos al negocio familiar.

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