Molfino Hermanos, la empresa detrás de La Paulina y actualmente controlada por el grupo peruano Gloria, quiere comprar dos de las tres plantas industriales de Lácteos Verónica, que atraviesa un concurso preventivo de acreedores. La compañía presentó una oferta por los establecimientos de Clason y Lehmann, en Santa Fe, con una propuesta que incluye reactivar la producción antes de concretar la adquisición. Sin embargo, una de esas fábricas ya tenía comprador: Verónica había acordado vender Clason por u$s9 millones a una sociedad constituida apenas ocho días antes de la firma del contrato.
Lácteos Verónica: los nuevos dueños de La Paulina quieren quedarse con dos de sus plantas
Molfino Hermanos presentó además un plan para reactivar las fábricas de Clason y Lehmann, pero no precisó cuánto pagaría por ellas. El juez rechazó tramitar su pedido dentro del concurso.
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Lácteos Verónica llegó al concurso preventivo con un pasivo de $118.496 millones (unos u$s80 millones) y, apenas semanas antes de recurrir a la Justicia, pactó vender dos de sus tres plantas.
La operación había sido revelada por Ámbito en septiembre, cuando este medio accedió a los contratos de compraventa de Clason y Suardi, pactados por un total de u$s15,5 millones. En el caso de Clason, la compradora es Lacterra S.A.S., que se comprometió a pagar los u$s9 millones en tres cuotas, con vencimientos a los 18, 30 y 42 meses. Ahora, la aparición de Molfino introduce otro interesado en la misma fábrica, aunque todavía no se conoce cuánto dinero está dispuesta a ofrecer.
La propuesta fue presentada ante la Justicia el 29 de octubre y tuvo una respuesta al día siguiente. El juez subrogante Horacio F. Robledo rechazó el pedido de Molfino para que su oferta fuera comunicada a los acreedores y trabajadores de Verónica, al considerar que ese planteo no correspondía dentro del trámite del concurso preventivo. Sin embargo, no se pronunció sobre la conveniencia de la adquisición ni descartó que pueda concretarse por otra vía.
La resolución también dejó un dato importante sobre las ventas que Verónica había negociado antes de concursarse. Según señaló el magistrado, la empresa todavía no había presentado una solicitud concreta para vender sus establecimientos industriales, pese a que los contratos con Lacterra y Copalac habían sido firmados el 2 de julio. El juez aclaró que, si Verónica decide avanzar con esas operaciones, deberá solicitar la autorización correspondiente y el juzgado evaluará su conveniencia.
Molfino, la láctea que compraron los peruanos de Gloria
Molfino Hermanos es una de las principales empresas lácteas de la Argentina, con casi 90 años de trayectoria y una fuerte presencia en el procesamiento y la exportación de productos derivados de la leche. La compañía comercializa marcas como La Paulina, Ricrem y Molfino, y cuenta con establecimientos industriales en Rafaela, Santa Fe, y Tío Pujio, Córdoba.
Su interés por las fábricas de Verónica se conoce pocos meses después de una de las mayores operaciones de compraventa del sector. El grupo peruano Gloria adquirió el 80% de Molfino Hermanos a la canadiense Saputo, que conservó el 20% restante. La transacción, valuada en aproximadamente u$s500 millones, incluyó las marcas y las instalaciones industriales de la compañía.
Con esa adquisición, Gloria amplió su presencia en el mercado argentino y pasó a controlar una empresa que se encuentra entre los mayores procesadores de leche del país. El conglomerado peruano tiene operaciones en distintos mercados de América Latina y una extensa trayectoria en la producción y comercialización de productos lácteos.
En el escrito presentado ante la Justicia, Molfino destaca el respaldo de sus accionistas como uno de los argumentos para sostener su propuesta. La compañía asegura que cuenta con la capacidad industrial, operativa y financiera necesaria para reactivar las plantas de Verónica y plantea que su interés responde a un proyecto productivo.
Qué ofrece Molfino por las dos plantas de Lácteos Verónica
La propuesta enviada directamente a Verónica, a la que accedió Ámbito, establece que Molfino pretende adquirir conjuntamente las plantas de Clason y Lehmann por un precio único y global, aunque no especifica ninguna cifra. La operación comprendería las instalaciones, maquinarias, equipos y demás activos necesarios para su funcionamiento, pero no las acciones de Verónica ni sus deudas, salvo aquellas obligaciones que la compradora acepte expresamente.
La compañía también dejó abierta una alternativa: si no consigue comprar ambos establecimientos, está dispuesta a negociar únicamente por Lehmann. En cambio, no contempla una oferta independiente por Clason ni asigna un valor individual a cada fábrica. La propuesta todavía no es vinculante y está condicionada a una auditoría integral de la situación contable, legal, laboral, impositiva y operativa de las instalaciones.
Antes de concretar una eventual adquisición, Molfino propone celebrar contratos de elaboración a fasón por 12 meses, prorrogables por otros 12. Bajo ese esquema, aportaría la materia prima, los materiales y los programas de producción, mientras Verónica conservaría la administración de las fábricas y las responsabilidades sobre su personal, las habilitaciones y las obligaciones laborales, previsionales e impositivas.
El proyecto está especialmente desarrollado para Lehmann, donde Molfino ya había operado bajo esa modalidad hasta diciembre de 2025. La compañía propone retomar allí la elaboración de leche en polvo y quesos semiduros, con un volumen promedio anual equivalente a 350.000 litros diarios. Según sus estimaciones, durante los períodos de mayor producción estacional podría utilizar la totalidad de la capacidad instalada.
En Clason, en cambio, el inicio de las operaciones quedaría sujeto a una auditoría previa para determinar si existen condiciones técnicas, económicas y comerciales para volver a producir. De acuerdo con la información presentada en el concurso, Lehmann contaba con 112 trabajadores y Clason con otros 140, por lo que la propuesta involucra a 252 empleados.
Molfino también ofrece adelantar fondos para financiar gastos de puesta en marcha y facilitar el pago de salarios relacionados con la producción. Sin embargo, no especifica cuánto dinero destinaría a esos conceptos. Los desembolsos se computarían como anticipos por los servicios de elaboración a fasón y no como pagos por la adquisición de las fábricas.
En caso de concretarse la compra, la compañía manifiesta su intención de mantener a todos o a una parte sustancial de los trabajadores afectados a las plantas. No obstante, condiciona esa continuidad a la revisión de las obligaciones laborales y previsionales existentes, las necesidades operativas y las condiciones definitivas que se acuerden.
La propuesta incluye otra condición importante: Molfino pretende obtener un derecho de preferencia y de primer rechazo frente a eventuales ofertas de terceros por cualquiera de los establecimientos. De esa manera, busca asegurarse una posición prioritaria en futuras negociaciones mientras utiliza las instalaciones para producir.
Aunque la empresa considera que su iniciativa representa una alternativa superadora para Verónica, no presentó un precio concreto ni compromisos de inversión cuantificados.
La venta millonaria que ahora enfrenta otra propuesta
La aparición de Molfino vuelve a poner bajo discusión las condiciones de las operaciones que Lácteos Verónica había negociado antes de solicitar su concurso preventivo. Como reveló Ámbito en septiembre, la empresa pactó vender Clason a Lacterra S.A.S. por u$s9 millones y Suardi a Copalac S.A.S. por otros u$s6,5 millones, mediante contratos firmados el 2 de julio de 2026.
Ambas compradoras habían sido constituidas pocas semanas antes de las operaciones. En el caso de Lacterra, representada por Sergio Walter Armando, la sociedad fue creada el 19 de junio e inscripta el 24 de ese mes. El contrato estableció tres pagos de u$s3 millones, a los 18, 30 y 42 meses, con una hipoteca de primer grado sobre el inmueble como garantía.
La sociedad también había firmado un acuerdo de producción a fasón con Verónica, que contemplaba un componente fijo de $600,6 millones mensuales más IVA, actualizado por inflación, además de otro variable sujeto al volumen procesado. La venta de Suardi, sin embargo, no forma parte de la propuesta presentada por Molfino.
En este marco, en su escrito, la dueña de La Paulina plantea que las condiciones acordadas con Lacterra deben compararse con su propia iniciativa antes de adoptar una decisión sobre Clason. Para ello, propone analizar el precio efectivo, los plazos de pago, las garantías, la solvencia de los compradores, su capacidad industrial y los compromisos de continuidad laboral.
La compañía sostiene que su propuesta debe evaluarse de manera integral y no únicamente por el precio de adquisición. Entre los beneficios que menciona aparecen la recuperación de la actividad industrial, la generación de ingresos durante el concurso, la preservación de puestos de trabajo y la posibilidad de evitar que las instalaciones continúen deteriorándose.
También solicitó que Verónica manifestara en un plazo de cinco días hábiles si estaba dispuesta a avanzar con las negociaciones y, en ese caso, designara un interlocutor y facilitara el acceso a las fábricas y a la documentación necesaria para realizar una auditoría.
Sin embargo, el juez Robledo rechazó darle curso al pedido de difusión de la oferta dentro del concurso. En su resolución del 30 de octubre, sostuvo que la solicitud era inoportuna porque la concursada todavía no había formulado una petición concreta para vender sus establecimientos. Además, advirtió que admitir ese trámite implicaría abrir dentro del proceso preventivo una suerte de mecanismo de liquidación de activos que consideró improcedente.
El magistrado aclaró que Molfino deberá canalizar su intención de compra fuera del expediente, sin perjuicio de que posteriormente el juzgado pueda evaluar la autorización de una venta conforme al artículo 16 de la Ley de Concursos y Quiebras. La discusión sobre el destino de las fábricas se produce mientras Verónica intenta reorganizar una deuda que, al momento de su presentación concursal en agosto, alcanzaba los $118.496 millones, equivalentes entonces a unos u$s80 millones.
Así, mientras Verónica intenta reestructurar su deuda, el futuro de dos de sus principales fábricas sigue abierto. Molfino busca avanzar con un plan de reactivación industrial, pero todavía no puso un precio sobre la mesa. Y en el caso de Clason, además, deberá competir con una operación de venta que ya había sido acordada por u$s9 millones.




