La selección argentina acababa de eliminar a Egipto del Mundial y en las oficinas de Ford, en General Pacheco, todavía se respiraba clima futbolero. Martín Galdeano siguió el partido con la misma tensión que millones de argentinos, aunque desde hace dos años vive en San Pablo, donde conduce las operaciones de Ford para Sudamérica. Aprovechando las vacaciones escolares de sus hijos, había regresado al país por unas semanas.
Martín Galdeano, de Ford: "Nuestra competencia ya no es la fábrica de al lado, son China y Tailandia"
El presidente de Ford Argentina y Sudamérica sostiene que el mercado automotor atraviesa un escenario de sobreoferta que obliga a ajustar producción e importaciones. Defiende la apertura comercial, aunque reclama igualdad de condiciones para competir con los vehículos importados, y asegura que la competitividad ya no depende sólo de las fábricas, sino también de impuestos, infraestructura y acuerdos comerciales.
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Martín Galdeano repasó la situación de Ford y del sector automotor en una entrevista con Ámbito.
En diálogo con Ámbito, analizó el presente de la industria automotriz, explicó por qué Ford logra crecer en un mercado en retroceso, habló de la competencia china, de la necesidad de mejorar la competitividad estructural del país y del desafío permanente de convencer a la casa matriz de seguir invirtiendo en la Argentina.
"Hay equilibrio en varias variables importantes y una economía bastante más sana"
Periodista: ¿Cómo ve hoy al sector automotor en la Argentina?
Martín Galdeano: El mercado está cayendo. En el acumulado del primer semestre baja alrededor del 10%. En ese contexto, nosotros estamos creciendo cerca del 12% respecto del mismo período del año pasado, así que es un muy buen año para Ford. Es un mercado extremadamente desafiante, con competencia de todos los orígenes: producción local, importados y marcas que llegan desde distintos países. Aun así, hoy tenemos dos modelos entre los cinco de mejor desempeño del mercado, la Ranger y la Territory. En producción ocurre algo parecido. Mientras la industria cae alrededor del 18%, nosotros seguimos creciendo. También aumentan nuestras exportaciones, cuando el resto del sector prácticamente se mantiene estable. Estamos conformes, aunque el mercado atraviesa una situación que no considero saludable.
P.: ¿Por qué?
M.G.: Porque hoy existe un nivel de stock muy alto en toda la cadena, desde terminales hasta concesionarios. Hay más oferta que demanda y eso nunca termina siendo un mercado equilibrado.
P.: ¿Le recuerda a lo ocurrido en 2018, cuando se proyectaba un mercado mucho más grande del real y sobraban autos?
M.G.: Tiene algunas similitudes. Nosotros siempre buscamos que la producción y las importaciones acompañen la demanda. Eso es lo saludable. Después de las elecciones esperábamos que, con un escenario político más claro, bajaran la volatilidad, las tasas y mejorara la dinámica del mercado. Ese proceso está demorando un poco más de lo previsto. A principios de año proyectábamos una industria de entre 650.000 y 700.000 unidades. Hoy pensamos en un mercado de entre 550.000 y 600.000. Son unas 100.000 unidades menos de las previstas inicialmente y, naturalmente, eso obliga a ajustar producción, importaciones y stocks.
P.: ¿Cómo ve hoy la macroeconomía?
M.G.: En términos generales la veo mucho más estable y ordenada de lo que imaginábamos cuando comenzó este proceso. Hay equilibrio en varias variables importantes y una economía bastante más sana. Lo que todavía falta es que esa baja de las tasas de referencia llegue plenamente al cliente. Nosotros tenemos capacidad para subsidiar tasas, pero cuando las tasas de mercado siguen siendo tan altas esa herramienta alcanza para una parte limitada de la oferta.
P.: ¿Las tasas promocionales y los descuentos responden justamente al exceso de oferta?
M.G.: Exactamente. Las condiciones comerciales que hoy ves en el mercado son consecuencia de una industria que tiene más oferta que demanda.
P.: ¿Creés que el orden macro terminará llegando al consumo?
M.G.: No me gusta hacer análisis macroeconómicos porque no es mi especialidad. Lo que sí veo es que sectores muy competitivos de la economía argentina —como el agro, la minería y Oil & Gas— vienen creciendo con mucha fuerza y van a seguir dinamizando la actividad. Esos sectores generan inversiones, empleo y demanda. Con estabilidad macroeconómica, ese crecimiento debería ir extendiéndose gradualmente al resto de la economía.
P.: ¿Ya están viendo en Ford la demanda de esos sectores dinámicos?
M.G.: Sí. El agro siempre fue un motor para nosotros y ahora se suman claramente la minería y Vaca Muerta. Son actividades que están traccionando inversiones y eso se refleja también en la demanda de nuestros productos.
"Fuimos de los primeros en incorporar un producto relevante fabricado en China"
P.: Mencionaba que la industria cae, pero Ford crece tanto en ventas como en producción. ¿Cuáles son las claves?
M.G.: Hay dos factores principales. El primero es que fuimos de los primeros en incorporar un producto relevante fabricado en China, como la Territory. Recuerdo haber viajado hace más de cinco años para conocer ese proyecto cuando todavía estaba en desarrollo. En ese momento ya veíamos el potencial que iba a tener ese segmento. Las SUV medianas pasaron de representar un porcentaje de un dígito del mercado a superar el 20%. Entendimos ese cambio antes que muchos otros y eso explica una parte importante de nuestro crecimiento. El segundo factor es la nueva Ranger. Apostamos por una plataforma completamente nueva, con mucha inversión en tecnología, desempeño y calidad. La aceptación fue excelente tanto en Argentina como en los mercados de exportación. Hoy más del 70% de lo que producimos en Pacheco se exporta y la demanda de Ranger, especialmente en Brasil, está en niveles récord para nosotros.
P.: Cuando va a la casa matriz a pedir inversiones para la Argentina, ¿cuánto pesan los antecedentes de inestabilidad del país?
M.G.: La volatilidad coyuntural pesa mucho menos de lo que suele creerse. La industria automotriz siempre mira el largo plazo. Lo que realmente pesa es la competitividad estructural. La misma Ranger que producimos en Pacheco también se fabrica en Tailandia, China, Sudáfrica y Estados Unidos. Nuestra competencia no es solamente otra terminal instalada en Argentina: competimos todos los días con las plantas más competitivas del mundo. La discusión pasa por cómo mejoramos nuestra competitividad. Hay una parte que depende de nosotros: incorporar tecnología, mejorar procesos, capacitar a nuestra gente y trabajar junto con el sindicato para ganar productividad. Pero también hay otra parte que depende del país.
P.: Es decir, la competitividad ya no depende únicamente de la fábrica.
M.G.: Exactamente. Nosotros podemos hacer una planta tan eficiente como cualquiera, pero después aparecen otros factores: infraestructura, logística, impuestos, legislación laboral, acuerdos comerciales. Todo eso también determina si un proyecto resulta competitivo o no. Por eso insisto tanto con el concepto de competitividad estructural. Nuestra referencia ya no es solamente la fábrica de al lado; son China y Tailandia.
P.: ¿Cómo evaluás hoy esa competitividad estructural de la Argentina?
M.G.: En algunos aspectos hubo avances muy importantes. Por ejemplo, en la inserción internacional. Los acuerdos comerciales que está negociando la Argentina con la Unión Europea o eventualmente Estados Unidos mejoran el acceso de nuestros productos a otros mercados. Eso es muy positivo. También hubo avances importantes en materia tributaria a nivel nacional. Donde todavía queda mucho por hacer es a nivel provincial y municipal. Hay muy buenas conversaciones, pero todavía falta avanzar porque la competitividad se construye entre todos. Al final del día, el objetivo es el mismo: generar más inversión, más exportaciones y más empleo.
"Muchas veces la discusión es entre invertir en Pacheco o invertir en China"
P.: ¿Es un buen momento para invertir en la Argentina?
M.G.: Siempre es un buen momento para invertir en la Argentina. Ahora bien, una cosa es que sea un buen momento y otra muy distinta que sea sencillo convencer a la casa matriz. Cuando uno plantea una inversión, la comparación no es entre Argentina y otro país de la región. Muchas veces la discusión es entre invertir en Pacheco o invertir en China. Y cuando competís contra un mercado como China, que tiene una escala enorme y una competitividad extraordinaria, el desafío es mucho mayor. Por eso volvemos siempre al mismo punto: la competitividad estructural es la condición necesaria para seguir atrayendo inversiones.
P.: Ahora que tiene responsabilidad regional, ¿qué diferencias encuentra entre la Argentina y Brasil?
M.G.: Brasil hizo un trabajo extraordinario en muchos sectores, especialmente en el agro y en la producción de commodities. Logró convertirse en uno de los principales exportadores del mundo en productos donde hace algunas décadas no tenía ese liderazgo. Argentina tiene un potencial muy parecido. El agro siempre fue una fortaleza, pero ahora además aparecen sectores como la minería y Oil & Gas que pueden generar un salto muy importante. Brasil, naturalmente, tiene otra escala y un volumen de exportaciones mucho mayor, pero hay muchas experiencias que vale la pena mirar para aprender.
P.: También es un mercado donde la competencia china llegó antes.
M.G.: Sí. Brasil, y todavía más Chile, convivieron antes con una gran cantidad de marcas asiáticas. Chile probablemente sea uno de los mercados más abiertos y competitivos del mundo. Tiene acuerdos comerciales con muchísimos países y conviven allí decenas de marcas de origen asiático. Ese proceso ahora empieza a verse también en la Argentina.
"Lo único que pedimos es que todos compitamos con reglas equivalentes"
P.: ¿Les preocupa esa competencia?
M.G.: No. La competencia siempre es bienvenida porque le ofrece más opciones al cliente. Lo único que pedimos es que todos compitamos con reglas equivalentes. Nosotros no creemos que la solución sea cerrar el mercado. Al contrario: creemos en una economía abierta. Pero, si la Argentina quiere tener una industria automotriz fuerte, necesita sacar impuestos que hoy encarecen producir, exportar y vender desde el país. Eso es nivelar la cancha. Porque la industria automotriz no sólo genera ventas; también genera inversiones, empleo, proveedores, exportaciones y actividad económica.
P.: En ese contexto, ¿un acuerdo comercial entre Argentina y Estados Unidos puede beneficiar a Ford?
M.G.: Siempre vemos con buenos ojos los acuerdos comerciales. En el caso del sector automotor, hoy lo que permiten es importar determinados productos con aranceles reducidos o directamente sin arancel dentro de ciertos cupos. Más allá del impacto específico sobre cada producto, creemos que avanzar en acuerdos comerciales es positivo para la economía y para la integración de la Argentina al mundo. Cuando se discutieron estos cambios también decidimos dar previsibilidad. Por eso ajustamos nuestros precios en el momento en que se modificó el esquema de impuestos internos y despejamos incertidumbre para nuestros clientes. En un contexto donde muchos dudaban si comprar o esperar, nos parecía importante dar una señal clara.
P.: ¿Qué esperan para el año próximo?
M.G.: Para este año proyectamos una industria de entre 550.000 y 600.000 unidades. Para el año próximo hoy estamos trabajando con una hipótesis de crecimiento moderado, del orden del 5%. Creemos que el contexto macroeconómico debería ser más estable que el del año pasado. Independientemente del resultado electoral, esperamos un escenario de mayor previsibilidad.
P.: Hace dos años se mudó a Brasil para asumir la conducción regional. ¿Cómo fue esa decisión?
M.G.: Fue mi quinta asignación internacional. Ya había trabajado dos veces en Brasil, además de Estados Unidos e Inglaterra. La diferencia es que esta fue la primera vez que me mudé con hijos que ya podían opinar sobre la decisión. Cuando me fui en oportunidades anteriores eran muy chicos. Mi esposa, como siempre, me acompañó. Sin ese apoyo yo no estaría donde estoy. Con mis hijos fue distinto. Mi hijo se adaptó bastante rápido. Mi hija necesitó más tiempo. Extrañó mucho la Argentina y el proceso fue más desafiante. Hoy creo que, si le preguntaras, haría la valija para volver inmediatamente. Son experiencias familiares intensas, pero también muy enriquecedoras.
P.: ¿Y profesionalmente?
M.G.: Te cambia completamente la perspectiva. Trabajar en distintos países, conocer otras culturas y otros modelos de negocios te obliga a salir de la zona de confort. En Inglaterra trabajé en el banco de Ford y aprendí una lógica completamente distinta a la industrial. En Estados Unidos estuve vinculado a la estrategia global de la compañía y al mercado de capitales. Ahora me toca coordinar un negocio regional, con realidades muy distintas entre los países y con un nivel de volatilidad permanente. Todo eso te hace crecer muchísimo como profesional.
"Los ejecutivos argentinos estamos muy acostumbrados a adaptarnos a cambios de reglas"
P.: ¿Ser argentino ayuda para trabajar en ese contexto?
M.G.: (Ríe). Tenemos una gimnasia especial. Recuerdo que durante la crisis del euro muchos hablaban de una situación dramática y, para nosotros, era simplemente un poco más de volatilidad. O cuando llegué a Estados Unidos, después de la crisis de la industria automotriz, donde algunas terminales incluso quebraron. Los ejecutivos argentinos estamos muy acostumbrados a adaptarnos a cambios de reglas, de tipo de cambio, de inflación y de contexto económico. Esa capacidad de adaptación termina siendo una ventaja cuando trabajás en ambientes complejos.
P.: ¿Qué lugar ocupa hoy Sudamérica dentro de Ford?
M.G.: Hace algunos años tomamos decisiones muy profundas. Pasamos de un negocio que perdía dinero todos los años a uno rentable. Reducimos el volumen, dejamos de participar en algunos segmentos y concentramos las inversiones donde realmente podíamos competir por posiciones de liderazgo. Hoy somos una región que crece, que invierte y que sigue incorporando nuevos productos.
P.: Eso implicó dejar de fabricar modelos emblemáticos como el Fiesta o el EcoSport.
M.G.: Sí. El EcoSport incluso fue un segmento que creó Ford. Pero cuando llegó el momento de decidir una nueva inversión, analizamos dónde teníamos escala global y mayores posibilidades de competir. La conclusión fue concentrarnos en pickups, SUVs, vehículos comerciales y productos off road. Es la estrategia que seguimos hasta hoy y los resultados acompañan. Después de esa reestructuración venimos creciendo cerca del 20% anual en la región durante los últimos años.
P.: Para terminar, ¿cómo imagina a Ford y a la Argentina dentro de algunos años?
M.G.: Ford va a seguir profundizando esta estrategia. Vamos a continuar invirtiendo en tecnología, en experiencia del cliente y en los segmentos donde tenemos ventajas competitivas a nivel global: pickups, SUVs, vehículos comerciales y off road. En cuanto a la Argentina, creo que el mercado automotor tiene una escala histórica de entre 600.000 y 700.000 unidades anuales. Hubo años cercanos al millón de vehículos, pero fueron mercados muy sobreofertados y poco saludables. Más allá del tamaño del mercado, soy optimista con el país. Veo una oportunidad enorme para que la Argentina consolide el potencial que hoy muestran sectores como el agro, la minería y Oil & Gas. Si ese crecimiento viene acompañado por inversiones, tecnología, empleo y una mejora sostenida de la competitividad, la Argentina puede convertirse en un jugador mucho más relevante a nivel global.
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