"A nadie le gusta frenar la economía. Ni a heterodoxos"

Opiniones

«Hay que reducir los niveles de consumo interno,incluyendo los créditos que apuntan a fomentarlo, y aumentar el ahorro, especialmente desde el sector público.» La recomendación pertenece a Roberto Frenkel, economista muy cercano al actual modelo económico, que reconoce, sin embargo, los peligros de sufrir una aceleración de la inflación. El investigador del Centro de Estudio de Estado y Sociedad (CEDES) dejó una frase por lo menos riesgosa en función del pasado económico argentino: es posible pensar en mantener el actual ritmo inflacionario en lugar de impulsar una caída del dólar.

Las principales definiciones de Roberto Frenkel, ex consultor económico del BID y de la CEPAL e integrante del equipo de Juan Vital Sourrouille, fueron las siguientes.

Periodista:
¿Qué destaca hoy de la economía?

Roberto Frenkel: Tenemos un crecimiento rápido con tres años seguidos de tasas cercanas a 9%, con lo que está claro que ya pasamos la etapa de la recuperación. Las bases son la reestructuración de la deuda, un tipo de cambio competitivo que genera una situación de saldos externos positivos y, a su vez, aporta mucho a un robusto superávit fiscal, lo cual es una novedad para la Argentina. Lo positivo es que la expansión está siendo impulsada por el gasto privado y no por el público. Hay un contexto de gran sostenibilidad, porque no se ven desequilibrios ni en el sector externo ni en el financiero, ni en el público, lo que marca un contexto diferente de los últimos treinta años.


P.:
¿Cuáles son las preocupaciones?

R.F.: El problema es que no tenemos disponibles instrumentos macroeconómicos para controlar la fuerte demanda agregada que presiona sobre los recursos disponibles. Es una preocupación porque tenemos una inflación de 12%. Si queremos que las exportaciones y la inversión crezcan más que el producto, entonces el consumo necesariamente tiene que crecer menos, es decir, aumentar la tasa de ahorro.


P.:
¿Qué instrumentos faltan?

R.F.: Esta economía sigue siendo bien subdesarrollada desde el punto de vista financiero. Lo fue siempre, y además, venimos de una crisis muy importante en el sector. Si bien se ha saneado y la mayoría de los bancos ha devuelto los redescuentos, hoy representan los créditos bancarios una porción del financiamiento del gasto muy chica. Las tasas de interés no juegan el papel que tienen en Estados Unidos. Por más que suban, no tendrán efecto. Aquí pasaría al revés: si aumentaran, se generaría una fuerte entrada de capitales que financian más expansión de la demanda y presión a la apreciación del tipo de cambio. Ese es un remedio que la Argentina ya probó.


P.:
Eso es lo que pasa en Brasil, que deja caer el dólar...

R.F.: Claro, entra en una burbuja de apreciación cambiaria imparable, y ahí, como la tasa de interés es muy alta, los costos de retirar el dinero del mercado son enormes: el Banco Central brasileño tiene que colocar deuda a 18%; es una política que se autodestruye.


P.:
¿Qué es lo que debe hacerse entonces?

R.F.: Queda la política fiscal, aumentar el superávit y tratar de manejarlo. Pero es burdo; no es una política de sintonía fina, no se puede manejar como hace Alan Greenspan en la Reserva Federal de Estados Unidos que mueve un cuarto de punto la tasa. Las reformas tributarias tienen efecto un año después, cuando las aprueba el Congreso.Hay que insistir mucho en la importancia del fondo anticíclico, que todos los ingresos se ahorren.


P.:
¿Es sostenible en el tiempo este nivel de inflación?

R.F.: El problema es que no se acelere, pero con 12% la economía funciona bien. El gran miedo es que se empiece a indexar, cosa que hoy no está permitida.


P.:
¿Por qué el gobierno no sigue esas recetas?

R.F.: Es que los heterodoxos somos afines a levantar las economías de la recesión. Yo me sentía en las mejores aguas cuando se trataba de sacar a la economía del pantano. Cuando los heterodoxos están en el gobierno y se encuentran con una situación en que la demanda privada está generando boom, están incómodos con el control de la demanda. A nadie le gusta frenar...


Entrevista de Javier Casabal

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