18 de abril 2021 - 19:05

Por qué (no) ganó Amazon

La intención de un grupo de trabajadores de sindicalizarse fracasó. ¿Por qué el mundo observa esta elección clave para el futuro del trabajo? La onda expansiva llegó a la Argentina.

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Reuters

En el almacén de Amazon ubicado en Bessemer, en el área metropolitana de la ciudad de Birmingham, Alabama trabajan 5.876 personas. Reunieron dos mil firmas para hacer una elección que debía decidir por Sí o por No el ingreso del sindicato de retail o comercios minoristas y mayoristas (RWDSU). El No ganó con 1.798 votos contra 738 a favor de la sindicalización. La elección que captó la atención de empresarios y sindicatos en todo el mundo es clave. Walmart y Amazon son las dos compañías empleadoras más grandes de Estados Unidos pero tienen algo más en común. Mantienen una política exitosa de sindicalismo cero.

La empresa -encabezada por el hombre más rico del mundo- emitió un comunicado luego de conocerse los resultados. “Amazon no ganó, nuestros empleados tomaron la decisión de votar en contra de unirse a un sindicato.” La compañía desplegó una estrategia agresiva para evitar la que hubiera sido la primera sindicalización de sus trabajadores pero enfrenta desafíos aún mayores. Mientras que en 2020 el empleo en el mundo se desplomaba -la OIT estima una pérdida de 255 millones puestos de trabajo a tiempo completo- Amazon sumaba casi un millón de trabajadores entre los cuales se cuentan asalariados de almacén, programadores y contratistas independientes no reconocidos como empleados. La centralidad económica del comercio electrónico durante la pandemia disparó sus acciones. Amazon quedó en el centro de la escena de la disputa por el futuro del trabajo. Durante la pandemia, la subjetividad neoliberal y el rol de las grandes corporaciones de Estados Unidos están en debate.

Amazon sí ganó la elección, pero la victoria podría ser pírrica. El solo intento de sindicalizar el Almacén de Alabama desplegó un debate que puede tener derivaciones problemáticas para la compañía.

Amazon

A dos meses de asumir la presidencia, Joe Biden emitió un discurso grabado en el que cuestionó la conducta antisindical de Amazon y respaldó activamente la sindicalización. Escaló el debate cuando volvió a cuestionar al gigante del retail por utilizar lagunas legales para no pagar “un solo centavo” de impuestos federales. Recuperando líneas del laborismo, Biden insistió en colocar a Amazon como el mal ejemplo de las corporaciones mientras sostiene su propuesta de elevar la tasa de impuestos a las compañías de 21% a 28% para financiar el plan de infraestructura que promete sacar a Estados Unidos de la crisis económica por la pandemia.

El enfoque de Biden sorprendió a propios y ajenos con declaraciones tales como “Wall Street no construyó nuestra clase media, fueron los sindicatos” o “me importa un demonio cuan grande sea Amazon, debe pagar sus impuestos”. Este tono se combina con los esfuerzos de la Secretaria del Tesoro, Janet Yellen, de adoptar globalmente un impuesto corporativo mínimo, para evitar que las grandes inversiones se escurran de los estados hacia paraísos fiscales. Esta iniciativa podría invertir la lógica impuesta durante el proceso de desregulación fiscal y laboral de la década del 1980. Jeff Bezos es el personaje sindicado para graficar las injusticias del modelo desregulado y regresivo. En impuestos al ingreso paga 17 puntos porcentuales menos que una familia trabajadora americana.

Bezos, que contrata a 1,6 millones de personas en EEUU, intercaló su respuesta en la carta anual a los shareholders. Se jactó de pagar el doble que el salario mínimo federal que, a pesar de los proyectos de la Casa Blanca, se mantiene en 7,5 USD por hora. Dio en el clavo. Las demandas de los trabajadores de Bessemer, Alabama no se concentran en la política de salarios bajos de Amazon, ni en la discriminación que sufriera la mayoría afroamericana (85% de las personas que trabajan en el almacén) por parte de la gerencia blanca. El principal reclamo por el cual recurrieron al sindicato de retail fue el incesante control tecnológico de la empresa. Mediante la algoritmización de la gestión del trabajo, Amazon controla minuto a minuto y centímetro a centímetro la distribución horaria, los descansos y las tareas. Los empleados se quejan de los cambios repentinos y arbitrarios en la jornada. “Alteran los descansos de la noche a la mañana”, dicen. Se trata de un modelo de organización que contrasta fuertemente con las promesas de libertad y autoempleo que promueve la compañía. Quizás no exista salario que pueda compensar a quien es tratado como un robot.

Al igual que Mercado Libre, que introdujo el llamado banco de horas en el convenio colectivo de carga y descarga, Amazon administra la fuerza de trabajo según la estacionalidad marcada por las fiestas de consumo como el hot sale o el black friday. Así se explica que la votación de un puñado de trabajadores en Alabama haya captado la atención del mundo. Sin ir más lejos, Marcos Galperin (MeLi) fue uno de los primeros en compartir la noticia.

Jeff Bezos
Jeff Bezos, CEO de Amazon.

Jeff Bezos, CEO de Amazon.

El presidente de RWDSU adelantó que reclamará al estado federal la anulación de la elección. Explica que la empresa creó “un clima de confusión, coerción y temor a represalias” en línea con las advertencias de Biden. Esta elección no fue la primera ni será la última. Las dos mil firmas recolectadas para realizarla y los 738 votos por la sindicalización demuestran la necesidad del debate. Amazon impugnó 500 votos emitidos, que finalmente no fueron contados. Bezos se vio inmerso en un intercambio silencioso con Joe Biden ¿Cuan gravitante fue la participación de los demócratas? ¿El impacto de la elección desbordó los cálculos de Amazon?

Andy Levin, miembro de la bancada demócrata de la cámara de representantes estimó que “los trabajadores no pueden organizarse a gran escala sin una reforma laboral”. No se refería a una reforma laboral que reduzca costos y protecciones, generalice la flexibilidad horaria y volatilice el mercado de trabajo. Todo lo contrario. Varias voces están procurando el restablecimiento de las regulaciones que promueven la sindicalización, que se agregarían a la propuesta de Bernie Sanders de duplicar el salario mínimo. Los alcances de la elección en Amazon podrían invertir los términos del debate sobre las reformas laborales a nivel global.

En Argentina los trabajadores tienen derecho a agremiarse sin pedir permiso, los sindicatos y empresas pueden negociar mejoras que beneficien a una actividad entera sin consultar establecimiento por establecimiento, y hasta pueden someter sus diferencias al control de la justicia si no existe un acuerdo respecto de qué convenio colectivo debe ser aplicado. Lo último es una descripción del contexto en el cual se desenvuelven los conflictos que sobrellevan con Mercado Libre sindicatos como comercio, bancarios, camioneros o carga y descarga. Se trata de un modelo dinámico de relaciones laborales que admitiría cambios, pero no toleraría las fantasías desregulatorias que también son rechazadas por gobiernos de otras latitudes.

El gobierno argentino busca un acuerdo con el FMI. Para eso plantea un gran pacto entre oficialismo y oposiciones para deslindar de las condiciones los ajustes y reformas que en otras ocasiones fueran, precisamente, incondicionales. A juzgar por la posición demócrata sobre Amazon, el futuro del trabajo y las regulaciones laborales, los contenidos complementarios del acuerdo con el fondo monetario podrían ser muy distintos a los planteados en 2017, cuando Macri envió al congreso la reforma laboral.

(*) Abogado laboralista

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