Antes de que sea tarde
Este año el gasto público rondará los u$s 60.000 millones, o sea, u$s 10.000 millones más que en los 90. Se trata de un nivel insostenible, que hace insuficientes incluso los niveles récord de recaudación. El talón de Aquiles son los subsidios, que este año superarán los $ 30.000 millones y que, para reducirlos, a esta altura ni siquiera alcanza con aumentar las tarifas. Según el economista Carlos Melconian, semejante escenario requiere un ajuste urgente para evitar peores consecuencias sobre la inflación y el ritmo de crecimiento. Mientras tanto, acecha el peligro de una nueva recesión.
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El grosero error político y económico (no sólo por lo que pasó después que se fue de las manos, sino el mismo 11 de marzo por desconocimiento social y técnico) de entrar en conflicto por las retenciones móviles aceleró el embudo macro. Pasados ahora siete meses de 2008, vuelve a hacerse presente el «fatal» ajuste porque el gasto público y las importaciones siguen incontenibles. Con estas dos variables creciendo por arriba de 40% anual, hasta los buenos precios internacionales, más allá de las incertidumbres que mantiene el sector primario, no alcanzan para despejar el horizonte. Ni hablar de que se consolide alguna tendencia bajista de los precios como la de las últimas semanas, independientemente de que «el mundo» pronostique buenos precios para los alimentos a futuro.
El gasto público y las importaciones se están deglutiendo cada vez más, a paso firme, la mejora de los términos de intercambio. Esto último se hace palpable cuando el superávit fiscal y comercial se depuran de los superprecios internacionales de las materias primas. Con precios internacionales muy buenos pero no extraordinarios como los actuales (por ejemplo, la soja en los u$s 350 de octubre pasado y el petróleo en u$s 80), con el gasto público y las importaciones volando como en la primera mitad del año, el superávit fiscal primario se reduciría a apenas 1,5% del PBI, y el superávit comercial trocaría a déficit. Por donde se lo mire, el programa económico se ha desenfocado y entró en un terreno decididamente «precio-adicto».
El gasto público rondará este año los 60.000 M de dólares. Es un nivel insostenible: u$s 10.000 M más que el promedio de gasto en los 90 (en dólares constantes, ajustado por la inflación de EE.UU.). Con semejante ritmo de suba, no hay recaudación que aguante. La presión tributaria está en un techo real. El conflicto con el campo desaceleró la suba de los ingresos porque se resintió el nivel de actividad. Y la brecha entre servicios de la deuda y superávit fiscal se cubre raspando el hueso en el mercado local y la cada vez más cara Venezuela, ya que el resto está cerrado hasta que se arregle en serio el default de la deuda pública.
El talón de Aquiles fiscal hoy son los subsidios, que están subiendo a un ritmo infernal. Eran apenas $ 4.000 M en 2006, subieron a $ 15.000 M en 2007 y rondarán los $25.000/30.000 M en 2008. Empiezan a representar fiscalmente hablando lo que fueron los intereses de la deuda en la convertibilidad. Son taxis que después resultan muy difíciles de parar, y que le corren el arco a la recaudación. Los intereses eran 10% de la recaudación en 1996, treparon a 17% en 1999 y a 22% en 2001, lo que empujó al default. Los subsidios ya están en 11% de una recaudación que crece y vienen al galope. Hay que desactivar cuanto antes este taxi antes que termine desordenadamente en un tarifazo por falta de caja. A esta altura subir tarifas a 25% sería apenas «empardar» la inflación corriente y mantener el desequilibrio de finales de 2007 (pasó este año con la suba del transporte, apenas sirvió para ahorrar un mes de subsidios).
Por su parte, las importaciones también se ubicarán este año en 60.000 M de dólares, como el gasto público, un dúo de «desvíos gemelos». Es otro número insostenible: son u$s 15.000 M más (en dólares constantes) que en 1998. El déficit comercial industrial está en un récord histórico, con la competencia importada ganando participación en el mercado interno y las exportaciones estancadas como porcentaje de la producción. Lo paradójico de esto es que sobran dólares, pero es por la soja, no por competitividad genuina. Hay que parar cuanto antes la suba de la inflación y los costos internos para apuntalar la competitividad y anticiparse ordenadamente a presiones sobre la moneda que vengan del propio mercado.
El reciente conflicto del campo pudo haber metido a la economía en una recesión abrupta y fuerte. Los productores retenían la soja, la gente asustada compraba dólares y el BCRA vendía divisas y absorbía pesos de la calle y de los bancos. La economía perdió liquidez y se resintió el nivel de actividad. En este modelo económico, cuando faltan dólares se traba la liquidez y cuando se traba la liquidez, se traba la actividad.
Tras el no del Congreso a las retenciones móviles, en el corto plazo se restaurará la liquidez y se aleja el riesgo de una recesión larga. Pero si no se ajusta a tiempo el programa económico, sube la chance de que otra vez caminemos sobre la cornisa de la recesión.
Esquivar una recesión y mejorar las expectativas de corto plazo serían noticiaspositivas, reencauzar cuanto antes el programa económico también. Tiene que venir acompañado de un cambio en las bases de la organización económica vigente. Es muy difícil recomponer la confianza a mediano plazo y sostener el crecimiento económico en un marco organizacional donde un peso en manos del Estado vale más que en manos del sector privado, donde el mecanismo recaudar-gastardistribuir quedó incierto y discutido; al intervencionismo se lo ve como fuente de mayor gobernabilidad, la base del crecimiento es el consumo y no la inversión ni la exportación, y se mantiene la actual tasa de inflación que acelera los desajustes.




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