9 de marzo 2026 - 14:38

Argentina ante los riesgos de un shock petrolero

Dado que Argentina está jugando un papel cada vez más importante en términos energéticos, vale la pena analizar las consecuencias, que podrían ser más complejas que positivas.

Argentina posee recursos extraordinarios, pero los recursos por sí solos no alcanzan.

Argentina posee recursos extraordinarios, pero los recursos por sí solos no alcanzan.

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Cada vez que Medio Oriente entra en ebullición, el mundo mira el mapa y descubre lo frágil que es su equilibrio energético. Las energías renovables marcan el rumbo del futuro, pero el petróleo y el gas siguen marcando el rumbo del presente y de la transición. Hoy esa fragilidad vuelve a concentrarse en un punto mínimo del planeta: el estrecho de Ormuz, un paso marítimo de tres kilómetros de ancho por donde circulan cerca de 20 millones de barriles diarios de crudo. Si esa vía se bloquea o se restringe, se altera el tránsito del petróleo y toda la economía global. A eso se suma, por supuesto, un nuevo drama humanitario que confirma un mundo cada vez más hostil y complejo en términos geopolíticos.

Dado que Argentina está jugando un papel cada vez más importante en términos energéticos, vale la pena analizar las consecuencias, que podrían ser más complejas que positivas. De hecho, podría parecer que un barril más caro es una buena noticia para los exportadores. Las empresas que exportan reciben más dólares, los proyectos no convencionales ganan atractivo y los números cierran con mayor facilidad. Desde esa perspectiva, la suba puede leerse como una oportunidad.

Pero el problema es lo que ocurre puertas adentro. En una economía como la nuestra, donde la inflación todavía erosiona ingresos y las paritarias no logran alcanzar precios que corren más rápido, un salto sostenido del crudo no es neutro.

El crudo representa aproximadamente el 40% del precio final de los combustibles. Si el barril se encarece de manera sostenida, la presión sobre la nafta y el gasoil es inevitable. Y cuando suben los combustibles, no solo se encarece llenar el tanque: sube el costo del transporte, de la producción, de los alimentos y de toda la logística. Y lo siente el trabajador, el comerciante y la industria.

Si el barril supera los 100 dólares por mucho tiempo, el desafío será contener esa presión sin trasladarla automáticamente al mercado interno. De lo contrario, el beneficio exportador convive con una pérdida de poder adquisitivo y con un nuevo impulso inflacionario. A eso se suma una fragilidad interna que no es nueva.

La falta de una estrategia de soberanía energética

Cada invierno se observan las contradicciones de la matriz energética argentina. Mientras Vaca Muerta florece como uno de los mayores reservorios de gas no convencional de la región, las industrias sufren cortes, las estaciones de GNC interrumpen el servicio y miles de hogares siguen sin acceso pleno al gas natural. El problema no es la falta de recursos: es la falta de infraestructura y planificación.

Incluso disponiendo de volumen, el sistema podría volver a mostrar cuellos de botella éste invierno. El Gasoducto Norte todavía no logra compensar la caída de los yacimientos convencionales del NOA, y en plena ola de frío las centrales térmicas, industrias y estaciones de GNC podrían quedar nuevamente expuestas.

Esta situación también se vincula con la reducción de inversiones en yacimientos convencionales en provincias como Mendoza, Salta, La Pampa o Tierra del Fuego. Desatender esos activos no solo compromete producción futura; también pone en riesgo empleo y desarrollo regional.

Frente a ese escenario, la pregunta no es si el precio sube o baja. La pregunta es si el país tiene una estrategia clara. Argentina posee recursos extraordinarios, pero los recursos por sí solos no alcanzan.

Hace falta planificación, infraestructura y una política que equilibre exportación y mercado interno. No se puede descuidar la producción convencional ni pensar que todo se resuelve con el no convencional. Tampoco se puede discutir reformas laborales sin considerar el impacto real que estos ciclos internacionales tienen sobre el empleo y los ingresos.

En un mundo convulsionado, donde una decisión geopolítica puede alterar el precio del barril en cuestión de horas, Argentina necesita previsibilidad. No para especular con la renta extraordinaria, sino para proteger el abastecimiento, sostener el trabajo y evitar que cada conflicto externo se traduzca en más inflación y más incertidumbre interna. La fortaleza de la Argentina, a la larga, no se medirá únicamente por cuánto exporta, sino por su capacidad de garantizar energía accesible, estable y segura para su propia población.

Secretario General de la Federación Argentina Sindical del Petróleo, Gas y Biocombustibles (FaSiPeGyBio)

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