Los aumentos generales, primero por decreto y ahora por convenio, ponen en riesgo el control sobre la política salarial de las empresas, esencial para controlar los costos y preservar la competitividad. Desde comienzos de los '90 no se discutían salarios con los gremios, lo que generó en las empresas una nueva estructura dentro de las remuneraciones, que ahora -frente a un cambio de paradigmas- potencian y distorsionan los aumentos generados en los básicos de los convenios colectivos. Para enfrentar los ajustes se recurre a cláusulas de absorción y a novaciones en la estructura de los salarios. Las ataduras que existen entre básicos y adicionales junto con los incentivos y retribuciones variables han creado una combinación explosiva. Veamos.
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A poco de que se inició la convertibilidad (con posterioridad a 1991) las empresas manejaron su política salarial hasta la caída de la convertibilidad a fines de 2001. Fueron diez años en los cuales se instalaron dentro de la estructura numerosos mecanismos para corregir los ingresos de los dependientes. Algunos de estos cambios fueron verdaderamente negativos, como por ejemplo pasar de categoría al trabajador a una de nivel superior, a pesar de que la persona no reunía las condiciones para dicho cambio. Con el tiempo, la actualización de las escalas, se produjo la distorsión entre los que revistaban en el nivel por sus conocimientos y méritos, y otros, que llegaron a él por vía de un cambio sólo salarial.
También creció la opción de los aumentos por mérito originados en las denominadas «evaluaciones por desempeño». En estos casos, los aumentos generales pueden diluir estos ajustes si se los absorbe para amortiguar el efecto de los incrementos de costos.
A su vez las empresas han desarrollado un desplazamiento de los salarios fijos hacia las retribuciones variables, hasta llegar a menudo a más de la mitad del ingreso. Estos sistemas premian o incentivan al trabajador en función de objetivos, metas que deben lograrse, no sólo en materia de producción o de productividad, sino de otros intangibles como son atención al cliente, calidad en los servicios, captación general de nuevos clientes, mejoras en materia de prevención de riesgos, o logros en lo que hace a la protección del medio ambiente. La diversidad y multiplicidad de sistemas generaron un espectro sumamente complejo, que en general da lugar a efectos negativos e inesperados cuando se enfrentan con los aumentos generales, que son fijos y no están ligados a la productividad, como se está dando por vía de las mejoras de los básicos de los convenios colectivos. Estas correcciones pueden desplazar la base, en otros casos obligan a cambios para preservar las diferencias (ya que se producen achatamientos) y, por último, petrifican retribuciones variables, perdiéndose con ello el sentido y objetivo que dieron lugar a su implementación.
• Daños
Los daños más destacados son: 1) a los trabajadores mal categorizados, se les actualiza su retribución por encima de su nivel de entrenamiento y capacitación; 2) a los trabajadores con salarios diferenciados se los afecta en aquellos ajustes que se les concedieron por sus méritos; 3) se potencian con los aumentos generales los adicionales « enganchados» con los básicos, enganche que se produjo en momentos en donde se suponía que los básicos no se modificarían fácilmente; 4) también están ligados a estos cambios los adicionales de convenio porcentuales o los fijos que se los actualiza por acuerdo expreso conforme el cambio de los básicos; y 5) se distorsiona toda la estructura y se altera el objetivo para el que fue creado cada instrumento.
La búsqueda sistemática de ajustes por vía de los convenios, que seguramente tendrá frecuencia anual, obligará a las empresas a hacer una revisión total de su plan de compensaciones, haciendo a la vez reingeniería del sistema. Se buscará de esta forma amortiguar el impacto de los ajustes impuestos por el rol que se le ha fijado a la negociación colectiva, como rector de los ingresos, en perjuicio del control de la política salarial de las empresas, esencial para controlar los costos y preservar la competitividad.
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