¿Puede la economía argentina crecer si tiene atado un collar de melones?

Opiniones

El melón más grande que llevamos, tanto las personas como las familias, empresas y el propio país, es el enorme costo del capital.

Estamos en franca recesión por mil razones distintas. Atribuirlo solamente a la pandemia de coronavirus Covid-19 nos lleva a un error de diagnóstico y por lo tanto los remedios no serán los apropiados. Tampoco es útil echar la culpa al Gobierno anterior e ir para atrás varias décadas. Necesitamos entender dónde estamos, porqué estamos como estamos, y ver qué podemos modificar para lograr un razonable desarrollo.

Aún cuando la pandemia sea la principal causa, es indispensable pensar cómo comenzamos a crecer. Para ello hay que facilitar, liberar, modernizar o democratizar muchísimas actividades en Argentina. Hoy, el país usa un collar de melones.

Los melones son las restricciones: impuestos altos pero sobretodo de difícil cumplimiento, créditos fiscales irrecuperables, permisos y requisitos que dan lugar a todo tipo de interpretaciones al inspector de turno.

Los que usamos el collar de melones somos todos: las empresas que tienen desde precios máximos a permisos para transitar o importar, las personas que tenemos la suerte de tener trabajo que debemos pagar impuestos por trabajar e impuestos para cuando dejemos de trabajar, y aquellos que no pueden trabajar también cargan con sus melones, ya que la legislación es tal que si comenzaran a trabajar perderían los pocos beneficios que tienen.

No hay un solo melón sino un verdadero collar. Las restricciones económicas son grandes pero sobretodo tenemos reglas de juego cambiantes. O no se respetan las que creíamos que teníamos. El Poder Judicial es lento y caro. Aún cuando se digitalicen actividades, los procedimientos no se modifican.

El Poder Legislativo no responde a sus votantes directos, ya sea porque hay “sábanas” de candidatos sino porque se considera natural que tengan lealtad a su dirigente y no a sus votantes o al menos a su distrito.

El Poder Ejecutivo actúa dando por hecho que no debe rendir cuentas de sus actos. Dar publicidad a los actos de gobierno se interpreta como poner anuncios o auspicios en los medios (como si fuera una campaña) y de paso tener una influencia manifiesta sobre sus resultados. Recuerdo al lector que la publicidad de los actos de gobierno significa detallar ingresos y gastos. ¡Con internet debería ser muy fácil y casi gratis!

Imagine a alguien joven tratando de bailar o correr con un collar de melones. Parece difícil, incómodo y poco atractivo. Nuestro país debe competir con otros 200 países para lograr inversiones. Asimismo debe ser mejor y más barato en algún producto, para poder exportar. Imagine a un anciano debiendo acarrear un collar de melones. Su espalda difícilmente lo soportaría: si no permitimos que las industrias se modernicen y equipen, todo nuestro sistema regulatorio los aplastará.

Imagine tratar de vender un collar de melones. Si alguien lo comprara sería para… ¡comerlo! Lo mismo ocurre cuando intentamos convencer a alguien de las bondades de nuestro país. Si alguien quisiera venir a invertir, aceptando las actuales reglas de juego, será porque las ventajas son enormes.

El melón más grande que llevamos, tanto las personas como las familias, empresas y el propio país, es el enorme costo del capital. Por diversas razones la tasa de interés es altísima. Eso es equivalente a un impuesto al futuro.

Con alta tasa de interés pocas decisiones que tendrán frutos dentro de algunos años valen la pena. No vale la pena estudiar, ni montar una fábrica ni capacitar al personal. Tengamos claro que para tener un mejor futuro es esencial acumular capital, y que capital no es sólo dinero.

Me refiero fundamentalmente a acumular capital humano -lo que sabemos hacer-, capital social -con quién lo sabemos hacer- y capital financiero -con qué recursos lo vamos a hacer-. Debemos bajar nuestro elevado costo del capital para que valga la pena invertir y ahorrar. Nadie debería llevar ese melón al cuello.

(*) Economista Universidad Cema.

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