Memoria activa 2001 (tercera parte)

Opiniones

Fernando De la Rúa asumió el 10 de diciembre del año 1999, a poco de iniciarse el nuevo siglo, y tuvo que abandonar dos años después, el 20 de diciembre de 2001.

Fernando De la Rúa asumió el 10 de diciembre del año 1999, a poco de iniciarse el nuevo siglo, y tuvo que abandonar dos años después, el 20 de diciembre de 2001. Este breve pero acelerado gobierno tuvo un enorme impacto en la historia argentina reciente.

De la Rúa abandonó el barco en medio de una crisis inédita, que tuvo un enorme costo social: desde el congelamiento de los depósitos (corralito), aumento geométrico de la pobreza y el desempleo, enormes pérdidas de ingreso y transferencias desde los más pobres a los más ricos, mientras ésta sucedía. Los meses que siguieron con millones de damnificados, de la devaluación y pesificación asimétrica.

En la dinámica de este desmoronamiento de un gobierno hay una dimensión que debe ser estudiada más a fondo, que es el rol que jugó la comunidad de expertos en economía. Los economistas han sido los verdaderos artífices y portadores de la ideología dominante durante aquellos años. En esta comunidad de expertos existía un consenso muy extendido, hegemónico e inamovible sobre las políticas económicas que tenía que adoptar la Argentina por aquellos tiempos. Por lo tanto, para entender mejor lo que ocurrió es necesario profundizar en el conocimiento de esta red de personalidades influyentes.

La dominancia financiera sobre la política tuvo mucho que ver con estos individuos clave de aquél período. Y no se trató de un fenómeno circunscrito a la Argentina. La década de los años 90, caracterizada por el Consenso de Washington y las reformas económicas neoliberales en varios países del mundo, fue la década de los políticos tecnócratas. O technopols, como los denominó Jorge Domínguez (1997). Y el technopol argentino clave fue Domingo Cavallo. Este economista con un doctorado en la Universidad de Harvard y uno de los más conocidos profesionales de las ciencias económicas argentinas, fue fundamental en esta comunidad de expertos.

La llamaremos “élite tecnocrática”, siguiendo al clásico de Robert Putnam (1977). La tecnocracia o "gobierno de los técnicos", definido por Putnam, se caracteriza por ciertas creencias y convicciones. Los tecnócratas creen que la técnica y la planificación racional deben reemplazar a la política de las negociaciones, los apoyos y las concesiones. Que el tecnócrata debe definir su propio rol, y estar libre de compromisos políticos.

Creen que el progreso o el bien buscado se consiguen mediante la despolitización, y desconfían de los valores, las ideologías y las lógicas de la política partidaria. El Estado, en la mentalidad tecnocrática, es un implementador de políticas públicas que debe colocarse por encima de los intereses sociales.

El índice de empleo en el Gran Buenos Aires acentuaba la caída en 2001, siendo las pequeñas y medianas empresas, y el sector de la construcción, los más perjudicados. Adicionalmente, las expectativas de los empresarios en cuanto a incrementar el personal eran desalentadoras, lo cual sumado al deterioro de los indicadores reales, hacía prever nuevas caídas del empleo en los meses venideros.

Si bien en términos interanuales venia registrándose una incesante caída, era destacable la aceleración de la tendencia negativa en los meses de julio y agosto en los tres conglomerados más importantes del país: GBA: (-1.7% a/a en julio), (-3.0% a/a en agosto); Gran Córdoba: (-2.9% a/a en julio), (-3.4% a/a en agosto); Gran Rosario: (-0.8% a/a en julio), (-1.1% a/a en agosto). A todo esto la crisis financiera que atravesaba la economía mantenía elevadas las tasas de interés y dificultaba el acceso al crédito con mayor dureza a las PyMEs. Pero la tecnocracia neoliberal, no registra estos temas.

Diversos trabajos, han investigado las modalidades de la tecnocracia en la política latinoamericana. Y eso nos lleva a entender mejor la crisis de 2001. El caso argentino mostró los límites de los políticos tecnócratas. La ausencia de una base de sustentación política a las decisiones de política económica debilitó aún más a un gobierno ya débil, y condujo al presidente al colapso; la solución a la crisis, posteriormente, no vino de la tecnocracia sino de la reconstitución de la política y sus instituciones.

La pregunta es: ¿por qué, en un contexto de crisis política y vulnerabilidad económica, el presidente De la Rúa creyó que la tecnocratización podía constituir una salida? Esa fe en la política tecnocrática formó parte de una época, que la escalada de la crisis contribuyó a cerrar: tras la crisis argentina, los políticos tecnócratas retrocederían en buena parte del mundo.

FUERON MODA EN LOS NOVENTA

Nos ocuparemos de caracterizar al político tecnócrata a partir de algunos casos paradigmáticos en países con características similares: transición política, cambio de régimen, y reforma económica. Domingo Felipe Cavallo fue, en nuestro país, el representante de esta estirpe de tecnócratas especializados en reformas neoliberales en los llamados “mercados emergentes”.

Aunque la lista no es exhaustiva, y se basa en las referencias y menciones en diferentes textos al respecto, seleccionamos un conjunto de trece personalidades (Cavallo, Aspe, Salinas de Gortari, Zedillo, Gaidar, Lee, Singh, Ozal, Cardoso, Kandir, Malan, Bacha, Franco) de siete países (Argentina, México, Rusia, Taiwán, India, Turquía, Brasil) para describir al perfil del technopol o político tecnócrata de los 90. Se trata de, en realidad, un fenómeno mucho más extendido que este grupo de casos ilustrativos: buena parte de los países del planeta conocieron a este tipo de dirigentes.

Las trayectorias de los trece casos seleccionados -todos masculinos, cabe destacar- tuvieron muchos puntos en común. Todos ellos se hicieron conocidos como economistas, y todos salvo dos, contaban con postgrados y doctorados en prestigiosas escuelas de economía; las dos excepciones fueron Ozal y Cardoso, quienes venían de otras formaciones académicas (uno ingeniero, el otro sociólogo y politólogo), pero ejercieron la profesión económica de todos modos. Y todos ellos, construyeron sus carreras de gobierno a partir de haber ejercido importantes cargos de función pública en áreas económicas. Varios de ellos (Salinas, Zedillo, Lee, Singh, Ozal, Cardoso) fueron presidentes de sus países tras haber manejado, como técnicos, la política económica; Cavallo y Aspe quisieron serlo, pero la suerte no los acompañó. Continuará mañana.

(*) Profesor de Posgrado UBA y Maestrías en universidades privadas. Máster en Política Económica Internacional, Doctor en Ciencia Política, autor de 6 libros. @PabloTigani

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