A la luz del fracaso de la experiencia Macrista, el nivel de deuda pública era un problema inmanente en octubre 2019, estábamos sin acceso a ninguna fuente de financiamiento, el país tenía problemas de liquidez y solvencia.
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No había reestructuración de deuda que devolviera a la Argentina a un camino de deuda sustentable, que evitara el choque. Sin programa económico ni acceso al mercado internacional, habíamos estado a la deriva por 4 años. Y entonces, para reestructurar la deuda y que esa reestructuración fuese la última, sería necesario un programa fiscal que hiciera sustentable la reestructuración y que el mismo fuera creíble. Una pandilla de embusteros se había apoderado del Estado y había mentido tanto, que nadie les creía nada.
EN LOS PRIMEROS 5 MESES DE 2020 NO tendríamos CÓMO PAGAR
Las obligaciones de deuda en pesos alcanzaban un pico en abril 2020, totalizando $ 310 mil millones, y las obligaciones de deuda en dólares ascendían en mayo, llegando a alcanzar u$s 6.000 millones, cuando había un pago de u$s1.962 millones al Club de Paris.
Una demora en la reestructuración de la deuda para evitar el default, podía llevar a una excesiva emisión monetaria que desestabilizaría cualquier programa económico. Apremiaba reestructurar la deuda en pesos que ya había sido defaulteada selectivamente (reperfilada compulsivamente), a fin de reducir la emisión de origen fiscal. El Gobierno debía apuntar a mantener controlada la emisión monetaria. El dilema era que no se podía emitir para todo, pero tampoco se podía dejar de pagar.
Dentro de todas las plagas de Egipto que dejaba Macri, por lo menos la cantidad real de dinero estaba en niveles mínimos (nadie quería pesos), el nivel de circulante en poder del público era 45% menor al de 2012 (con Cristina Kirchner), el M1 privado 40% menor y, el M2 privado un tercio menor. Un programa económico que mantuviera en terreno positivo el retorno real en pesos de los plazos fijos y que generara expectativas de menor inflación, podía dar lugar a una monetización que permitiera una emisión controlada evitándose una aceleración de la tasa de inflación.
DEJARON RUINAS
Además de las necesidades fiscales de emisión, el próximo gobierno potencialmente, tendría que emitir para desarmar de manera gradual y parcial el stock de Leliq y regenerar el crédito, emitir para comprar los dólares del superávit comercial e incrementar las reservas.
La especulación de esta gentuza era que le estallara una hiperinflación al próximo presidente. “La gente” (como solían llamar a la ciudadanía o al pueblo) al Macrismo le importaba un rábano.
Se requería generar superávit fiscal primario, no solo para hacer sustentable la deuda, sino para comprar el superávit comercial, amplificar las reservas y pagar compromisos en dólares. El margen de remonetización era potencialmente significativo, siempre que el programa económico que se pusiera en marcha generara las condiciones para ello.
EL PRÓXIMO GOBIERNO ENFRENTARIA EL DILEMA DE LA EMISIÓN
No era factible emitir simultáneamente para atender el pago de las Lecaps y Lecers ya defaulteadas, seguir desarmando el stock de Leliq para acercar algún nivel de crédito y comprar el superávit comercial contra emisión para aumentar las reservas y pagar la deuda en dólares.
El gobierno tenía que volver a defaultear deuda (reperfilar) anticipadamente en pesos la que ya había sido defaulteada, para reducir la emisión requerida para financiar al Tesoro.
En materia fiscal, lo aconsejable era mostrar un sendero de consolidación fiscal, pero - ¿quién se imaginar la pandemia COVID 19 en el mismo semestre? - La Argentina necesitaba un superávit que sería difícil de alcanzar con un legado plagado de carencias sociales.
Mínimamente, en 2019 el gobierno tendría que haber mostrado equilibrio primario, ayudando a los años venideros, porque no se podía empezar un Gobierno aumentándole la presión tributarita al círculo rojo, aunque lo conveniente hubiese sido que si se hiciera. Se debía bajar el insostenible gasto publico Macrista. Pero un aumento del déficit primario en 2020 sería negativo para la negociación de la deuda y para el programa monetario 2020. En realidad, era lo que políticamente les interesaba, hacer fracasar al próximo Gobierno, antes de comenzar. Dejaban una inercia que llevaría el déficit primario a 2.8% del PBI en 2020
Antes de la pandemia, un 2020 con déficit primario creciente iba a ser incompatible con una negociación rápida y ordenada de la deuda y con un nivel de emisión monetaria macroeconómicamente razonable.
Para lograr una trayectoria de deuda/PBI sostenible se requeriría un superávit primario de 2 puntos del PBI. Suponiendo un costo promedio de la deuda de 6% y, asumiendo una tasa de crecimiento a mediano plazo del orden de 2%, sería necesario lograr un superávit fiscal primario de 2% del PBI para que la deuda no siguiera creciendo en el tiempo.
En relación al régimen cambiario, lucia que el segundo cepo de Macri tendría que mantenerse. Era probable que el tipo de cambio real oficial se fuera atrasando lentamente, aunque ya lo estaba, y solo si se implementaba un programa consistente con brechas moderadas, por lo menos podía no dispararse. De hecho, el tipo de cambio se encontraba en un nivel poco competitivo dados los fundamentos de la economía real.
El futuro gobierno pretendía comprar el superávit comercial, aumentando las reservas y pagando la deuda en dólares, todo iba a ser muy difícil.
Se estaba al corriente que habría un acuerdo entre empresarios, sindicalistas y Estado con la intención de quebrar la inercia inflacionaria y la indexación, coordinando expectativas.
Si la política de ingresos era acompañada por una política fiscal, monetaria y cambiaria consistente, un pacto social podía funcionar como un instrumento para disociar la indexación. Se deseaba un pacto social para lograr alguna recomposición de los 20 puntos que perdió el salario en el periodo Macrista.
El nuevo intento de reforma neoliberal había sido vago como sus funcionarios, pero en otro sentido, en realidad antes que un proyecto económico, había sido el plan de negocios de una pandilla que arrasó el pais en solo 4 años.
Director de Fundación Esperanza. https://fundacionesperanza.com.ar/ Profesor de Posgrado UBA y Maestrías en universidades privadas. Máster en Política Económica Internacional, Doctor en Ciencia Política, autor de 6 libros
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