7 de septiembre 2023 - 08:18

Debate por la deuda pública: crónica de un default anunciado (Parte CIV)

Mauricio Macri y Alberto Fernández.

Mauricio Macri y Alberto Fernández.

Agencia Noticias Argentina

BANCARROTA FINANCIERA, MORAL, SENTIMENTAL Y, ESPIRITUAL (2015-2019)

Algunos colegas de Paul Samuelson les critican sus contribuciones a los modelos cuantitativos y de optimización, según dicen, su énfasis matemático atrasó la ciencia social que es “la economía”, al reducir la disciplina intelectual y reflexiva en que se estaba convirtiendo, a un intento de constituirla en “ciencia exacta”.

Antes hubo auténticos pensadores como Keynes y Hayek, quienes según aquel consenso de cientistas económicos también dice, fueron desplazados por alejarse de la “pseudo física financiera” (Taleb). Mucho egresado de Escuela de Negocio más que dé universidades de Ciencias Económicas o Sociales lucen como encargados de problemas de ingeniería corriente. A estos ejemplos, Macri les confió la economía del país. A quienes una y otra vez intentan lucir como egresados de ciencias exactas, ejerciendo apariencias de “físicos nucleares” delante de sus audiencias.

Estos sujetos que no se ausentan nunca, que aún no se fueron y ya están regresando metiendo su enorme contrabando ideológico y de intereses, los que han contribuido a destruir el país: Sturzenegger, Melconian, Roque Fernández y Carlos Rodríguez-ocupando cargos o aplaudiendo desde la tribuna fueron parte, mientras entre 2015-2019 maratoneaban mirando las 4 temporadas de la serie: “Don gato y su pandilla”. Una tragi-comedia de actores taimados y vagabundos, ejecutando hechos inconfesables.

Se va Macri. Asume Alberto Fernández Y LLEGA LA PANDEMIA

Desde marzo 2020, el mayor déficit fiscal que acarreó la pandemia tenía que ser financiado con emisión monetaria porque Macri y Caputo habían perdido el financiamiento internacional en enero 2018. Con “Juntos por el Cambio” y sus economistas: Prat Gay, Sturzenegger, Dujovne, Caputo, Sandleris, Lacunza, González Fraga y Melconian volvimos a caernos del mundo.

Antes de la pandemia, la idea de desarmar las Leliq para impulsar el crédito implicaba emisión del BCRA. Si la deuda en pesos que no lograba refinanciarse debería pagarse con emisión monetaria. Aun para comprar los deseados excesos de dólares había que volver a emitir. Todos esos frentes se le dejaron abiertos a Alberto Fernández. Lo tenía que resolver su BCRA. No obstante, decíamos, estaba la necesidad de emitir para mitigar el impacto de la pandemia, y crecía la probabilidad de que la deuda en pesos se terminara canjeando compulsivamente. Macri consintió todo para que ocurriera un próximo default generalizado.

Los recursos reales de los cuales podía apropiarse el Estado, vía la emisión de pesos tenía límites, como mucho se podía extraer de la demanda de pesos 3% o 4% del PBI.

El Coronavirus y la crisis mundial le pegaron el tiro de gracia a una Argentina devastada por el Macrismo. Con una macroeconomía absolutamente vulnerable, en fase recesiva desde 2018, no había mucho para inventar. En ese tejido de condiciones macroeconómicas enfermizas y pandemia, el Gobierno de Alberto Fernández reaccionó pertinentemente, respondiendo en forma contundente, poniendo al país en cuarentena y cerrando fronteras. También lanzó ágilmente un conjunto de medidas de estímulo fiscal y monetario, para atemperar el impacto perjudicial de la crisis global.

Con una economía endeble y una macroeconomía descalabrada, se sabía que el aislamiento obligatorio iba a pegar fuerte, los grados de libertad eran menores y los riesgos macroeconómicos más elevados.

Previo a la pandemia, no había un programa cuantitativo, y tampoco lo había después. Pero se lo podían a propósito, porque se sabía que no se podía siquiera pensar en tenerlo listo.

Eventualmente Argentina y el mundo, tenderían a aumentar la tasa de inflación, aun con recesión a través de los canales de transmisión de la política monetaria. Además, los esfuerzos de las políticas fiscal y monetaria más expansivas no podrían evitar una fuerte contracción de la economía local. Las políticas anticíclicas solo podrían atenuar su rigor. La recesión de los 4 años de Macri tendería a acelerarse en 2020. El déficit fiscal primario treparía a 4% del PBI en 2020 y era probable que creciera la tasa de expansión monetaria.

Había terror en gran parte de la sociedad mundial. Las víctimas de COVID comenzaban a morir de manera creciente, nadie sabía cuánto duraría la pandemia a nivel global ni local. Tentativamente, “los grupos anti vacuna” asumían el brote del Coronavirus como un elemento para hacer política de odio. Conferenciaban de un periodo de 3 o 4 meses. Así las cosas, se trabajaba con caída del nivel de actividad de (-5%) en 2020 (mitad de arrastre Macrista y, mitad de Coronavirus). En marzo 2020, no se descartaba que se enmarañara la reestructuración de la deuda y el país entrara en default generalizado, producto de la situación heredada del gobierno anterior, más la pandemia.

Las medidas tomadas en la emergencia fueron adecuadas, el problema era que la macroeconomía argentina venía de “default selectivo” (S&P), y sin el margen táctico que el resto de los países poseían. Macri dejo al país segundo, después de Venezuela, en la tabla de posiciones de calamidades económicas.

En ese contexto, era clave estimar el tiempo de duración de la pandemia, pero nadie podía evaluar lapsos. El anti peronismo hablaba de suspender la emergencia, y proponía que las medidas expansivas fueran moderadas y transitorias. Macri le dijo a Alberto Fernández: “que mueran los que tengan que morir” (A.F). Comenzaba a hacerse política con “la vida”. Encarrilar la macroeconomía, estaba primero que salvar vidas.

Se desplomaba la demanda externa por productos argentinos. Brasil entraba en recesión, caía el precio internacional de la soja, el peso argentino perdía competitividad ante otras monedas que se devaluaban y, “el club de la devaluación” comenzaba a presionar. El aislamiento obligatorio estaba afectando la demanda, la producción y, eventualmente, el empleo, pero los sortílegos y agoreros pedían sangre.

La Argentina de Macri dejó desequilibrio fiscal primario y financiero, altísima inflación, endeudamiento absurdo e imposible de sufragar, patrocinó un mercado local de capitales inexistentes, una economía destruida, bajísimo volumen de exportaciones, caída de la inversión, cepo cambiario, bajísimo stock de reservas y, un marco institucional descalabrado. Con estas características llegaba Alberto Fernández al primer trimestre, y le sumaba a la situación, el aislamiento obligatorio elevando los riesgos macroeconómicos y sociales.

En ese escenario, el gobierno aspiraba reestructurar la deuda pública garantizando su sostenibilidad, bajo los supuestos macroeconómicos presentados por el ministro de Economía, consistentes con los senderos fiscales y externos, compatibles con una recuperación económica y una economía que pudiera absorber shocks exógenos. En función de ello, los principales lineamientos sobre la reestructuración de deuda que fijó el gobierno fueron, la deuda elegible a reestructurar, que era de u$s 83 mil millones, correspondiente a los bonos en moneda extranjera con el sector privado, excluyendo deuda con agencias públicas y organismos internacionales.

El ciclo de gracia necesario, traspasadas las desastrosas limitaciones de balance de pagos e indisposición final del mercado de crédito internacional, requería un período libre de pagos, necesario para la recuperación de la actividad y para fortalecer las reservas del BCRA. La reducción de cupones se estimaba que iba a reducirse sustancialmente. Por el limite en la capacidad de servicio de la deuda en moneda extranjera, por el bajo nivel de exportaciones, la necesidad de flexibilizar las restricciones cambiarias y desarrollar un mercado de capitales local, el gobierno consideraba que deberían limitarse los pagos de deuda en moneda extranjera.

Con respecto la deuda con los organismos internacionales, el gobierno deseaba refinanciar la deuda con el FMI hasta recuperar el acceso al mercado voluntario. El resto de la deuda con organismos internacionales se asumía que se refinanciaría perdurablemente.

La deuda a corto plazo en pesos, se mantendría constante en dólares y se refinanciaría a una tasa de interés real de 1.3%. Desde 2027 en adelante se suponía que las necesidades de financiamiento se cubrirían renovándose 40% con nueva deuda en pesos y 60% con nueva deuda en moneda extranjera. La deuda en pesos a mediano plazo, se financiaría con instrumentos ajustables por CER a lo largo de la curva.

DARWINISMO VERSUS BIBLIA

Edward Osborne Wilson (evolucionista-sociobiólogo) razonó que el cerebro humano evolucionó durante miles de años para comprometerse emocionalmente solo con un pequeño fragmento de la geografía, con una franja limitada de parientes y dos o tres generaciones en el futuro. No mirar hacia delante, ni hacia atrás, es elemental en el sentido darwiniano…y, negligente.

Pero en el sentido cristiano, “no darwiniano” (85.15% de la población argentina-datosmacro.com, 2010), subsiste que habrá un día de juicio y destrucción para los librepensadores, escépticos, que no temen a Dios. Y, se les advierte a los cristianos: que no sea que, arrastrados por el error de esos libertinos, pierdan la estabilidad, y caigan. (Capítulo 3 de la Segunda Epístola, San Pedro, La Biblia). Los actores de confesión cristiana, deberían preguntarse y, eventualmente arrepentirse - ¿Habrá tenido sentido vivir sin piedad, siguiendo conductas tan indignas? -

Director de Fundación Esperanza. https://fundacionesperanza.com.ar/ Profesor de Posgrado UBA y Maestrías en universidades privadas. Máster en Política Económica Internacional, Doctor en Ciencia Política, autor de 6 libros

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