“Se reperfilaron todo”. Los finales inciertos de un gobierno neoliberal, coincidieron siempre con políticas económicas y apellidos que nunca ayudaron. Argentina defaulteó en forma selectiva a solo 18 años de hacerlo primero (S&P). En 2001 el país se precipitaba al abismo, con muchos ideólogos, acólitos y, actores mayores y menores que estaban con Macri. Por destacar algunos: Patricia Bullrich, Federico Sturzenegger, Nicolas Dujovne, Hernán Lombardi.
Debate por la deuda pública: crónica de un default anunciado (Parte LXXXIX)
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Frecuentemente los problemas de la deuda, causados por elevados pasivos del sector público, se producen con gobiernos pro mercado. No se sabe bien porque son más confiables que los gobiernos populares, para otorgarles préstamos. Paradójicamente, el último Gobierno popular canceló las deudas que contrajo el neoliberalismo.
La otra peculiaridad de los períodos de gobiernos pro mercado es que generan deudas con alta proporción en moneda extranjera (recuerde los 152 tipos de bonos en diferentes monedas que renegoció el Gobierno de Néstor Kirchner).
Teniendo en cuenta los episodios de retiro de depósitos previos y posteriores a las PASO 2019, las ventas cuantiosas de bonos locales, ajustando el saldo de la deuda de agosto por el tipo de cambio nominal, provisoriamente el stock de deuda era del orden de 92% del PBI. De la Rúa defaulteó con solo 56 puntos de deuda a PBI. Blanqueada la devaluación, con la pesificación la deuda representaba 168% del PBI. A raíz de la reestructuración de la deuda en 2005, la deuda pública se redujo a 39% del PBI en 2011 y, se consolidó en alrededor de 40% hasta 2014.
El sector privado alcanzó una ratio deuda/PBI menor al 11% en 2015. Pero es más complejo cuando miramos la deuda privada sobre patrimonio neto, o deuda sobre ventas. Nadia habla de esos temas.
Cuando Prat Gay (h) asumió el ministerio de Hacienda y Finanzas y Sturzenegger (h) la presidencia del BCRA, la estrategia consistió en volver a los mercados de deuda. Para ese fin, pagaron sin dilatar la negociación con los fondos buitres. El objetivo primario era acceder a la consiguiente “lluvia de dólares” prestados que aplacaría el tipo de cambio y permitiría que las tasas de 38% en Lebacs, otorgaran extraordinarias ganancias en dólares. Nada original. Lo mismo que hicieron Martínez de Hoz y Adolfo Diz, cuando sus padres eran director de BCRA y asesor de la dictadura cívico-militar. De ese modo se inició todo. Al final, las devaluaciones llevaron la relación deuda/PBI, desde 57% en 2017 a 105%.
Dado que el gran porcentaje de deuda estaba nominado en moneda extranjera, la relación deuda/PBI, devenía peligrosa, con un salto del tipo de cambio.
Todos los ciudadanos deberían hacer un curso de ciudadanía y aprender que es inconveniente endeudarse en una moneda que nuestro país no emite. Recuerde los préstamos hipotecarios en dólares que sacaron los argentinos-en los noventa-, para comprar departamentos de 2 ambientes a u$s 60.000, con sueldos de u$s 1.000. Luego del estallido 2001, el 2 ambiente valía u$s 23.000 y el sueldo era de solo u$250. Mientras su vivienda había perdido más de 62% en dólares, su sueldo se reducía a una cuarta parte de la misma moneda. Eso era para los que no estaban desempleados-alrededor de 22% de la PAT, más los subempleados, otro 23%.
La Argentina ha tenido históricamente una gran parte de deuda en moneda extranjera cada vez que estalló una crisis, pero parece no haber aprendido la lección. Incluso los deudores de préstamos UVA, repitieron la experiencia de la Circular 1050 del BCRA. Curiosamente, los años setenta, donde muchos padres de los funcionarios actuales, integraban sub secretarias, directorios o eran asesores.
El aviso de los mercados era cada vez más significativo. Caía abruptamente la credibilidad del gobierno de Macri. La interacción entre el ajuste del tipo de cambio, el temor a perder la gobernabilidad y, la infundada aversión de los mercados a la oposición, se potenciaban. En este contexto, la administración de los activos y pasivos del BCRA se volvía crucial.
El stock nominal de Leliq más “pases”, se aproximaba al stock de la base monetaria. Es decir, tenemos dos bases monetarias, a pesar de las cancelaciones con pesos que permitieron que el dólar siguiera subiendo. El stock de Leliq había estado aumentando groseramente en los últimos meses, por causa de la inaudita tasa de interés que los remuneraba. Desarmaron las Lebacs y armaron las Leliq. Las buenas ideas no abundaron nunca en el BCRA, ni Sturzenegger, Caputo o Sandleris resplandecieron por su gestión.
El stock nominal de Leliq estuvo convergiendo a la base monetaria, con el stock aumentando considerablemente en los últimos meses dada la ajustada posición monetaria del BCRA. En agosto 2019 era alrededor de 6% del PBI, desde 3.8% del PBI, en enero de 2019. Para que el stock de Leliq fuera sostenible, la recomposición de la monetización de la economía-la demanda real de pesos-era indispensable.
Una mayor demanda de activos en pesos, compensaría las desatinadas tasas reales que regían. La expansión del agregado monetario podía convertirse en el aspecto más perjudicial de la caída de las Leliq, así que pondría en riesgo la continuidad de esa política, porque finalmente ejercería más presión sobre el tipo de cambio y las reservas del BCRA.
Los bancos eran los únicos agentes de Leliq, ya que el canal monetario operaba a través de certificados de depósitos, sincronizados con las Leliq, más allá del diferencial que operaba por los requisitos. Por lo tanto, existía un frágil equilibrio entre las Leliq y los depósitos a plazo en pesos, que dependían de las tasas reales en moneda local. Si los depositantes arriban a la conclusión, que el riesgo de otra suba del dólar podía ser mayor, el incentivo para comprar de a u$s 10.000-permitidos-, cobrando sus depósitos en pesos y huyendo de los bancos, crecería, y eso sucedió.
La nueva incertidumbre devenía en un fermento tóxico para que los ahorristas expeliesen depósitos a plazo fijo en pesos y se pasaran a dólares. La dolarización de los activos monetarios metía más presión sobre el tipo de cambio y las reservas. El BCRA no dejaba de perder reservas. La fuente potencial de dolarización provenía de los depósitos en pesos, aunque había otras fuentes de dolarización.
El continuo descenso de las reservas retroalimentaba la incertidumbre. Las dudas que había expresado a un periodista, el más importante CEO de medios, quien al ser consultado sobre si el presidente llegaba al final del mandato respondió: “que se yo”, no fue de gran ayuda. En las consultoras recibíamos muchas consultas del tipo: - ¿Le soltaron la mano a Macri? - Los medios, por poco correligionarios, explicaban buena parte de la gobernabilidad, desde diciembre de 2017. Recuerde que los índices de pobreza “en tiempo real” se aproximaban al 40%. En un año se perdieron alrededor de 200.000 puestos de trabajo y, la industria, el consumo y la inversión no dejaban de derrumbarse.
Es cierto que el default y refinanciación de las letras del Tesoro: Letes, Lecaps, Lecer y Lelink, con inversores institucionales, tenía el objetivo de disipar las necesidades de liquidez a corto plazo, intentando salvaguardar las reservas, no obstante, la presión sobre las reservas, era directamente proporcional a la velocidad de caída de las mismas. Parecía que las medidas extremas que habían sido tomadas no alcanzarían. Aunque las necesidades del Tesoro cedieron después de la extensión involuntaria de los vencimientos, las presiones en el tipo de cambio por retiros de depósitos y dolarización de pesos, continuaban.
La posición del FMI frente al default selectivo fue cautelosa. La entidad entendía que las autoridades habían dado pasos importantes para resolver restricciones de liquidez y proteger las reservas. Pero la declaración que hicieron no trajo aliento, frente a la incertidumbre sobre si el mismo FMI desembolsaría los u$s 5.400 millones en el tercer trimestre, y los u$s 1.000 millones, inicialmente proyectados para el cuarto trimestre.
Los escenarios de sustentabilidad de la deuda, si seguía Macri cuatro años más, serian de alta incertidumbre. Eso era así, ya que las políticas a aplicar-según el presidente Macri- en un nuevo mandato, serian iguales a las actuales, pero más rápido. Una recesión más aguda y prolongada, haría que la caída de la recaudación fuera imposible de financiar con ahorros internos.
Las reservas brutas cayeron, por lo tanto, todo se encaminaba a obligarnos a aumentar el ajuste fiscal. Pero el ambiente social dificultaba ese compromiso. Existían altas probabilidades que la protesta social fuera en aumento. A pesar de la colaboración de la oposición, los sindicatos y, hasta el llamado a abstenerse al Polo Obrero, desde el ala política del Partido Obrero, todos colaboraban para parar un estallido social. Sin embargo, la incertidumbre también era elevada por la probabilidad de discontinuidad de las políticas restrictivas, debido al riesgo de un desborde social.
Era obvio que el próximo gobierno, iba a renegociar el programa acordado con el FMI, para evitar una crisis que se convirtiese en una tragedia como 2001. Nuevamente las recomendaciones del FMI habían contribuido a empeorar los problemas del país.
El riesgo de un nuevo evento de iliquidez no era bajo. Aunque Lacunza anunció una reestructuración compulsiva parcial, era default selectivo y, el mismo dio a entender que no todo estaba dicho. La seguridad jurídica ya estaba diezmada. El descontento de los inversores que fueron obligados a reprogramar sus vencimientos era altísimo. Un empresario local llego a decir algo mucho más fuerte que “se reperfilaron todo”. La extensión forzada de la deuda-con ley local-Bonos del Tesoro: Letes, Lecaps, Lecer y Lelink, en manos de inversores institucionales, no fue una buena idea. Así comenzó Cavallo con las AFJP, el primer tramo del Megacanje, fue coercitivo.
Las medidas para abordar la iliquidez de corto y mediano plazo y salvaguardar reservas, generaron todo tipo de suspicacias. Para los bonos de derecho local y extranjero, el gobierno “aclaró” que el nuevo perfil no incluiría recortes de capital o cupones, y se comprometió a honrar el servicio de la deuda, mientras se desarrollaban las negociaciones. Sin embargo, cualquier discusión sobre los bonos legales externos y locales probablemente necesitaba esperar hasta que se estableciera un nuevo gobierno. Para los bonos locales, la extensión del vencimiento se requería un proyecto de ley para ser aprobado por el Congreso.
Cambiemos no cambió mucho lo que hicieron Menem y De la Rúa y, le sumó el capitalismo de amiguetes de la dictadura cívico-militar. Cambiemos había llegado para restablecer aquellos fracasos: devaluaciones, inflación desbocada, default y pobreza.
Director de Fundación Esperanza. https://fundacionesperanza.com.ar/ Profesor de Posgrado UBA y Maestrías en universidades privadas. Máster en Política Económica Internacional, Doctor en Ciencia Política, autor de 6 libros
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