16 de marzo 2023 - 09:45

Debate por la deuda pública: crónica de un default anunciado (Parte XVI)

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Guioteca

El ego es el rubro más invisible en el balance del BCRA y en él se escondieron muchos presidentes de la entidad, desde 1976.

Tuvo entonces un presidente que no daba entrevistas a nadie, su nombre era Adolfo César Diz -previamente director ejecutivo del FMI, discípulo de Milton Friedman y precursor de los Chicago boys-, el jefe del Poder Ejecutivo era Jorge Rafael Videla y el ministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz. “La gente estará llena de egoísmo y avaricia; serán jactanciosos, arrogantes…” (profecía de San Pablo a 2da.Timoteo 3:2, a)

La realidad es que la economía no es una ciencia exacta-positiva, como física, o química, pero muchos “lo creen” y, creer es considerar una cosa como verdadera o segura, sin tener pruebas de su certeza. Economía es una ciencia social, cuyo factor determinante es el comportamiento de las personas, y como este es versátil, también las supuestas leyes económicas lo son. El individualismo metodológico que se emplea en la investigación económica, se acepte o no, está condicionado por el proceso de socialización.

Por ejemplo, si la inversión es la clave de una economía seria. - ¿Por qué el consumo explica el 80% de la tasa de crecimiento del PBI de EE.UU. en 2017? - Para las inversiones, el gasto publico y las exportaciones netas queda solo el 20% restante. Si la esterilización monetaria con la consecuente suba de las tasas de interés desacelera la inflación. - ¿Por qué en la Argentina el BCRA no había logrado demostrarlo, en casi un año y medio de intentos frustrados? -

Una posible respuesta: El rendimiento acumulado (ganancias en dólares de los inversores en LEBACS alcanzaba alrededor de 40% en 17 meses de gobierno (mayo 2017), asimétricamente lo mismo ocurría con el costo del BCRA.

Se mantenía “la bicicleta financiera” -con un leve toque-. El ciclismo consistía en mantener planchado el dólar, mientras los rendimientos (ganancias) medidos en pesos y dólares crecían.

A pesar de vendernos a Sturzenegger como un indiscutido teórico de la inflación monetaria al frente del BCRA, con 17 meses de política monetaria recesiva, la inflación minorista no bajaba. La realidad no les obedecía a los libros de Sturzenegger, ubicándose muy por encima de la criticada inflación del gobierno anterior. A pesar de la recesión, en mayo 2017 se consolidaban las expectativas coincidentes con el proceso inflacionario, los indicadores de precios mayoristas seguían aportando señales que no hacían prever que en el futuro las cosas cambiarían.

En lo que respecta a la actuación del BCRA, el directorio “no daba pie con bola”. Entre los relevantes integrantes estaban hijos y nietos de apellidos célebres como el vicepresidente Juan Llach (h) y Horacio Tomás Liendo (n). Algo así como los sobrinos de Cavallo.

El rendimiento de las LEBACS estampó un alza de 1.25% en relación a la licitación previa y 3.25% desde el 16 de marzo. Cada vez las ganancias de los inversores y las pérdidas del BCRA eran mayores.

En forma inconsistente, el BCRA subió las tasas de interés en pesos con el frustrado objetivo de combatir la inflación, aunque ahora se mostraba un poco activo en el mercado de cambios adquiriendo dólares para evitar una mayor apreciación del peso. Es decir, expandiendo pesos para comprar dólares, generaba nuevas necesidades de absorber los pesos emitidos. Con compras de 100 millones de dólares por día desde comienzos de mayo 2017, el BCRA subió la cotización del dólar un poco, pero presionando la tasa de interés para poder absorber los pesos.

La suba de tasas, tuvo su efecto recesivo, el BCRA hizo subir el dólar, pero a costa de despertar un gigante dormido. Los tenedores de LEBACS podían empezar a perder algo de lo ganado, con lo cual se instalaba un dilema.

Ahora la incertidumbre era si podría aparecer una masiva compra de dólares que generara un efecto “puerta 12” de aquellos que vendieran LEBACS.

La respuesta a una fuerte demanda de dólares seria subirle más las tasas a las LEBACS para que no se fueran al dólar (¿le suena?), al costo de generarle mas perdidas al BCRA.

Ya bailando en la cubierta del Titanic, un acontecimiento exógeno como Brasil (principal socio comercial-que devaluó su moneda), podía arrinconarnos con otro brote de inestabilidad regional. Brasil podía ocasionar derrames imprevisibles.

Recordábamos la devaluación brasilera de 1999 y, luego la crisis 2001. Los temores de que Brasil enfrentara una nueva crisis profundizaban el temor. Si a esto le sumábamos el nocivo servicio que el BCRA, Hacienda y Finanzas le estaban prestando al país, las perspectivas eran francamente desalentadoras para la Argentina. La incertidumbre de las elecciones de medio término, a medida que se acercaban no ayudaban. Ya afectaba el precio de las acciones, una suba del riesgo país y leve alza en la cotización del dólar.

A la moderada suba en la cotización del dólar, contribuyó la abundancia de préstamos crecientes que cada semana hacia el caldo gordo al crecimiento de la deuda en dólares. Si la recesión no cedía y la crisis política de Brasil se desataba, la desastrosa performance de la política económica Argentina se vería potenciada, afectando fuertemente sectores dependientes como el automotriz y en general, todas las exportaciones industriales.

Se calculaba que por cada 1% que caía la economía brasileña, afectaba 0.25% la economía argentina, con lo cual se sabía que la tasa de crecimiento de 2015 (ultimo año del gobierno anterior) pudo haber sido de alrededor de 3.5% o 4%, en lugar de 2.5%. De todos modos, Cristina Fernández de Kirchner encarnó el primer gobierno desde Illia que terminó su último año de mandato con crecimiento económico. Por lo expuesto, no habría crecimiento de 3.5% como el gobierno anunció, ni mucho menos 5% las consultoras optimistas como Estudio Bein & Asociados.

En un contexto donde el consumo, la inversión y las exportaciones no repuntaban, lo único que ascendían eran las importaciones, el cierre de industrias, comercios, las cifras de pobreza y desempleo.

Profesor de Posgrado UBA y Maestrías en universidades privadas. Máster en Política Económica Internacional, Doctor en Ciencia Política, autor de 6 libros. @PabloTigani

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