Mucho se ha dicho del formato elegido para los debates presidenciales 2019, el común denominador de las críticas refiere a la dificultad que ofrece a los candidatos para que se explayen en sus intervenciones, lo que afecta directamente a la exposición de propuestas y proyectos.
Letra y música del debate del 13 de octubre
El formato elegido para los debates presidenciales 2019, despertó críticas por el poco tiempo que ofrece a los candidatos, afectando la exposición de propuestas y proyectos.
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Será por eso que los candidatos en general prefirieron consolidar a través de este espacio lo anticipado durante sus campañas.
Así las cosas, la importancia de la actitud, la imagen, la gestualidad y tono de voz toman central relevancia ya que resulta dificultoso para los espectadores mantener la atención en un ping pong de cortas intervenciones.
En este sentido algunos de los candidatos mantuvieron un mismo estilo durante las dos horas del debate, este fue el caso de Alberto Fernández mostrándose firme, contundente, seguro en el decir y en reconocer un adversario concreto el presidente Mauricio Macri.
En ningún momento cambió su eje y hasta logró instalar la personalización del debate, a pesar del formato “no debate” y que algún otro candidato también tomó como el caso de José Luis Espert. Alberto Fernández ha iniciado esta campaña electoral bajo el formato “efecto sorpresa” y parece mantenerlo ya que en este debate también lo puso en valor.
De estar estos últimos días concentrado en futuras acciones de gobierno de hecho, llevándolas a cabo, arremete en el debate como quien está 15 puntos por debajo en el ranking electoral. A la ofensiva.
La mentira de Macri en el debate 2015, “representada” en la figura presente y destacada de Daniel Scioli, llevó a concreto esta denuncia y así Alberto Fernández tomó como propias las preocupaciones de parte de su electorado, decepcionado y defraudado por las promesas del actual Presidente.
Otro elemento que quizás por tanto fuego de artificio entre segmentos de 30 o 45 segundos haya pasado desapercibido es la definición de Alberto Fernández sobre su condición de no dogmático, que puede asumir posiciones tanto ortodoxas o heterodoxas. Considero este enunciado como un logro de síntesis “30 segundos” de lo que puede ser el sentido de su gobierno.
El candidato de Juntos por el Cambio comenzó “formateado” para un debate sin réplicas, probablemente con la seguridad que brinda cierta preparación anterior, pero las intervenciones de su principal adversario, ubicándolo en el lugar de la mentira y la falsedad de sus enunciados lograron su nerviosismo y malestar. Logro no menor en la dinámica de un debate.
En la segunda parte, Macri logra cierta espontaneidad asociando el gesto de “señalar con el dedo” de Alberto Fernández con el “dedito” al estilo CFK.
Definitivamente un “super gol” para su tribuna que se caracteriza más por el anti cristinismo que por la búsqueda de soluciones económicas para el país.
Es probable que su electorado haya quedado conforme con una actuación menos mala de lo previsto, sin embargo la sistemática re confirmación de Alberto Fernández y en alguna oportunidad confirmada por Roberto Lavagna, sobre la tergiversación de la realidad que hace el Presidente conduce directamente a lo que Mauricio Macri perdió a fines del 2017, la credibilidad, la confianza.
En el marco de este segmento de electores, vale la pena considerar la perfomance de José Luis Espert y la probabilidad de haber fidelizado parte de sus votantes que podrían migrar a Juntos por el Cambio en las elecciones generales.
Mantuvo mismo discurso que en campaña, se animó a cierta improvisación y a mencionar acciones impopulares como el arancelamiento de las universidades pública, discurso siempre tan bienvenido para sus votantes y los de Mauricio Macri.
Si bien a partir de un debate es altamente improbable que se cambie el sentido del voto, puede ayudar a retener como el caso recién expuesto.
La situación del candidato Roberto Lavagna, merece una reflexión a partir de una participación algo errática si bien absolutamente fiel a su estilo moderado, a sus tiempos, sin improvisaciones, e inclusive dejando pasar oportunidades de confrontar o responder aunque sea indirectamente, no las utilizó.
Pero la pregunta que cabe en este caso es: ¿Sus votantes o el perfil de los que pueden elegirlo valoran estos aspectos antes mencionados?
Nicolás del Caño, mantuvo el ejercicio de mantenerse enfrentado a todas las posiciones y resaltó con la acción concreta de la bandera de la legalización del aborto fuerte demanda de su electorado.
Como síntesis, considero que debemos tomar a los debates entre candidatos como una actividad de campaña más, ni como bisagra entre la campaña y el día de la elección ni como broche de la misma, lo que principalmente enriquecería a la propia actividad de debatir.
Entiendo que con el tiempo ese será su lugar.
(*) Socióloga



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