Según los últimos datos oficiales, el IPC de febrero registró una variación del 3,6% mensual y del 40,7% interanual. No obstante, si observamos el componente núcleo de la canasta de precios, hay un aumento mensual del 4,1%. Otra variable que describe la complejidad del escenario actual es el mercado laboral. La dinámica de éste, muestra que la recuperación de la economía del último trimestre no fue acompañada por una recuperación similar en el empleo. El empleo registrado, mostró una caída en los últimos meses del 2020 y la poca recuperación, estuvo concentrada en el empleo no registrado. Todo esto, enmarcado en una coyuntura donde el poder adquisitivo de los salarios, cayó un 8% en el primer bimestre del año con respecto al primer bimestre del 2020. Por otra parte, el tratamiento de Ganancias es sólo una modificación parcial.
Las 4 variables para seguir de cerca ante el riesgo de la monetización permanente
Cosecha, mercado de bonos, dólar ahorro y riesgo país, son las claves. Esta situación generaría más presiones sobre los dólares alternativos y la inflación, disparando expectativas devaluatorias.
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El gasto público cayó 11 puntos del PBI en 26 meses: casi todo el ajuste fue para sostener el superávit fiscal
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El déficit fiscal sigue estable, y en febrero se mantuvo en el 3,6%
Lo que se busca es sostener el atraso del tipo de cambio, el tarifario, el control de precios y la mayor intervención en el mercado de bonos para lograr disminuir la brecha cambiaria
Si tomamos las variables financieras, las cotizaciones del dólar se mantienen relativamente estables. Mientras que el riesgo país superó los 1.600 puntos básicos y sigue en un comportamiento alcista. La contracara de esto es el mercado de bonos, donde encontramos paridades semejantes a las que tenían en los años 2001 y 2002, aún luego de que el país hubiera declarado el default. Esto parecería dilucidar, que lo que se busca es sostener el atraso del tipo de cambio, el tarifario, el control de precios y la mayor intervención en el mercado de bonos para lograr disminuir la brecha cambiaria. Un combo que no sorprende en un año electoral.
Al margen de que en marzo giraron desde el BCRA hacia el Tesoro Nacional unos $70.000 millones. Lo que demuestra la necesidad financiera existente. Esta fragilidad queda expuesta con los datos de la propia oficina de presupuesto del Congreso. Según la misma, en febrero, la Administración Pública Nacional tuvo un déficit primario de $76.128 millones. Es decir, un 169,8% mayor que en febrero de 2020. Conformado por ingresos totales de $442.926 millones (un 7% más en términos reales) y con un gasto primario que llegó a los $519.059 millones (4,9% más en términos reales). Más allá del déficit de febrero, el resultado alcanzado en enero permitió cerrar en el primer bimestre de 2021 con un superávit primario de $62.549 millones. Del lado de los ingresos totales, los derechos de exportación se dispararon un 130,1% interanual (en términos reales). En tanto, la recaudación del Impuesto al Valor Agregado subió un 9,6% interanual y el Impuesto a las Ganancias un 25% interanual.
Asimismo, las partidas del gasto corriente con mayor ajuste en febrero pasado fueron jubilaciones y pensiones, por la suspensión de la ley de movilidad (explican el 60% del gasto operativo total y cayeron un 7% interanual en términos reales ) y salarios públicos (disminuyó un 11,7% interanual, también en términos reales). Las partidas que potenciaron el gasto público fueron subsidios económicos (empresas de servicios públicos subieron 224% interanual en términos reales debido al congelamiento tarifario), gastos de capital (obra pública) y programas sociales.
Dado este panorama económico-financiero, ¿Dónde deberíamos poner la mirada?
Como primera medida, en la vacuna, ya que es prácticamente inviable, en términos económicos, tener que volver a cerrar la economía por un rebrote (emitir 8 puntos del PBI para sostener el gasto público como en 2020 es insostenible y sin acceso a los mercados de deuda menos aún).
Por otra parte, las presiones cambiarias de este año podrían disminuir por el lado de la oferta como de la demanda con una “cosecha salvadora”. Pero, la sequía podría poner en jaque esta dinámica y con ella, a la soja (la Bolsa de Comercio de Rosario ya redujo sus proyecciones).
Además, el dólar ahorro generará menor demanda que en 2020, adicionando un turismo incipiente, el cierre de las importaciones y la reestructuración de deuda ya dispuesta por el BCRA que amortiguarán la presión sobre la demanda oficial.
Asimismo, la intervención en el mercado de bonos podría disminuir si se buscara acumular reservas y generaría un impacto nuevamente en la brecha cambiaria. Sin embargo hoy, el caudal de reservas netas sigue siendo acotado y la posibilidad de incrementarlas se ve reducida.
Por último, hay que seguir observando el riesgo país, dado que si no hay un ajuste de la política fiscal ni un acuerdo con el FMI, difícilmente se logre reducir lo cual le pondría un piso a la brecha cambiaria.
En un año con estas características, la contención de la brecha fiscal no se vislumbra. Por eso, en marzo, se volvieron a emitir pesos para financiar al Tesoro. En síntesis, el riesgo de la monetización permanente del déficit fiscal, generaría más presiones sobre los dólares alternativos y la inflación, disparando expectativas devaluatorias. Tarde o temprano, la corrección de estos desequilibrios llegarán (mediante la búsqueda de un consenso o simplemente ante el sinceramiento de los fundamentos).
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