No hay motivos para pensar en un corralito o una confiscación de depósitos

Opiniones

El sistema financiero local en dólares está sólido. Producto de los temores -fundados- de una devaluación del tipo de cambio oficial, nadie quiere endeudarse en divisas.

La situación cambiaria es muy compleja: a pesar del endurecimiento del cepo de la semana pasada, las presiones no cedieron y las Reservas brutas cayeron casi u$s400 millones desde que se reforzaron los controles a la compra de divisas el martes 15 de septiembre. Para peor, las Reservas netas perforaron los u$s7.500 millones, mostrando un retroceso cercano al 50% en lo que va del año. En la misma línea, las Reservas líquidas ya rozan los u$s1.000 millones, de modo que el poder de fuego del Banco Central para frenar una corrida contra el dólar oficial es muy reducido.

En este escenario de crisis, los rumores proliferan y todo parece posible: ¿se viene un corralito para los depósitos privados en dólares? ¿hay que ir urgentemente al banco a sacar el dinero, aun sin turno y en medio de una pandemia? A diferencia de otras notas, en donde expuse magras perspectivas para la actividad, la inflación o el frente cambiario, en este caso seré un poco más optimista: por ahora, no hay motivos para pensar en un corralito o una confiscación de depósitos.

El sistema financiero local en dólares está sólido. Producto de los temores -fundados- de una devaluación del tipo de cambio oficial, nadie quiere endeudarse en divisas. En este marco, la liquidez del sistema está en niveles inusualmente elevados: los depósitos privados rondan u$s17.200 millones y los préstamos alcanzan u$s6.000 millones. De esta forma, la liquidez de los depósitos es del 65% (en el primer semestre de 2019, el último período de “normalidad”, este porcentaje promedió 47%), un nivel particularmente alto. Cabe destacar que este porcentaje refleja no solo solidez del sistema, sino también las escasas opciones de inversión y el elevado riesgo del descalce de moneda para quienes tomen un préstamo en moneda dura.

En la misma línea, por las normativas vigentes, las entidades financieras tienen encajados u$s12.050 millones en el Banco Central. Además, para su propio resguardo, tienen efectivo por u$s3.100 millones. Por lo tanto, casi 9 de cada 10 dólares que quieran ser retirados disponen de una salida virtualmente inmediata (más allá de alguna escasez puntual por problemas logísticos). Se observa entonces cómo los temores de un colapso bancario, al menos por el momento, no tienen asidero.

Ahora bien, ¿cómo podría advertirse la crisis? ¿qué desenlaces podrían abrir la puerta a un colapso del sistema financiero, que termine con una confiscación de las tenencias privadas?

El primer indicador para tener en cuenta es la evolución de los depósitos en moneda extranjera. A modo de ejemplo, entre agosto y septiembre del año pasado, luego del resultado de las elecciones primarias, salieron casi u$s11.000 millones del sistema (-34%). Sin embargo, como los bancos comerciales se aprontaron a reducir su stock de préstamos para atenuar potenciales sobresaltos, la liquidez no se deterioró abruptamente, pasando de 50% en la previa a las elecciones a 37,5% en el cierre de agosto. En consecuencia, todos los que quisieron retirar su dinero pudieron hacerlo sin problemas.

En un sentido similar, el stock de depósitos privados está en retroceso desde el reciente endurecimiento del cepo (u$s-230 millones entre el 14 y el 21 de septiembre, último dato disponible). En este punto, vale remarcar que producto de la pandemia y las complicaciones que genera retirar el dinero de los bancos -los turnos no son inmediatos -, el drenaje es lento y por goteo, permitiendo anticipar comportamientos disruptivos, que al momento no se verificaron.

En otro orden, se pueden analizar también los encajes por depósitos en moneda extranjera en el Banco Central. Si la autoridad monetaria decidiera disponer de los mismos para intervenir en el mercado de cambios oficial y contrarrestar la presión de demanda, posiblemente decretaría un límite a su retiro. No obstante, esta situación todavía parece lejana e improbable: antes de adoptar semejante decisión, se reforzaría al máximo el cepo, cancelando la venta de dólares no solo para ahorro, sino además para algunas importaciones de lujo o no esenciales.

Algo similar sucedería ante una pesificación de los depósitos en dólares al tipo de cambio oficial. Un dólar “en billete” vale más que uno en el mercado de cambios, al cual no se puede acceder, de modo que esta medida tendría un efecto negativo sobre los ahorristas, provocándoles una suerte de pérdida de capital. Una vez más, esta medida sería tan extrema como costosa en términos políticos. Por lo tanto, el Banco Central optaría por endurecer el cepo antes que por esta potencial “pesificación asimétrica” en perjuicio de los ahorristas.

En síntesis, a pesar de los múltiples problemas que hay en el frente cambiario -o precisamente gracias a ellos: nadie quiere endeudarse en dólares, de modo que los bancos no pueden darle salida al cash-, que lamentablemente seguirán y hasta podrían agravarse, no hay un riesgo de corralito o confiscación de depósitos privados en el corto plazo. En la Argentina, así como en el mundo, las crisis se suceden, pero no siempre adoptan la misma forma: tensiones con las Reservas, el dólar oficial y el paralelo seguirá habiendo; con los ahorros, al menos por ahora, no.

(*) Economista jefe de Ecolatina.

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