27 de abril 2004 - 00:00

Deuda: mitos y realidades

En la Argentina, todos los gobiernos desarrollan su propio set de «creencias» respecto de la deuda pública, algunas correctas pero también varias equivocadas.

Así, respecto de la segunda mitad de los '90 se ha llegado a ponderar que se logró colocar deuda a mayores plazos, en más mercados y en múltiples monedas. He mostrado oportunamente que esos «logros» sólo reflejaban pasivamente las necesidades crecientes de recursos de un Estado deficitario carente de estrategia financiera.

Respecto de la década del '80, una nueva versión oficial de su propio mito afirma que fue el período de menor endeudamiento relativo, olvidando inexplicablemente la masiva colocación forzosa de títulos y depósitos indisponibles en los bancos y expansión de la base monetaria -pasivo del Banco Central- que caracterizaron esa década, que terminó -sin sorpresas- en hiperinflación.

Y durante la Alianza, se difundió oficialmente la «creencia» de que la deuda argentina era baja, que la deuda de corto plazo era manejable, que el crecimiento de ambas era compatible con la convertibilidad y que los mercados estarían dispuestos a financiar todas las necesidades de fondos del sector público.

Sería injusto que habiendo tratado de convencer a las administraciones anteriores de sus errores, no intente también convencer a la actual de que muchas de sus creencias respecto de la deuda no se compadecen con los números y/o con el análisis.

Con el espíritu de contribuir a que de un mejor conocimiento de la realidad surjan políticas más adecuadas, he seleccionado las siguientes once declaraciones para mi ensayo de persuasión.

1. «El problema es la deuda externa»

La deuda en default es mencionada permanentemente como deuda externa. Pero técnicamente la deuda externa es la que está en poder de no residentes, y así publica sus estadísticas el propio Estado. Este cambio de nombre confunde el hecho de que la deuda en default es deuda pública, diluye que fue generada por gasto público, y oculta que en aproximadamente 40% los acreedores son argentinos.

2. «La deuda se colocó a tasas de interés de 30% anual»


Según cifras oficiales, en promedio del período 1995-2000, las tasas de interés devengadas por la deuda pública nacional fueron, en rigor, de 6,4% anual, y de 9,8% anual los cupones de las nuevas colocaciones. En 2001, las tasas de interés de las nuevas colocaciones llegaron a 15% anual, pero para entonces la Argentina ya había atravesado el umbral del default.

3. «La Argentina no debe volver a pagar la deuda 'con hambre'»



Desde que la Argentina volvió a los mercados internacionales de deuda, contemporáneamente a su ingreso al plan Brady en 1993, a) no tuvo, en promedio, superávit primario, por lo que esencialmente no canceló siquiera parte de los intereses, que fueron financiados con nuevas emisiones de deuda; y b) la deuda pública creció incluso más que los intereses devengados. No es posible sostener, entonces, que la Argentina haya pagado la deuda, «con hambre» o sin ella.

4. «El problema han sido las políticas de ajuste del FMI»


Dado el intenso crecimiento de la deuda entre 1994 y 2001, resultado del aumento del gasto público y la ausencia de superávit primarios, es evidente que el error del FMI no fue requerir ajustes excesivos sino, por el contrario, en ser demasiado laxo con la Argentina. En este punto la visión oficial es todavía contradictoria; en tanto algunos funcionarios afirman que el error del FMI fue insistir en los ajustes, otros aseguran que el error estuvo en permitir que la Argentina se endeudara excesivamente.

5. «No queremos que la Argentina se endeude más»

Es lamentable que esta intención, correcta, se adopte tan tardíamente. Durante 2002/2003 se originó nueva deuda por u$s 17.200 millones, y aunque la mayor parte fue correctamente emitida en compensación de derechos de propiedad vulnerados, refleja la forma inadecuada en que se salió de la convertibilidad -que se tradujo en overshooting cambiario-y el gasto representado por la pesificación -además asimétrica- en el contexto de la hiperdevaluación resultante. Por otra parte, esa intención no se compadece con la emisión de nuevos BOCON por $ 39.900 millones (hasta 2030) prevista en el documento oficial «Análisis de sustentabilidad» que se publicó en diciembre.

6. «No queremos volver a los mercados»


Esta afirmación sólo puede significar: a) que los vencimientos, no sólo de intereses sino también de capital, se pagarán con superávit primario y financiamiento del Banco Central, lo cual exigiría superávit primarios superioresa 6% anual, vaciando además de fondos a cualquier propuesta a los acreedores impagos; y/o b) que los vencimientos de capital serán refinanciados por «decreto», «persuasión moral» o colocaciones forzosas, lo que implica que técnicamente la Argentina volvería a incurrir en default.

7. «La Argentina no puede pagar más porque ahora no hay 'salvatajes' de los organismos internacionales»


Los «salvatajes» no han estado dirigidos a hacer transferencias -gratuitas-de recursos que permitan pagar más a los acreedores privados, sino sólo a facilitar que los soberanos atraviesen dificultades financieras sin entrar en default, mientras reordenan sus políticas internas, y vuelven a los mercados. Esos salvatajes, por otro lado, incluyen como componente esencial la refinanciación de vencimientos por parte de los organismos, y no otra cosa es -en cuanto a los capitales-el esquema actual del acuerdo trienal con el FMI.

8. «La Argentina ha cancelado deuda con los organismos internacionales»


Es cierto que la Argentina canceló con los organismos internacionales vencimientos de capital por u$s 3,1 millones en 2002/2003. Pero esos pagos de capital habrían sido refinanciados si la Argentina hubiera logrado alcanzar más rápidamente un acuerdo con el FMI. El uso del superávit primario y del financiamiento del Banco Central para cancelar aceleradamente deuda por capital -en vez de poder acudir a los mercados para financiarla-no es el camino más conveniente para una economía en crisis, que tiene además pendiente la resolución de su situación de default.

9. «Un superávit primario mayor requiere bajar el gasto»


No es así. En 2004, dado el crecimiento estimable, el superávit primario de la Nación puede alcanzar 3,1% del PBI, con un aumento del gasto público primario nominal de 12,7% y real de 8,4%. Y si el gasto público real se mantuviera en 2004 en los niveles de 2003 -en que creció 14,4%-, el superávit primario de la Nación podría alcanzar a 4,4% del PBI.

10. «Un superávit primario mayor impide el crecimiento»

En 2003, el superávit primario superó en 0,5% del PBI el acordado con el FMI, y la economía tuvo una recuperación de 8,7%. Del mismo modo, en los primeros meses de 2004, el superávit primario nacional alcanzó a 3,6% del PBI, y la actividad global creció 9,9% en enero, y la industria creció 14,1% en el primer trimestre. Un mayor superávit que resuelva el default implicaría mayores pagos a argentinos, que también consumen e invierten, en tanto que los mayores pagos a no residentes reducirían las transferencias netas al exterior, por la previsible recomposición de la inversión externa. También se recrearía más rápidamente la inversión privada, que tiene aún 4%/5% del PBI de deficiencia respecto del período 1996-2000.

11. «Para resolver el problema del default hace falta entre 8% y 9% del PBI de superávit»


Un punto porcentual (1%) del PBI de superávit primario durante los próximos 30 años tiene un valor presente de u$s 19,3 millones descontado a 12% anual, y de u$s 22,3 millonesdescontado a 10% anual. De modo que, meramente como ilustración, cada 1% del PBI adicional de superávit primario permitiría agregar a la oferta a los acreedores 22% o casi 25% de valor presente de la deuda, según la tasa de descuento sea 12% o 10% anual.
Un superávit primario mantenido en 9% del PBI permitiría cancelar toda la deuda pública, incluyendo la deuda en default con sus intereses contractuales. Pero si se observara un superávit de ese nivel, la tasa de descuento se derrumbaría, y 9% de superávit primario sería equivalente, en rigor, a 2 veces la deuda pública total.

Tenemos todos la responsabilidad de corregir las ideas equivocadas que se difunden, y contribuir a la educación de la población, de modo que puedan adoptarse las medidas más adecuadas. Es la única forma de construir.

(*) Economista. Ex gerente general del Banco Central. Director de Julio A. Piekarz & Asociados.

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