Diego Armando Maradona es un ícono de la cultura popular argentina. Su carrera de poco más de diez segundos esquivando ingleses es suficiente para comprender las razones. Ahora bien, ¿cómo se explica la transcendencia de su figura fuera de nuestras fronteras, puesta en evidencia en los frecuentes y emotivos homenajes posteriores a su muerte? En este sentido, ¿qué factores estructurales proyectaron su talento y fama a escala global?
Diego Maradona, el primer star system del fútbol
Ese sistema pasó a explotar no sólo una forma de vida convertida en reality show sino también la nostalgia por su talento y las hazañas del pasado.
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En primer lugar, su carrera se dio en el marco de la transformación de la FIFA de tradicional y modesto organismo rector del fútbol a moderna y poderosa multinacional. El responsable de esta mutación fue Joao Havelange, designado presidente de la institución en 1974, apenas dos años antes del debut profesional de Maradona como futbolista.
Para atraer capitales y ampliar mercados, Havelange no sólo aumentó el número de equipos participantes en los torneos ya existentes sino también creó nuevos campeonatos, entre ellos la Copa Mundial Juvenil, cuya segunda edición se celebró en 1979 en el atractivo y poco explorado Japón y que consagró a Maradona como mejor jugador y mayor promesa del fútbol.
Asimismo, su llegada a Nápoles en 1984 coincidió con la metamorfosis que estaba teniendo lugar en el sistema de medios y deportivo italiano. Si bien por entonces el país era la meca del fútbol, el Estado monopolizaba la televisión y transmitía sólo un partido por semana. Las señales de cable del empresario Silvio Berlusconi comenzaron a emitir varios encuentros de la misma fecha y múltiples programas de debate futbolístico, un modelo más comercial que inspiró a las televisiones del resto de Europa y del mundo.
De este modo, el deporte comenzó a ocupar un espacio cada vez más importante en la vida cotidiana de las personas mientras, en simultáneo, dejaba de ser una esfera autónoma y escindida de la sociedad. En ese marco Maradona –para muchos en la cúspide de su carrera– se estrenó como sujeto político equiparando la pelea del Napoli por el Scudetto con las diferencias socioeconómicas entre el norte y el sur.
El Campeonato Mundial de México 1986 lo proyectó al panteón nacional pero también contribuyó a su status de celebridad universal. Hero –la película de la FIFA que aportaba imágenes diferentes y de mayor calidad a las ofrecidas durante el torneo– se estrenó en el contexto de la explosión de las videocaseteras en los hogares de todo el mundo. Aunque por estas tierras el film se tradujo como Héroes, su título en singular en el original aludía indudablemente al desempeño del capitán del equipo campeón.
Así, Maradona fue consagrándose como el actor principal de ese conglomerado deportivo, comercial, mediático y cultural que se encontraba en plena gestación en los años ´80, a partir de un interés inédito de fanáticos, marcas, medios de comunicación y gobiernos, atraídos no sólo por el talento de quien mejor jugaba al deporte-espectáculo más global de todos sino también por su carisma, lenguaje, actitud y consumos.
Desde la década de 1990, con la estrella deportiva de Maradona en declinación, ese sistema pasó a explotar no sólo una forma de vida convertida en reality show sino también la nostalgia por su talento y las hazañas del pasado, celebrada en forma de aniversarios y habituales e innumerables comparaciones con otros astros del deporte.
Si bien en la actualidad la maquinaria de este star system apunta a la renovación constante de sus protagonistas, el poder de las narraciones, los imaginarios y las percepciones en torno a las jugadas, los gestos y las declaraciones de Maradona –amplificadas en los últimos años por la digitalización y el flujo de imágenes, informaciones y conversaciones que se generan en las redes sociales– le ha dado a su figura una vigencia inédita dentro de la escena cultural global contemporánea.
(*) Docente de la Licenciatura en Gestión Deportiva de UADE.
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