9 de septiembre 2023 - 00:00

Dolarización: los riesgos de una deficiente implementación

Nuestra falta de seriedad ha permitido que quienes la sostienen y los que la rechazan llevaran el debate hacia posturas dogmáticas donde la discusión científica y rigurosa ha quedado relegada a la tribuna popular.

Iniciar un proceso de dolarización de la moneda es un cambio dramático en la economía y por lo tanto requiere un tratamiento riguroso y una discusión que permita disminuir los costos de una posible reversión.
Iniciar un proceso de dolarización de la moneda es un cambio dramático en la economía y por lo tanto requiere un tratamiento riguroso y una discusión que permita disminuir los costos de una posible reversión.
Pexels

La discusión sobre la dolarización en Argentina se ha banalizado de la manera más grosera. Nuestra falta de seriedad ha permitido que quienes la sostienen y los que la rechazan llevaran el debate hacia posturas dogmáticas donde la discusión científica y rigurosa ha quedado relegada a la tribuna popular.

Iniciar un proceso de dolarización de la moneda es un cambio dramático en la economía y por lo tanto requiere un tratamiento riguroso y una discusión que permita disminuir los costos de una posible reversión.

La dolarización no es en sí un programa de estabilización tradicional, es más que eso, puesto que conlleva un cambio en la naturaleza de los contratos, al menos de cómo se han celebrado y ejecutado hasta el momento. El riesgo mayor de un proceso de dolarización no se encuentra solamente en el periodo de transición donde un agregado monetario es canjeado por dólares y es liquidada la autoridad monetaria, sino también en cómo se articulan los mercados sujetos a leyes y reglamentaciones que anteponen la nominalidad por sobre las variables reales.

Es importante entender que los cambios regulatorios no son procesos discretos donde se comienza de cero con un nuevo contrato, siempre quedan los contratos vigentes. Por el contrario, los cambios contractuales no solo tienen vigencia hacia adelante, sino que sus efectos podrían conllevar la modificación sustancial de parte de los acuerdos vigentes, lo cual puede dar lugar a un sinnúmero de reclamos.

Pero más allá de estos problemas, un cambio monetario de tamaña envergadura, requiere también ataduras institucionales, que impliquen que los costos de salida de la misma sean prohibitivos. Dicho de otra manera, la administración que impulse un proceso de dolarización deberá asegurarse de que dicha reforma adquirirá el carácter de permanente y no sea percibida como transitoria. El riesgo de una dolarización con probabilidades de reversión (transitoria) conduce a un conjunto de regularidades observadas en la literatura de planes de estabilización.

En primer lugar, la tasa de interés quedaría por encima de la tasa de USA (emisor de dólares) por el riesgo de default que debería ser mayor, pues la autoridad de aplicación ya no cuenta con la devaluación como instrumento de licuación. Si a esto le adicionamos que sería necesario endeudarse para dolarizar, el riesgo de default sería aún mayor. Dicho diferencial de tasa determinaría una entrada de capitales transitorios que impulsarían los ciclos de expansión-recesión observados en los programas de estabilización de tipo ERBS (Exchange Rate Based Stabilization Programs).

En segundo lugar, la naturaleza transitoria del programa determinaría un proceso de sustitución intertemporal de consumo donde los agentes adelantarían decisiones de compra. En otras palabras, el nivel de endeudamiento privado crecería por encima de su nivel de equilibrio a la espera un “perdón/default” al terminar el ciclo. Bajo este contexto los precios domésticos impulsados por el exceso de demanda de transables y no transables no permitirían que la tasa de inflación local converja a la tasa de inflación de USA ajustada por productividad. Este gap de precios implicaría una caída constante del tipo real de cambio aumentando los costos en dólares de las empresas a niveles de hacer poco competitivos a los productores de bienes no transables. Todo este sendero, en un mercado que solo puede flexibilizarse hacia adelante, implicaría el surgimiento de una demanda política de reversión de la dolarización y su reemplazo por un sistema tradicional.

En otras palabras, cuanto menores sean los costos de salida de la dolarización mayores serán las probabilidades de que se active en el futuro un proceso de reversión. Dicha fase podría ser más que catastrófica para la ya maltrecha economía argentina.

Una dolarización permanente requiere de ataduras institucionales fuertes tales como que la misma sea aprobada por amplias mayorías parlamentarias, que su reversión requiera mayorías especiales, resulta imperiosa la derogación de toda la normativa vigente que limita la responsabilidad de los bancos al capital local y si es posible hasta una reforma constitucional.

Todo esto tampoco es suficiente para alejar el problema de una corrida bancaria, pues es necesario el establecimiento de una banca off-shore, que de seguridad en las instituciones financieras. Estos cambios reformularían todo el sistema bancario argentino, en el cual no tendría lugar la banca pública, la que debería ser privatizada antes de la dolarización, ni parte de la banca privada actual.

Por otro lado, y para evitar las fluctuaciones del tipo de cambio real se hacen necesarios realizar amplios tratados de libre comercio con países del área dólar. Dicha tarea también debería ser previa al proyecto y requeriría de plazos extensos para su implementación.

Por último y solo para resumir, porque la lista continua, debería darse una solución al problema fiscal en el tiempo para evitar que, por tener un régimen federal, las provincias se sientan tentadas a emitir cuasimonedas en ciclos fiscales adversos.

Para terminar, creo que en argentina no deberíamos estar discutiendo sobre la dolarización, si quizás sobre la libre celebración de contratos, el absoluto respeto a la ley, la desregulación de las actividades productivas, la construcción de un consenso fiscal intertemporal, la independencia de la autoridad monetaria, la desregulación laboral y en el inicio de procesos de apertura comercial de carácter permanente.

Evitar los atajos y las soluciones mágicas debería ser lo que prime en la discusión, de lo contrario nuevamente habremos frustrado nuestro camino hacia la recuperación y el progreso.

Profesor de Economía Monetaria Internacional - UCEMA

* Los puntos de vista del autor no necesariamente representan la posición de la Universidad del CEMA

Dejá tu comentario

Te puede interesar