"Economía funciona aún con las reglas de los 90"

Opiniones

Para el economista Pablo Andrés Neumeyer es clave que la Argentina tenga superávit fiscal en los próximos 50 años. Y para lograrlo, afirmó que «con un poco de inflación, si no suben los salarios ni las jubilaciones del sector público y se paga más impuestos, se vuelve a tener resultado positivo».

Neumeyer recibió a Ambito Financiero en su oficina de la Universidad Torcuato Di Tella, donde es profesor y ocupó el cargo de director del Departamento de Economía.

«No sé si lo del INDEC es un cambio tan grande en lo que hace al respeto a las instituciones en la Argentina. Existen cuestiones endémicas en el país, como el default o la lentitud en la Justicia, que son más relevantes», señaló. El economista, que recibió en 2005 la beca Guggenheim y trabajó para el Banco Mundial y la Reserva Federal, indicó que «la mayor parte de la economía sigue funcionando con las reglas de los 90».

Periodista: ¿Qué opina de la intervención del INDEC?

Andrés Neumeyer: Además de intentar generar la percepción de que el incremento de precios es más bajo de lo que en realidad es, otro incentivo es obtener una ganancia fiscal derivada del hecho de que 45% de la deuda pública está indexada al Indice de Precios al Consumidor. Una manera de estimar su magnitud es indexando este pasivo con la inflación de Mendoza entre enero y agosto, y comparar ese valor con el que surge de utilizar los datos del INDEC. La diferencia entre los dos métodos, descontada con la tasa de interés de los bonos del Tesoro americano, es de aproximadamente u$s 4.600 millones.

P.: ¿Cuál sería la principal consecuencia?

A.N.: Me parece que se exagera un poco el efecto de las manipulación de las cifras del INDEC sobre el clima de negocios y de la inversión, por ejemplo. Una consecuencia es que se dificultan mucho los contratos entre privados, ya que no existe un índice de referencia. No sé si lo del INDEC es un cambio tan grande en lo que hace al respeto a las instituciones en la Argentina. Existen cuestiones endémicas en el país como el default o la lentitud en la Justicia que son más relevantes. Obviamente es muy importante para los tenedores de bonos y para la gente que va a comprar títulos de la deuda argentina, pero no implica un gran cambio en la institucionalidad.

  • Clave

    P.: ¿Qué opina del superávit fiscal?

    A.N.: Es la clave del crecimiento económico desde el colapso de la convertibilidad. Evita que exista miedo de crisis y genera estabilidad. Uno de los grandes problemas de la Argentina en los últimos 50 años es que hubo déficits fiscales crónicos, por lo que, si se pudiera revertir esta situación, sería muy bueno. Otro punto es que todo el temor de inflación desenfrenada, con superávit desaparece.

    P.: ¿Es preocupante el deterioro del superávit hoy?

    A.N.: Sí. Que se pase a un déficit, es preocupante. Uno de los pilares debería ser tener superávit fiscal durante las próximas cinco décadas. Para el gobierno, con la poca credibilidad con que cuenta en los mercados financieros por el default de 2001, sobre todo en momentos en que debe renovar vencimientos, tener déficit trae problemas. Además, puede ocurrir que llegado el momento haya que emitir si no se puede colocar deuda, lo que traería inflación como la de antes.

  • Venezuela

    P.: ¿Y el financiamiento de Venezuela?

    A.N.: Lo de Venezuela tiene un límite y además se están consiguiendo esos fondos a una tasa muy alta.

    P.: ¿Cómo se podría hacer para revertir la situación fiscal actual?

    A.N.: Con un poco de inflación, si no suben los salarios ni las jubilaciones del sector público y se paga más impuestos, se vuelve a tener superávit. El gran ajuste fiscal después de 2002 fue porque hubo un salto enorme del nivel de precios y no se modificaron los mínimos no imponibles, entonces se dio una revolución fiscal porque mucha gente empezó a pagar Ganancias. Este ajuste fue tremendo e inédito en la historia argentina. Además, generar esto no es contractivo como se suele pensar, ya que a la población se le va el miedo de que le saquen la plata para pagar el gasto público de manera poco ortodoxa. Los impuestos y la contracción fiscal van a llegar de una manera u otra y despejar la incertidumbre sobre cómo se va a llevar a cabo el ajuste trae tranquilidad.

    P.: Cuando dice que hay que crecer por los próximos 50 años, ¿a qué tasas se podría hacer?

    A.N.: El gobierno no decide a qué tasa crecer. Surge de que la gente invierta, innove y encuentre mejores maneras de producir con menores costos. No tener que preocuparse acerca de la inflación o de cambios bruscos en precios relativos es una condición necesaria para incentivar la inversión porque de otra manera se vuelve más importante para los empresarios entender la macroeconomía que ver cómo innovar.

    P.: ¿Habría que enfriar la economía?

    A.N.: No creo que sea necesario. Me preocupa más que haya una crisis financiera para lo cual sería importante tener un alto superávit y bancos bien regulados para que no haya un estallido por ese lado y, además, un bajo incremento de precios porque hace más fácil hacer negocios. Hay quienes dicen que bajar la inflación genera recesión, pero esto es una visión de libro de texto norteamericano y no es tan obvio en nuestro país.

    P.: ¿Qué causa la inflación actual?

    A.N.: Es por mantener el tipo de cambio relativamente fijo y como los precios en dólares de los bienes no exportables en la Argentina estaban muy baratos, entonces los costos relativos de los bienes domésticos tienen que subir a medida que se recupera la demanda interna. La apreciación real de la moneda puede surgir con una apreciación del tipo de cambio nominal o a través de la inflación. La Argentina decidió hacerla con un incremento de precios, en vez de con una disminución en el valor dólar, como Brasil.

    P.: ¿Cree que los anuncios del gobierno de reducción de las tasas de interés puedan incentivar a una mayor presión inflacionaria?

    A.N.:. Es necesario analizar la política global del Banco Central. Quizás crezcan las presiones por ese lado, pero las bajen por otro, como con las Lebac y Nobac o con operaciones en el mercado de cambio. Si se quiere llevar la inflación de 20% a 2%, la política monetaria debe ser gradual, focalizada en el objetivo de bajar el incremento de precios utilizando todos los instrumentos. No soy de los que creen que se viene el fin del mundo porque se implementen controles de precios o a la tasa de interés. Además, la mayor parte de la economía sigue funcionando con las reglas de los 90. No hubo grandes cambios: la economía sigue abierta, el BCRA sigue interviniendo el mercado cambiario y muchas de las empresas siguen privatizadas, por ejemplo. Un gran cambio fue el superávit fiscal, que esperemos que dure.

    Entrevista de María Iglesia
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