Conectividad: una brecha que se ensancha

Opiniones

La brecha entre los sectores más vulnerables y los más privilegiados de la Ciudad es amplísima. Existe una gran distancia social que se incrementa aún más sino contamos con las aulas como espacios de enseñanza.

Si analizamos la situación de la educación en tiempos de pandemia, la primera observación que surge es que hemos dado un paso grande en el proceso tecnológico de nuestras sociedades hacia la era de la masividad de la información y la comunicación. Lo que se suponía que debía desarrollarse en una década se precipitó en unos meses y la escuela debió adecuarse a las nuevas necesidades. Pero este "salto tecnológico" dejó al descubierto con mayor crudeza las desigualdades que viven nuestros pibes y pibas y que se reflejan en el espejo del acceso a la educación digital.

La combinación de ambos acontecimientos visibiliza lo que se ha denominado como “brecha digital”, que es un fenómeno recurrente tanto en las sociedades desarrolladas como en las que no lo están.

En la Ciudad de Buenos Aires, la brecha digital desnudó la realidad que vive la educación. Por un lado, porque los elevados índices de pobreza excluyen a un gran porcentaje de la población de las posibilidades de acceder a equipos y, sobre todo a la conexión a internet. Pero lo cierto es que no es un problema solo de los sectores vulnerables sino que alcanza también a los sectores medios, que hoy tienen enormes dificultades para costear los servicios y equiparse con alguna computadora. Son innumerables los testimonios de familias y docentes que nos relatan las peripecias que hacen para compartir un celular o una computadora y el wifi. Pensemos las dificultades que enfrenta una familia con dos o tres hijos, cuya madre o padre trabajan desde casa y viven en un departamento de dos ambientes.

La brecha entre los sectores más vulnerables y los más privilegiados de nuestra Ciudad es amplísima. Existe una gran distancia social que se incrementa aún más sino contamos con las aulas como espacios de enseñanza- aprendizaje donde todos somos iguales.

Pero esta situación se ve además más agravada porque en la Ciudad de Buenos Aires tenemos un Gobierno que ha abandonado los planes de entrega de equipos y programas de acceso a la conectividad que existieron hasta hace pocos años atrás. Me refiero específicamente, al vaciamiento del Plan "Conectar Igualdad" durante la gestión de Mauricio Macri en Nación y el cambio de política del Plan Sarmiento en la Ciudad. En este último caso, bajo el argumento de modificar las perspectivas pedagógicas se dejaron de entregar equipos a los y las estudiantes.

Es indispensable achicar esta brecha porque su existencia significa lisa y llanamente que miles de niños, niñas y adolescentes queden fuera del sistema educativo. Para utilizar una imagen ilustrativa, hoy, esta situación es equivalente a cerrar las puertas de cientos de escuelas. Por eso, frente a este panorama, hemos presentado varias iniciativas parlamentarias para paliar la situación, enfocadas en garantizar el acceso a equipos y a conexión a internet para todas y todos los alumnos de nuestro sistema educativo.

La última de ellas, fue un proyecto de ley para garantizar la entrega de tarjetas SIM que permitan a las familias solucionar uno de los problemas más complicados, la conectividad. El celular es el dispositivo más utilizado para mantener el vínculo pedagógico mínimo. Tal vez, un único equipo que debe garantizar a la familia la escolaridad de sus hijos, además del uso cotidiano que pueda tener. Está claro que esto es solo un paliativo, pero en la emergencia es necesario apelar a las soluciones más simples para luego dar lugar a las de fondo, que no implican otra cosa que cada alumno, cada alumna y cada docente accedan a un equipo y a condiciones adecuadas de conexión a la web.

Lamentablemente, en la Legislatura porteña aún no se ha discutido ninguna de las medidas propuestas a pesar de la urgencia de que miles de pibes no estén recibiendo educación y, a pesar de que hayamos indicado expresamente de dónde deben obtenerse las partidas presupuestarias para garantizar el financiamiento, no obtenemos respuestas por parte del Gobierno de la Ciudad. Además, resulta contradictorio que en toda la red de subtes y en muchos parques y plazas haya wifi gratis, pero no se pueda proveer internet inalámbrica a los barrios vulnerables.

Para finalizar, hay que resaltar que más allá de todo lo que hagamos en lo inmediato para paliar la situación, la enseñanza más importante que nos debe dejar la pandemia es que el verdadero problema de la sociedad argentina no es la existencia de una grieta sino de una brecha, que no solo es digital, sino fundamentalmente social y económica. Para que esa brecha desaparezca primero debemos reconocerla y tener la decisión de tender puentes lo suficientemente amplios para permitir que todos y todas podamos superarla.

(*) Diputado de la Ciudad de Buenos Aires por el Frente de Todos e integrante de la comisión de Educación.

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