El camino correcto
Desde Chile, donde se encuentra, el ex presidente Menem rompe silencios. Lo hace con verdades y picardías. La picardía es decir que "al cabo de 10 años no hay funcionarios de mi gobierno condenados por las privatizaciones". Claro, María Julia Alsogaray no está precisamente "condenada", pero presa y procesada. Le sigue siendo difícil al riojano admitir algunos males de su gobierno, donde desbordes de corrupción fueron evidentes. Es cierto, como dice, que en costos reales para un país el dispendio de dinero en empresas públicas que él privatizó supera 2.000 veces lo que se llevaron corruptos en su gobierno. Pero no es fácil de exhibir esto y sí quien se llevó 500.000 o un millón. Un solo affaire en el gobierno de Alfonsín -los 1.000 millones de dólares del negociado Koner Salgado con franquicias de Tierra del Fuego-supera toda la corrupción que hubiera en el menemismo. Claro, Alfonsín fue mal administrador y no se necesita, entonces, atacarlo por allí. Aparte, Menem en lo que escribió y envió desde Chile dice verdades sobre hechos hoy en la Argentina, como que estatizar no es el camino. Ciertamente no lo es. También que se viven tiempos de venganza, aunque se la disfrace de justicia, como acusarlo de una cuenta en Suiza que reconoció y fueron fruto esos fondos de algo tan digno como ser indemnizado por el Estado por años de prisión política. ¿Cuántos políticos tienen ese mérito hoy en la Argentina? También es ridículo que el juez Jorge Urso intente juzgarlo ahora por "tema cárceles" cuando como magistrado debió excusarse por haber intentado juzgarlo antes por el "tema armas a Ecuador" y tuvo un sonoro fracaso y reto por parte de la Corte Suprema, lo cual lo hace un juez carente de imparcialidad para asegurar equidad a la misma persona. ¿O no?
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Basta de manipular figuras de delitos a fin de lograr ajustar el expediente a las resoluciones que se desean tomar.
Basta de juzgadores mediáticos que se esfuerzan por comunicar a la prensa las resoluciones antes de anoticiar a las partes.
Basta de jueces hablando por televisión sobre causas que están en plena investigación.
Basta de utilizar el alegado pretexto de una orden judicial, para perseguir a los ciudadanos que piensen diferente, sean o no políticos.
Basta de condenas mediáticas sin pruebas.
• A las cosas
Argentinos a las cosas; gobernantes, no persigan opositores, gobiernen; jueces, recuerden «lo que no está en el expediente no está el mundo»; periodistas, no condenen, informen. Sarmiento sostenía con la fuerza que da la verdad «Las ideas no se matan»; agregamos: tampoco se encarcelan.
Siempre consideré que «lo que no me mata me fortalece» (Federico Nietzsche). Lo hecho por gobiernos posteriores a diciembre de 1999 en mi contra fue sórdidamente urdido. Primero se pagó un millón de dólares a Dick Morris, asesor de imagen de Clinton, para que ingeniara la manera de demonizarme, luego se inventó una causa, sostenida por mentiras. Nadie advierte que los fondos provenientes de tal cuenta son consecuencia de una indemnización por cinco años de detención ilegal, pagada por el Estado nacional y por orden de la Justicia.
• Mal gasto
Por otra parte, ¿quién pregunta por el mal gasto de los fondos públicos? La prensa vernácula continúa gastando ríos de tinta en contra de los opositores al gobierno y olvida graciosamente que fue el propio Kirchner quien apoyó el proceso de privatización de áreas petroleras y de YPF, y que se llevó al exterior más de 800 millones de dólares, y nadie parece tener interés en saber a cuánto asciende hoy aquella suma, o tan siquiera dónde están depositados tales fondos públicos. Señal de transparencia brindaría al ciudadano argentino que su primer magistrado justifique la existencia de los fondos que se llevó del país. El Poder Judicial, que luce tan preocupado por investigar cuentas en Suiza, daría verdaderas muestras de independencia si se involucrara en la investigación del destino de estos cuantiosos y fabulosos fondos públicos desaparecidos de la República Argentina. Nadie, ni ministro, entre ellos, el de Justicia, ni secretario de Estado, ni la específica Oficina Anticorrupción, juez, fiscal o medios de prensa preguntan al respecto. Pese a ello y a la continua campaña difamadora, nadie puede quitar a mi gobierno los logros obtenidos. Se consolidó definitivamente la democracia, se terminó con el movimiento carapintada y se solidificaron finalmente las instituciones de la república, fortaleciendo el sistema federal. Se logró la pacificación del país dando solución a la crisis social existente en 1989 que se manifestaba principalmente por los saqueos, y nuestro país estuvo pacificado durante todo mi gobierno. Es hoy cuando se han reabierto las heridas del pasado, lamentablemente por mezquinas conveniencias políticas y el revanchismo de unos pocos.
El desarrollo económico se manifestó, por ejemplo, con aumento de salarios y jubilaciones, estabilidad monetaria, nuevo e importante proceso de inversiones, incremento del Producto Bruto Interno, aumento de las reservas en el Banco Central de la República Argentina, recuperación del crédito doméstico y externo, consolidación del sistema financiero, entre muchos aspectos económicos y sociales.
La libertad de prensa fue irrestricta, el Estado dejó de administrar los medios televisivos y de radiodifusión, y se eliminó el delito de desacato. Y además de ello, se logró la reinserción de la Argentina en el mundo, a través de la recuperación de la credibilidad y la seguridad jurídica. Así se pudo controlar la hiperinflación, evitar el aislamiento mundial y el default externo. Las reservas en el BCRA pasaron de cero a 32.000 millones, de la inexistencia de moneda, pasamos a una moneda fuerte y respetada en el mundo entero. Y a los que sostienen que la política económica engendró exclusión social debo humildemente pedirles que se interesen en ver y confrontar los índices objetivos, tanto económicos como sociales, los montos de inversión, el PBI de mi gobierno, con los actuales para demostrar la falacia. (vgr. Deuda con FMI - datos del Ministerio de Economía - a diciembre de 1999 $ 4.472 millones, hoy es superior a $ 43.821 millones, nueve (9) veces más. El índice de pobreza hoy supera 50%. Durante mi gobierno a aquel que tenía un trabajo su salario le permitía estar por encima de la línea de pobreza; hoy, en cambio, no basta tener trabajo para dejar de ser pobre.
• Deuda interna
Lo mismo podemos afirmar respecto de la triste realidad del aumento de la mortalidad y desnutrición infantil.
Mi gobierno se hizo cargo y abonó las deudas internas, contraídas por los gobiernos anteriores, a jubilados, pensionados, empleados públicos y proveedores.
A Kirchner y a los políticos que señalan que el proceso privatizador estuvo teñido de graves hechos de corrupción, no es cierto. No olvidemos que tal proceso permitió brindar el servicio público, en la cantidad y calidad que se reflejó durante mi gobierno con el consiguiente impacto en la actividad económica, ya que el Estado no estaba en condiciones de financiar las inversiones imprescindibles para tal fin y que gracias al mismo hoy tenemos agua, luz, gas, teléfono, autopistas, rutas en buen estado, etcétera. No escapa al conocimiento popular que las privatizaciones también sirvieron para disminuir y eliminar nichos de corrupción y privilegios en el Estado, y transparentar la economía. No hay que decir, hay que hacer; estatizar no es justamente el camino de transparencia de la economía, basta comparar.
Los que critican mi gobierno deberían precisar sus acusaciones; estoy acostumbrado a soportar agresiones verbales infundadas, prueba de ello es que a diez años de las privatizaciones no existe funcionario de mi gobierno condenado por la Justicia por las privatizaciones, las cuales fueron adjudicadas mediante licitación pública nacional e internacional, y controladas por una comisión bicameral del Parlamento. Basta de mentiras, pido a los responsables de la conducción de mi país que digan la verdad y actúen en consecuencia. Mi experiencia de más de diez años de gobierno me permite señalar lo incorrecto del camino tomado. Reflexionen y no dejen a la Argentina en la banquina, podemos cometer infinidad de errores, lo que nunca dejaremos de hacer es pagar tales equivocaciones.
Mi propuesta es reinsertar a la Argentina en el mundo y acordar con el resto de los países una alternativa que nos permita rescatar el camino del crecimiento y la prosperidad. Dios sabe todo lo actuado a favor de lo expuesto y en esa fe me encuentro. Jamás he dado un paso que no me comprometiese.
Por esto, sin rencores y junto a mis compatriotas, estoy dispuesto a colaborar para recuperar todo lo bueno alcanzado durante mi gobierno y mejorarlo. Nuestros hijos y nietos nos están observando, pues son ellos los que deberán soportar las decisiones que hoy se toman, y la historia juzgará.
Ese es el camino correcto.




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