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5 de febrero 2008 - 00:00

El oro sube: algo anda muy mal

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Bernanke hizo su tarea. Por otro lado, no podía hacer otra cosa, ¿qué más le quedaba? El mercado ha demorado mucho en entender la magnitud del problema que la avaricia de los banqueros ha ocasionado al mundo entero. Lo que más rabia da es que han perjudicado a sus propias empresas, sus accionistas y -de paso- «fundieron al mundo» con ese sistema de pago de bonos y primas. ¿Cómo es posible que algunos ganen millones de millones sólo por estructurar productos financieros? Hay quien ya exigió que esos bonos sean devueltos al Estado, una pequeña compensación para la caja pública, que ahora tiene que encargarse de solucionar los problemas: cifras múltiples de esos bonos están siendo pagadas por todos nosotros, que tenemos algún billete en el bolsillo.

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El dinero se está haciendo polvo. Bernanke está intentando volver a inflar la burbuja, reinflacionar el sistema como lo había hecho Greenspan en 2001. La estrategia esta vez no va a tener éxito. El sistema está enfermo porque su corazón, el sistema bancario, está afectado por una crisis de confianza en el ámbito global y por una repentina falta de liquidez que repercute en el sistema económico. El UBS y el Citibank, entre otros, buscaron nuevos accionistas en países emergentes, remunerando sus depósitos con tasas de 9% y 11%, respectivamente. Tasas que ni aun la Argentina -país en default- está pagando. Antes, cuando esto sucedía, se llamaba estado de quiebra. Hoy tenemos a los Bernanke y los Trichet que se hacen cargo de los problemas de los bancos con nuestro dinero.

¿Cómo sigue esta novela? No creo que tenga un final feliz. Cuando comparaba anteriormente la fuerza del precio del oro con los buitres que sienten el olor a muerto, el muerto todavía no se veía, pero se sabe que el olfato humano es notablemente malo, por lo que tenemos que ayudarnos con los otros sentidos e inteligencia. El cadáver ahora está expuesto a la vista de todos.

  • Muertos vivientes

  • Actualmente los bancos son muertos vivientes y han perdido toda la confianza que se les tenía. Los bancos centrales, con sus enormes emisiones inorgánicas, hacen lo suyo para generar desconfianza también hacia el sistema monetario internacional. Es otro punto que sugiere el precio del oro. Por el momento la mayor preocupación de los inversionistas parece ser no tener liquidez en algún banco, lo que no es realmente una expresión de confianza.

    ¿Cuál es la solución? No hay ninguna que no implique una dosis importante de sufrimiento. La reducción de las tasas y de los impuestos resultan ser paliativos para un enfermo terminal. El gobierno norteamericano sigue «dopando» al sistema, empujando el consumo individual como si fuera la solución para todos los males del mundo. Lamentablemente, ellos no son los únicos consumidores del mundo. Hoy unos cuantos billones de seres humanos compiten por una cantidad cada día menor de alimentos, de energía y de « commodities» en general, ocasionando su encarecimiento y prendiendo la mecha de la inflación. La palabra para esta situación es estanflación, o sea, recesión acompañada de inflación. También se decepcionarán los que piensan que escaparemos de la recesión gracias a los países emergentes: sus economías van a seguir creciendo -es cierto- a tasas reducidas; sin embargo, no hay ninguna duda de que van a sufrir el contagio del problema financiero que pronto tendrá dimensiones planetarias.

    Si se imaginan un escenario feo, pues traten de imaginarse uno peor. Los únicos bienes refugio son tierras agrícolas en países emergentes estables y el oro. Son de los pocos que no pueden ser inflacionados, o sea, impresos. En los meses por venir las Bolsas van a seguir cayendo y así harán los bonos. Las posiciones en efectivo permiten salvarse de la caída, pero van a sufrir por la destrucción dada por la inflación. El precio del oro nos lo está sugiriendo, pronto superará los 1.000 dólares la onza. Una buena noticia para los que lo compraron, pero una señal de que algo está muy mal.

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