El destino de Martín Guzmán marcado a fuego

Opiniones

En los próximos meses la economía, al igual que la política, traerá un gran caudal de novedades. Guzmán, debe anunciar, a fin de año, como sigue el guion de esta película: si sigue el retraso cambiario corre el riesgo de que los mercados comiencen a presionar sus argumentos.

Así como las elecciones trajeron un gran caudal de novedades a nivel político, que han implicado profundos cambios acerca de cómo y de qué manera se ejercerá desde ahora el poder político en Argentina, todo indica que en los próximos meses la economía, que en ese sentido ha quedado rezagada, pasará por la misma circunstancia. Ocurre que la pauta cambiaria que Guzmán anunció en febrero pasado tiene fecha de vencimiento a fin de año.

Una considerable parte de la creciente inquietud que se experimenta en los mercados financieros se debe a la incertidumbre que esta situación genera, la cual hace que el mero transcurso de los días haga que toda la situación sea más y más riesgosa.

Guzmán, a diferencia de febrero cuando anunció que el dólar oficial se devaluaría durante todo 2021 al ritmo establecido en el presupuesto –cosa que no podía anticipar absolutamente nadie porque los cálculos de dólar e inflación contenidos en el presupuesto suelen ser meros supuestos a fin de poder realizar algún cálculo de ingresos y gastos– ahora debe anunciar como sigue el guion de esta película en el que él solito nos metió y se metió con nosotros, por supuesto.

Hagamos un poco de memoria: allá por febrero pasado había una gran incertidumbre acerca de cómo sería este electoral 2021 y había todo tipo de inseguridades sobre la tranquilidad del mercado financiero. No hay que olvidar que la economía había experimentado un muy traumático trimestre septiembre–noviembre de 2020 con corrida cambiaria a toda orquesta frenada a duras penas con un arsenal mixto entre buenas y malas medidas. El miedo tras dos calmos meses como lo fueron diciembre y enero era que haya que estar todo este 2021 en un tire y afloje con el dólar que a la postre arruine las chances electorales del gobierno.

Nótese especialmente la gran paradoja: Guzmán sacó de la galera el guion de media película de acción con la cual fue retrasando el dólar en forma impausada mes a mes con el objetivo –malogrado por cierto– de ir haciendo converger la inflación poco a poco a alrededor del 1% mensual. Todo esto con un único fin último en mente todo el tiempo, aún más malogrado que el propio objetivo inflacionario: ganar las elecciones que tras las PASO, parecen cuanto menos chamuscadas, en el mejor de los casos.

Se fracasó en ambos objetivos. Pero Guzmán está indemne. ¿ Y ahora entonces? Ahora estamos en la mitad de la argumentación de la película. Lo que no implica, claro, que estemos en la mitad de su duración. Pero….¿Cómo sigue esto? Guzmán está en una difícil encrucijada. Si sigue acentuando el retraso cambiario con una pauta cambiaria contenida en el presupuesto sensiblemente inferior a la inflación real de este año, corre el muy serio riesgo de que a poco de andar los mercados descrean de esa posibilidad y las presiones compradoras de dólares se sigan materializando más allá del período normal de “sequía” de liquidación de divisas que debiera concluir en diciembre.

Si la pauta devaluatoria es de nuevo estricta, en relación a la evidencia empírica de este año, los problemas se postergan de aquí a unos pocos meses para renacer con toda su fuerza en poco tiempo porque ya va a haber vastos sectores con su rentabilidad seriamente afectada por la política de retraso del dólar. Muchos analistas descreen de la posibilidad de hacer esto porque entienden que el nivel de reservas es tan bajo que no hay margen para ello.

Desde esta columna creemos que se equivocan. Ocurre que muy lamentablemente para el país –pero no para el gobierno- hay u$s 11.700 millones de efectivo mínimo en moneda extranjera contabilizados, claro está, de los que deben quedar aún unos poderosos u$s 9.000 millones líquidos y pasibles de ser utilizados. Este tema, que en la mente de cualquier otro gobierno sería una insoportable pesadilla, en la forma en que este gobierno conceptualiza la economía es el más dulce de todos los sueños posibles. Implica la posibilidad de que Guzmán pueda continuar con su “magia”, que el ministro seguramente entiende que una parte de su propio gobierno no termina de comprender.

La otra posibilidad que le queda a Guzmán es “agiornar” la cifra devaluatoria para 2022 de tal manera que guarde adecuada correlación con la inercia que 2022 recibe de 2021, más el impacto de las cuentas fiscales, monetarias y externas de 2022 en su propia dinámica inflacionaria. Pero ello implicaría tener que “agiornar” todas las demás variables presupuestarias, entre ellas nada menos que los propios salarios en el Estado e incluso las conflictivas tarifas públicas, por lo que creemos que, con toda seguridad, Guzmán procederá directamente a seguir escribiendo el guion de esta película con un 2022 comenzando no de manera demasiado diferente al fin de 2021.

Alguien podría decir que después de las próximas elecciones de noviembre las cosas van a cambiar porque en el gobierno todos, desde el presidente, pasando por el nuevo jefe de gabinete hasta la propia vicepresidenta se van a sentir con las manos libres como para pedirle y exigirle cosas a Guzmán, incluso hasta llegar a la exigencia de su propia renuncia. Se escucha muchísimo esa línea argumentativa.

Sin embargo, hay que oponerle otra simple pregunta: “¿Quièn es lo suficientemente osado como para ponerle el cascabel al gato?” Claro. Una cosa es que los políticos puedan empezar a despotricar a cielo abierto contra Guzmán. Pero otra muy distinta encontrar quien esté dispuesto a sincerar las variables quedando así como un émulo de personajes que con razón o sin ella, bien o mal, actuaron en momentos cumbre: Rodrigo, Sigaut, Whebe, Remes Lenicov. Todos ellos en la triste galería de funcionarios cuya actuación ha quedado confinada a las tinieblas, porque iluminarlas implicaría mostrar tan grandes e inquietantes errores, previos a sus respectivas actuaciones, que la cantidad y calidad de las preguntas que surgirían sería “too much” para cualquier gobierno.

Por lo tanto, salvo que surja algún factor inesperado, cosa que en Argentina siempre puede ocurrir, todo parece planteado en la senda de que Guzmán va a desear continuar con esta política por factores tanto profesionales como personales. Los políticos del primero al último van a protestar, pero sin utilidad electoral pasible de usufructuar con una eventual salida del ministro pero con una escasez generalizada de “mano de obra” dispuesta a seguir, o mejor dicho a derrumbar el esquema construido, o mejor dicho cargado con explosivos por Guzmán.

¿Y entonces? Entonces la economía queda librada a su propia dinámica y a la del agrietamiento que inevitablemente terminan produciendo los puntos débiles. Van a empezar entonces los momentos en los que será necesario comenzar a medir factores hoy no dimensionados aun adecuadamente. Ejemplos: nivel de calma de los depositantes de dólares de los bancos, ritmo de creación/ destrucción de puestos de trabajo en la industria, flujo de fondos de divisas al país de los sectores no agropecuarios, indicadores de solvencia del sistema financiero, cobrabilidad crediticia, bolsones excedentes y faltantes de liquidez,etc. etc.

Cualquiera de estos es un potencial punto débil: un lugar donde la política de Guzmán puso más o menos explosivos. Pero aún cuando fueran sitios aún saludables a fines de 2021 con gran facilidad pueden transformarse en lo contrario.

¿Y el final? El final no puede anticiparse todavía. Depende de varias cuestiones, entre ellas el nivel de resiliencia del propio Guzmán a la hora en que caiga en la cuenta de que uno o varios puntos explosivos están empezando a encenderse. En silencio, poco a poco, en los claroscuros que suelen dejar abiertos aquellos que terminan marcando a fuego la economía argentina, Guzmán se va tornando poco a poco en lo que nadie –incluido quizás hasta él mismo– quiso ser: en otro de los “hombres imprescindibles” de la economía argentina. Eso puede sonar muy lindo. Pero en realidad es horrible. Suele ser todo lo contrario a un paso a la posteridad.

Walter.graziano@yahoo.com, economista.

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