En la previa de las reuniones de primavera que realiza junto al FMI, el Banco Mundial publicó su habitual Panorama Económico para América Latina y el Caribe. Allí se presenta a la Argentina como una especie de faro a seguir para los demás países, dentro de un marco general sombrío en términos de actividad.
Respecto de su crecimiento, Argentina emerge “como la principal excepción al alza, ya que la estabilización y las reformas han mejorado las expectativas y las condiciones financieras”.
En el informe se le dedica un amplio espacio a tratar las líneas directrices del actual modelo. Por caso, se valoran los “avances en materia fiscal”, un eufemismo para no hablar del fuerte ajuste del gasto público y de las reducciones impositivas que favorecen a las grandes empresas y a los sectores de mayores ingresos que el gobierno viene llevando a cabo.
También se le destina un párrafo entero al Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones (RIGI), se pondera positivamente el acuerdo estratégico con Estados Unidos y el de Libre Comercio Mercosur-Unión Europea.
Como al pasar, en el informe se afirma que “los riesgos a la baja son significativos”, en particular, por las “considerables necesidades de financiamiento externo de Argentina en un contexto de reservas internacionales netas negativas y acceso limitado a los mercados internacionales de deuda”. La frase indica que las cuentas externas siguen sin cerrar y generan un riesgo potencial.
La Directora Gerente del Fondo Monetario, Kristalina Georgieva, alertó en un discurso que el mundo enfrenta un “shock de oferta de gran magnitud (el flujo mundial diario de petróleo se ha reducido en un 13% y el de gas natural licuado en un 20%); de alcance mundial; y asimétrico, ya que su impacto depende de la proximidad al conflicto, de si se es exportador o importador de energía y del margen de maniobra de las políticas”. Según Georgieva, la interrupción de los suministros de crudo podría llevar a “la inseguridad alimentaria de 45 millones de personas más debido a los problemas en el transporte —elevando el número total de personas que padecen hambre a más de 360 millones—, y este problema podría agravarse con el tiempo debido al aumento de los precios de los fertilizantes”.
Respecto de la respuesta de los países a la crisis energética, Georgieva lanzó “una advertencia previa (…). Las autoridades pueden ayudar de muchas maneras y, desde luego, deben tener cuidado de no empeorar las cosas. Por ello, hago un llamamiento a todos los países para que rechacen las medidas unilaterales —controles a la exportación, controles de precios, etc.— que puedan deteriorar aún más la situación global en su conjunto: no hay que echar leña al fuego”. Palabras que eximen de todo comentario.
Por su parte, en un evento que organizó en Buenos Aires el Atlantic Council, un organismo con sede en Washington, el embajador norteamericano, Peter Lamelas, señaló que “este es el momento de entrar a la Argentina, no cuando todos ya estén adentro, sino ahora”: un pedido a los empresarios allí presentes, para que se empiecen a ejecutar las promesas de inversiones en nuestro país.
En definitiva, los organismos internacionales tratan de disimular que este modelo sólo ha empeorado las condiciones de vida de la mayor parte de los argentinos y las argentinas, mientras que, a pesar de “hacer todos los deberes”, las inversiones brillan por su ausencia.
Caída que no se detiene
Los últimos datos de producción industrial del INDEC de febrero mostraron una caída mensual desestacionalizada del 4% y un 8,7% respecto de un año atrás. Los impactos son prácticamente generalizados, ya que en la comparación interanual se ven afectados 14 de los 16 sectores relevados. Además, casi la mitad de las divisiones se encuentra en el peor momento desde que se elabora la serie (2016). Detrás de estas estadísticas hay empresas que cierran y personas que pierden sus empleos.
Son datos previos al comienzo de la guerra de EE. UU. e Israel contra Irán (28 de febrero), lo cual indica que la responsabilidad plena por lo que ocurre recae en las políticas implementadas por la actual gestión.
Recientemente, Javier Milei reconoció que, si bien el país atraviesa un primer trimestre “difícil”, la economía está empezando a “levantar vuelo”. Según el Presidente, los fundamentos “siguen estando sólidos” y la motosierra “sigue encendida”. En última instancia, trata de mostrarse como el garante del modelo que busca seducir a los inversores externos y que no aflojará ante los reclamos de la ciudadanía.
En la comparación con 2023, señaló que “no todos están mejor”, una frase que en realidad debiera ser “no todos están peor”, ya que sólo hay mejoras en sectores productivos puntuales (asociados a la minería, a la energía y al agro) y en un porcentaje mínimo de hogares, ubicado en la cima de la pirámide de ingresos.
Adicionalmente, el Gobierno puso en pausa la suba de los precios de los combustibles, para que no se siga acelerando la inflación (una contradicción con su discurso monetarista). De todas formas, los impactos de la guerra no serán fáciles de sortear, incluso a pesar de contar con un balance energético positivo.
Para que la economía y la situación de los hogares mejoren (o incluso no se vean muy afectados por los efectos económicos del conflicto bélico) hay que aplicar políticas que impliquen un Estado presente, y no un modelo basado en el ajuste, en la apertura irrestricta con el exterior, en la desregulación y en la desaparición del Estado como garante de los derechos de las mayorías.
Presidente Partido Solidario
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