12 de diciembre 2006 - 00:00

Encrucijada: jóvenes no hallan empleo. Empresas tampoco cubren puestos

Encrucijada: jóvenes no hallan empleo. Empresas tampoco cubren puestos
A ambos lados del Atlántico, los países más avanzados han construido muy recientemente (marzo 2006) series históricas de crecimiento y distribución del ingreso y la riqueza que parten desde fines del siglo XVIII. Ahora, sus académicos y expertos comienzan a discutir sobre esa base las diferencias en el desarrollo entre los Estados Unidos, los diversos países europeos y Japón y los porqués de ese patrón de reparto del bienestar. Su objetivo es entender el proceso de crecimiento con desigualdad en aumento que ha caracterizado al fin de siglo y la influencia de las políticas laborales, tributarias, educativas, entre otras, sobre este fenómeno.

Por razones muy diversas, el mismo ejercicio es recomendable para América latina, un subcontinente con la mayor persistencia de desigualdad en la distribución entre todas las regiones en desarrollo, pero con el factor agravante de una muy elevada incidencia de la pobreza.

¿Vale la pena pensar en estos temas en el caso de la Argentina? La profunda crisis de 2001-2002 afectó a las familias generando problemas de urgente atención en el campo laboral, educativo y del bienestar (salud y vivienda). Varios años de crecimiento sostenido han logrado paliar los problemas más graves. Sin embargo, actualmente la diferencia de ingresos entre los hogares más ricos y los hogares más pobres es persistentemente alta, de 20 a 1. Esto ocurre a la vez que los hogares que constituyen 40% de las familias de menores ingresos están expuestos en la mitad de los casos a situaciones en las que no alcanzan a proveerse de la canasta de consumo básica. La crisis imprimió dramatismo a una tendencia que ya era negativa y cuya solución requerirá tiempo.

Más aun, en el caso de los jóvenes, 53% de los que han conseguido un trabajo tienen empleos informales donde ganan 40% menos que en un empleo formal, aun cuando han invertido en educarse. Hace veinticinco años, esta situación negativa sólo alcanzaba a 24% de nuestros jóvenes, que no habían logrado los niveles educativos promedio. Sin embargo en ese momento enfrentaban una menor discriminación salarial (sus ingresos eran 20% inferiores a los formales), y tenían aún probabilidades de salir de dicha situación.

  • Paradoja

  • En la actualidad, en todos los centros urbanos de la Argentina puede estimarse que hay unas 230.000 personas buscando empleo desde hace más de un año, acarreando ese problema con un nivel de calificación y habilidades que resultan inadecuados para lo que demanda el mercado laboral. Del total de 1,6 millón de desocupados urbanos en todo el país, 42% corresponde a jóvenes menores de 25 años.

    Paradójicamente, un porcentaje creciente -que supera en la última medición 14%- de las empresas que buscan trabajadores declara que no logra cubrir las vacantes por razones que van desde la falta de experiencia (más de 74% de los casos) a la ausencia de calificaciones y habilidades requeridas, o a la disponibilidad en términos de género y/o edad. De un total de 37 sectores de actividad que releva el INDEC, 28 no pueden cubrir 1 de cada 5 posiciones.

    A partir de esta situación se plantean interrogantes serios respecto del futuro de los argentinos, aun en un contexto de crecimiento. ¿Cómo cerrar la brecha entre la oferta y la demanda laboral en términos de calificaciones y experiencia? ¿Cuándo y cómo se podrán reducir los niveles de informalidad que afectan tanto a las empresas como a los trabajadores? ¿Conserva aún la Argentina los mecanismos de progreso social de sus familias trabajadoras y los de promoción de padres a hijos que le valieron ser un país «diferente» dentro del conjunto de América latina? ¿Cuáles son los factores de promoción social que pueden y deben recuperarse?

    En la experiencia internacional muchos países han buscado resolver algunos de estos interrogantes en instancias recientes de su historia. Por ejemplo, la inconsistencia en las habilidades laborales es un problema que ha afectado a los países avanzados debido al rápido cambio tecnológico, y su solución ha requerido esfuerzos públicos y privados en el terreno del reentrenamiento de la fuerza laboral, la formación de mayor capital humano y las políticas compensatorias de inclusión social para los más rezagados. La promoción de la educación de los jóvenes y el acceso de las familias a la educación, a la vivienda y al crédito siguen siendo los temas centrales cuando se piensa en la promoción intergeneracional, sobre todo en los países en desarrollo. El respaldo familiar y el capital educativo de los hogares son la base principal del acceso a la igualdad de oportunidades de los jóvenes. Finalmente, en muchas experiencias se ha buscado adaptar las normas tributarias y de la seguridad social para facilitar el proceso de inclusión de empresas y trabajadores en la formalidad.

    La profundidad y el alcance de los problemas argentinos sugieren que muchas de las políticas ya probadas en el resto del mundo tienen que ser convenientemente adaptadas para su aplicación al caso local, a la vez que otras, que cumplieron su rol en los momentos más críticos, deben evolucionar o ser reemplazadas por nuevos instrumentos.

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