El mercado internacional de la energía está atravesando un momento de crisis, y la invasión de Rusia a Ucrania fue el detonante de una suba en los principales commodities. El precio del barril de petróleo (Brent) ha subido un 46% entre enero y junio de este año. Pero si comparamos el período interanual entre junio 2021 y junio 2022, ese incremento alcanza el 73%. Ello generó una suba de los precios al consumidor (en EEUU tocó el récord de USD 5,016 por galón en junio) así como también incrementó los costos operativos de todos los medios de transporte. De acuerdo con lo informado por el INDEC, en Argentina el valor pagado por fletes de importación pasó de USD 74 a USD 134 (por tonelada) entre marzo de 2021 y marzo de 2022.
Mercado energético: ¿una pesada ancla para el comercio exterior argentino?
Las divisas que se necesitarán para pagar una mayor compra de energía no saldrán del aumento de las exportaciones de granos, sino de sacrificar importaciones.
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Ese incremento del petróleo también impactó en la suba del precio del gasoil, el cual nuestro país importa casi el 85% del consumo total. Debido a que los precios internos se encuentran regulados por el gobierno, las petroleras no pueden trasladar ese incremento internacional, por lo que se desincentiva su comercialización.
El retraso en el precio al público es tal, que durante los meses de abril y mayo se registró un mayor ingreso de camiones desde países limítrofes, sólo para aprovechar la ventaja en el principal costo operativo. Ante esta situación, YPF -la petrolera argentina- dispuso a comienzos de junio que su red de estaciones de servicio cobre un adicional del 60% en el precio cuando se trate de vehículos con patente extranjera. Y sólo de la versión premium del combustible.
También cabe mencionar que el año pasado se modificó la Ley de Biocombustibles, reduciendo la inclusión de biodiesel en el gasoil del 10% al 5% (el gobierno lo acabó de subir al 7,50%). Por otro lado, las centrales hidroeléctricas, frente a una bajante de los ríos, necesitaron de un mayor consumo de gasoil para la generación de energía. Toda esta conjunción llevó a una escasez del combustible para el transporte por camión, provocando retrasos en los tiempos de tránsito y una contracción de las unidades disponibles. Aun cuando durante el primer cuatrimestre del año el monto total de gasoil importado haya subido un 491%.
En cuanto al gas, nuestro país precisará aumentar la importación dada la reducida producción nacional. Pero se enfrentan dos problemas: el aumento del precio internacional y la escasez de divisas. El regreso del turismo hacia el exterior (mientras que el turismo receptivo cambia sus dólares en el mercado informal), la falta de inversiones extranjeras y por, sobre todo, los futuros pagos de deuda externa, ejercen toda la presión sobre la balanza comercial.
En los años prepandemia (2016 a 2019), las compras al exterior de energía oscilaron entre el 8,54% y el 10,01% del total de importaciones. Pero durante el primer cuatrimestre del presente año, esa participación ya subió al 12,23%.
Las divisas que se necesitarán para pagar una mayor compra de energía no saldrán del aumento de las exportaciones de granos, sino de sacrificar importaciones de productos finales, insumos y materias primas. Incluso, la necesidad de importar más gasoil le quitará lugar a la importación de gas.
En definitiva, este año el mercado energético ha empezado a influir sobre los costos logísticos, y seguirá haciéndolo sobre las restricciones a otras importaciones. Y a juzgar por las variables analizadas, la situación difícilmente pueda revertirse en lo que queda del año.
Docente de la Licenciatura en Comercio Internacional en UADE.
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