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Más allá del momento económico y las condiciones imperantes, la política monetaria prioriza el equilibrio del mercado monetario, a través del seguimiento de la demanda de dinero, siendo sumamente importante su correcta estimación. Resulta evidente la presente fortaleza que tiene la demanda de pesos, ya que libremente se ofrecen dólares a la autoridad monetaria, voluntariamente los ahorristas extienden los plazos de sus depósitos y los bancos comerciales se disputan la capacidad prestable ociosa que tienen.
Luego, en una economía con reiterados superávits fiscales y externos y con tipo de cambio flexible, en donde la cantidad de dinero es modesta, histórica e internacionalmente hablando, resulta adecuado proyectar un crecimiento nominal de los medios de pago similar al aumento nominal de nuestra economía. No sólo durante el año pasado el incremento de M2 fue moderado, sino que adicionalmente para 2007, el BCRA se ha comprometido a disminuir 19% de suba nominal experimentado el año anterior.
La política monetaria aplicada en la actualidad ( alcanzar el equilibrio entre demanda y oferta de dinero) es la necesaria, si bien muchos abogan por el abandono de los agregados monetarios para ir hacia conceptos más modernos y sofisticados, como metas de inflación. Para eso, hay condiciones que se necesitan, como ser el mayor tamaño del sector financiero como canal de transmisión de la política monetaria.
La estrategia de acumulaciónde reservas internacionales produce una expansión monetaria, que es compensada con una esterilización monetaria profunda y de calidad. Profunda, ya que durante el bienio 2005/06, se absorbió a través de todo tipo de instrumentos. De calidad, puesto que el sector público y el financiero (cancelando de forma anticipada sus redescuentos) explican 65% del total esterilizado en los últimos dos años. Esta política prudencial tampoco impide mantener un resultado anual cuasi fiscal positivo, de aproximadamente 2.000 millones de pesos en el bienio 2005/06.
Por ahora, creemos que lo más adecuado es el estricto control de los agregados monetarios que estamos realizando. Sin embargo, en el marco de esta transición, somos flexibles, adaptándonos a los cambios rápidamente. Ejemplo de ello fueron la modificación de nuestro objetivo de base monetaria a la meta de circulante más depósitos a la vista y cajas de ahorro (M2) el año pasado, y la suba de encajes bancarios que realizamos para fortalecer nuestra esterilización, al ver que el robusto superávit fiscal se reducía durante 2006. Luego, no tiene sentido insistir con otros agregados tales como el M3 que crece más que M2, ya que está aumentando el dinero de ahorro, tanto público como privado, o el crédito privado, que representa menos de la mitad de los registros históricos, tan sólo un tercio de los ratios latinoamericanos y apenas un décimo de los estándares internacionales.
La consistencia y el gradualismo de la política monetaria permitió logros en el terreno financiero, como la acumulación prudencial de reservas, menos sector público en el balance de los bancos y el alargamiento de los depósitos, no sólo del sector público, sino también del privado. Asimismo, contribuyó significativamente a la desaceleración inflacionaria alcanzada en 2006, después de su duplicación en cada uno de los dos años previos.
En este sentido, mantener una política monetaria austera es condición necesaria, mas no suficiente, para contener la inflación. La multicausalidad es un dato para la Argentina actual, a pesar de que hay (y hubo en 2006) margen para que las diversas políticas se compensen entre sí. De todos modos, esa compensación puede ser sólo parcial, no absoluta. El aporte de nuestra política monetaria se reflejó en una reversión de la diferencia entre el aumento nominal de M2 versus el crecimiento nominal de la economía (que desde 2005 estuvo en torno a 22% anual). El M2 varió 35% interanual en el período 2003/ 04 y apenas creció 19% durante 2006. Más aún, se logró una considerable disminución de la brecha entre tasa de inflación y tasa de interés.
Por último, es cierto que la estabilidad de precios es la tarea que debe resguardar cualquier Banco Central. En efecto, nuestra Carta Orgánica la contempla en su artículo tercero. Esta gestión entiende a esta obligación en términos estructurales y no coyunturales.Basta con recordarla experiencia fallidade los 90, período en el cual la fijación cambiaria y la rápida apertura de la economía fueron eficaces para disciplinar los precios internos, aunque a largo plazo tal «ancla artificial» no resistió una aguda crisis de competitividad y un desempleo intolerable.
Por lo tanto, es importante garantizar la consistencia en la evolución de todas las variables para que la economía tenga un desarrollo sustentable. En este sentido, una política monetaria y financiera como la actual, que -por primera vez en décadassienta las bases para el desarrollo de políticas perdurables y que, a la vez, guarda entera consistencia con el programa macroeconómico, nos posiciona inmejorablemente para enfrentar los desafíos que tenemos por delante.
(*) Gerente General del BCRA




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