Indicadores de la economía de EEUU muestran una gran fortaleza
(El analista de mercados internacionales personificado como Gordon Gekko, el banquero de la película «Wall Street», evalúa que los últimos indicadores de la economía estadounidense muestran una gran fortaleza y anticipa que 2006 ya viene con un fuerte impulso. Destaca el aumento de los precios de los metales, pero sostiene que no son fuente de mayor inflación.)
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Gordon Gekko: No es difícil trazar un balance tentativo: la economía que los huracanes (y el encarecimiento de la energía) debían haber maltratado goza de buena salud. A decir verdad, excelente.
P.: Tanta fortaleza puede resultar contraproducente. Estoy pensando en la suba de tasas que lleva adelante la Reserva Federal...
G.G.: Considere que aún no hemos experimentado el efecto positivo que los huracanes suelen prodigar sobre el nivel de actividad. La primera mitad de 2006 estará signada por un aumento adicional en la inversión que será explicado por las tareas de reconstrucción y compra de equipos en las áreas afectadas...
P.: La Fed no lo pasará por alto...
G.G.: No. Pero también tomará nota del comportamiento de los precios.Y toda la información reciente ratifica que la inflación está bajo control...
P.: ¿Por ejemplo?
G.G.: El indicador más contundente es, precisamente, el termómetro favorito de la Fed para medir su marcha...
P.: El deflactor del gasto de consumo personal. Si no me equivoco...
G.G.: La versión que excluye energía y alimentos. La Fed le tiene más confianza que al propio índice de precios minoristas...
P.: ¿Y qué lecturas arroja?
G.G.: Los números del tercer trimestre son los mejores desde enero-marzo de 2004. Es decir, son los mejores desde que la Fed -en junio del año pasado- comenzó la suba de tasas de interés de corto plazo...
G.G.: 1,9% anualizado. Y, si se excluyen los precios imputados, 1,6%.
P.: Un nivel satisfactorio, imagino.
G.G.: Richard Fisher -el titular de la Fed de Dallas- había alertado, cuando este indicador señalaba un avance de 2,2%, que la inflación estaba en el límite de lo que la institución consideraba «tolerable». Ahora hemos vuelto a instalarnos en lo que se podría llamar una zona «confortable».
P.: Los precios de la energía han declinado en forma notable. Pero, a la par, se han encendido las cotizaciones de los metales. El oro sube como una tromba y no es el único ejemplo...
G.G.: De hecho, cuesta trabajo identificar el precio de algún metal que no participe de la estampida. Se me ocurre que el hierro es la excepción de la regla.
P.: ¿Cómo interpretar esta nueva revolución de los metales? ¿No será acaso una señal de que persiste el temor a un desborde de la inflación?
G.G.: La interpretación más directa es la más sencilla. La economía mundial -no sólo la de los Estados Unidos- ha retomado una pisada muy firme. Si las expectativas apuntan a que este vigor no habrá de evaporarse pronto, si uno piensa que la producción industrial va a participar de pleno en este auge (y no sólo los servicios o la vanguardia de la tecnología), los metales constituyen un buen refugio.
P.: Por ese mismo camino se arriba muy rápido a la idea de que la inflación puede todavía convertirse en un problema.
G.G.: Por supuesto. Ahí es donde a uno le conviene mirar a otros mercados para corroborar sus impresiones.
P.: ¿Como cuáles?
G.G.: Los bonos de largo plazo son la referencia obligada. Usted sabe: se han estabilizado luego de una copiosa borrasca.
P.: Diría que han hecho pie a la par que los metales volvían a levantar vuelo. No deja de ser una coincidencia interesante...
G.G.: La idea de una inflación empujada por la presión de costos es un escenario mucho más creíble cuando es la energía la que tira de la cuerda. No digo que los metales no sean importantes, pero su incidencia es muy acotada en la matriz insumo producto.Y si las expectativas de inflación permanecieron bien ancladas cuando arreciaba la especulación sobre la energía, difícilmente, ahora que la energía se repliega, se vean alteradas por la efervescencia de los metales...




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