Ingreso Básico Universal: cuántos lo recibirían hoy si se hubiese lanzado en 2004

Opiniones

Una proyección demuestra que hasta 2012 se hubiese financiado solo con el IVA y que al día de hoy lo recibirían la mitad de los argentinos. Serían u$s100 mensuales (unos $12.600). Debate por la necesidad de justicia distributiva.  

El Ingreso Básico Universal (IBU), ingresos básicos a secas, renta universal garantizada o ingreso ciudadano tienen un largo historial conceptual en la historia de las ideas políticas; también muchos registros empíricos, aunque éstos sólo sean de carácter experimental.

En el debate contemporáneo los IBU presentan tres características distintivas:

  1. Son universales, es decir, alcanzan a toda la población desde la cuna a la muerte;
  2. Son incondicionales, esto es, no están sujetos a ningún requisito para beneficiarse de los mismos; y
  3. Finalmente, constituirían el único criterio de justicia distributiva.

En años recientes el debate ha dado un giro políticamente previsible, pero de complejidad creciente. Mientras que la versión canónica de los IBU, inserta todavía en el debate sobre el Estado de Bienestar, constituía un modelo simple y elegante (sustituir la maraña de transferencias-subsidios y unificar el sistema impositivo con la finalidad de garantizar el ingreso universal) luego de la crisis de 2008, la apropiación política de la propuesta de los IBU por parte de diferentes movimientos sociales y políticos fortaleció el volumen político de la propuesta, pero pagando el precio de la complejidad.

Ahora, los IBU se convirtieron en un conjunto de variantes que tratan de insertarse en un mundo redistributivo más complejo. En aras de fortalecer su legitimidad buscan, además, acoplarse a diferentes demandas sociales y convivir con múltiples mecanismos de compensación. Las variantes de IBU combinan diferentes modalidades de cobertura, grados de incondicionalidad, pero fundamentalmente ya no son entendidos como el único criterio de justicia distributiva, lo que quiere decir, entre otras cosas, que las actuales variantes de IBU consideran la existencia de diversas imposiciones tributarias, además de la requerida para financiar los ingresos básicos.

Dicho lo anterior, hoy más que nunca en la historia del debate de los ingresos básicos pensar su fuente de financiamiento constituye un verdadero rompecabezas político y técnico. Con la finalidad de ilustrar este punto, proponemos el siguiente ejercicio donde pueden observarse algunos de los aspectos que revelan la tremenda complejidad del asunto.

Supongamos que en 2003 la sociedad política argentina hubiese decidido implementar los ingresos básicos a partir del 2004, de manera progresiva; para llegar al 2018 con una cobertura universal.

Por las características de esta nota no se puede describir y justificar todo el hipotético modelo, pero sí resaltar los principales puntos que los legisladores deberían haber tomado en cuenta para tan importante decisión. Veamos:

  • a) A partir del 2004 ningún ciudadano argentino ingresaría al sistema jubilatorio, así que la cantidad de personas jubiladas iría menguando a lo largo del tiempo acorde con la tasa de fallecimientos de ese grupo etario (en el Gráfico 1, la línea C).

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GRÁFICO 1. Ingreso Básico Universal. Variación de la población argentina 2004-2018. Fuente: Elaboración propia en base a datos de ONU.

GRÁFICO 1. Ingreso Básico Universal. Variación de la población argentina 2004-2018. Fuente: Elaboración propia en base a datos de ONU.

  • b) Desde el 2004 y año tras año una porción de la población entre 0 y 64 años comenzará a cobrar los IBU, dando prioridad a los recién nacidos y a los próximos a cumplir los 65 años. Esto se ilustra en Gráfico 1 con la línea B que representa la población entre 0 y 64 años, que decrece con el paso de los años, y la línea D que representa la creciente cantidad de población, que comienza año tras año a percibir los ingresos básicos, alcanzado la universalidad en el 2018 (D + C equivale al total de la población N).

  • c) Finalmente, en este ensayo, el Congreso establece que los IBU sean el equivalente en pesos de 100 dólares estadunidenses mensuales. Si calculáramos el valor del IBU en la actualidad, el mismo ascendería a $12.600, es decir, un 30% del valor actual de la Canasta Básica Alimentaria relevada en abril por el INDEC.

Ahora supongamos que durante el 2003 los legisladores discutieron alternativas fuentes de financiamiento, finalmente se inclinaron por financiar los IBU mediante el Impuesto al Valor Agregado (IVA).

Con datos de la AFIP (el IVA como porcentual del PBI), tomando los datos del PBI expresados en pesos corrientes y calculando el valor monetario de IBU al tipo de cambio libre de diciembre de cada año recreamos la decisión hipotética y se obtiene el Gráfico 2.

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GRÁFICO 2. Ingreso Básico Universal. Financiamiento y cobertura de los IBU. Fuente: elaboración propia a partir de datos de AFIP y Ministerio de Economía.

GRÁFICO 2. Ingreso Básico Universal. Financiamiento y cobertura de los IBU. Fuente: elaboración propia a partir de datos de AFIP y Ministerio de Economía.

El Gráfico 2 muestra que hasta el 2012 la recaudación del IVA resulta suficiente para financiar la política de incorporación progresiva de ciudadanos con cobertura UBI. A partir de dicho año, el incremento de la cobertura UBI requiere incurrir en presupuestos supletorios, es decir, en déficit. Este asunto queda claramente ejemplificado cuando en el 2018 para asegurar la cobertura se requiere un presupuesto extra del 5,7% del PBI.

En base al anterior ejercicio mental ¿qué observaciones se pueden poner sobre la mesa del debate público? Veamos:

  • La propuesta de financiamiento optimista nos muestra que el IBU comienza a desfinanciarse en 2012, es decir, cuando su cobertura alcanza al 64% de la población. Esto admite dos lecturas: por un lado, no es una mala performance para un país con problemas crónicos de falta de crecimiento; al mismo tiempo, resulta, por ahora, imposible pensar una estrategia de justicia distributiva sin un modelo sostenido crecimiento.

  • Financiar los IBU con el IVA parece interesante porque permite establecer un marco de transición fiscal de varios años (8 en este esquema hipotético). Un horizonte de transición fiscal holgado permite iniciar un proceso de justicia distributiva ordenado, institucionalizado y argumentado, al tiempo que atender la urgencia de los grupos más desfavorecidos de la sociedad.

  • Además, un período amplio de transición fiscal permite, en un país con un gigantesco descalabro fiscal, inflacionario y cambiario, discutir con madurez política y rigor epistémico el desmantelamiento del sistema de previsión social, establecer una política activa para eficientizar el gasto público y analizar los costos de oportunidad de las diferentes posiciones tributarias.

  • Finalmente, aún en el peor escenario, es decir, que la cobertura IBU fuera parcial y estuviera sujeta a la recaudación del IVA (es decir, sin incurrir en déficit), tendríamos al inicio de este año a un 50% de los ciudadanos argentinos bajo la cobertura de IBU, que, si bien sería parcial (no-universal) no dejaría de ser un esquema de justicia distributiva sólido. En medio de una crisis como la actual, habríamos entrado en ella de manera diferente.

La estrategia de financiar los IBU mediante impuestos indirectos no es, quizá, la mejor opción, y sin embargo, sí sirve para abrir la discusión pública sobre la viabilidad de los ingresos básicos en el corto plazo, en una sociedad tan compleja como la argentina.

(*) Investigador del CONICET. Texto elaborado con la colaboración de Juan Barce, Becario doctoral UTN.

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