Revalorizar la calidad de la educación en momentos de incertidumbre

Opiniones

Las instituciones, en su presente reconstrucción, deben edificar competencia, brindándole al estudiante una formación ejemplar tanto a nivel educativo como profesional.

La compleja situación que atravesamos actualmente condujo a la mayoría de las instituciones a repensar los sistemas educativos en su conjunto, permitiéndoles así transitar la tensión del cambio de paradigma de la mejor manera posible. En tan solo pocos días de iniciado el aislamiento social, preventivo y obligatorio, el desafío estaba puesto en la resignificación de las casas de estudio y las modalidades utilizadas frecuentemente durante las clases presenciales.

Sin embargo, estos no se configurarían como los únicos retos por afrontar. En momentos de “modernidad líquida”, como lo definiría el sociólogo y filósofo polaco Zygmunt Bauman, una de las competencias más importantes a preservar recae en la construcción del adolescente como alumno y profesional. Los establecimientos educativos necesitan priorizar en la toma de decisiones la realidad que quieran plasmar para su alumnado durante y luego de dispuesta la “nueva normalidad”.

El este contexto, el único concepto que prevalece en el tiempo más allá de cómo sea el futuro, es la calidad. Es nuestro parámetro, nuestro principal lineamiento para la enseñanza. Es por ello que las instituciones, en su presente reconstrucción, deben de hacerlo en busca de edificar competencia, brindándole al estudiante una formación ejemplar tanto a nivel educativo como profesional.

Aún frente a la incertidumbre inicial, la adaptación de las asignaturas y contenidos universitarios al ámbito tecnológico ha permitido establecer mayores controles en pos de asegurar dicha calidad durante el ciclo lectivo. Herramientas tales como la autenticación biométrica, registros de performance de cursos y rendimiento de los docentes demostraron ser de gran ayuda al momento evaluar y, sobre todo, mantener los estándares de formación académica.

La tecnología se convirtió en un aliado en el momento en el que puso a disposición, técnicas que no eran utilizadas o siquiera consideradas durante la cursada regular. Y aún sin dar cuenta de esto en un principio, los sistemas educativos se vieron dotados de un gran beneficio que les permitiría impartir conocimiento respaldado por mayores índices de transparencia y excelencia.

A su vez, este nuevo método de enseñanza virtual ha demostrado ser eficaz a la hora de afianzar conceptos que aluden a mantenerlas altas expectativas impuestas en las instituciones educativas. Entre ellos, la eficacia y la disponibilidad, pilares de la enseñanza universitaria. Mientras que la eficacia asegura la toma de decisiones de manera consciente priorizando un impacto positivo sobre su alumnado, la disponibilidad hace posible materializar a la institución educativa en instancias donde antes no se encontraba, dando soporte a los estudiantes así como satisfaciendo sus deseos de crecimiento.

Es mediante la puesta en práctica de recursos como los que mencionamos que, en momentos críticos como el presente, podemos poner en valor lo que hacemos sin que todo lo resuelto se trate simple y llanamente de un proyecto de transición. Debemos tener en cuenta, hoy más que nunca, que la manera en la que decidamos proceder definirá los años por venir: la educación debe resolverse con calidad en el largo plazo y no adaptándose a una situación momentánea.

En momentos en que la realidad parece suspendida, o en transición, se hace necesario pensar en cuáles son elementos esenciales que queremos que permanezcan. La nueva normaldidad en los ámbitos educativos podrá prescindir de muchos elementos y transformar otros, pero el foco debe seguir siendo la calidad educativa que es nuestra mejor herramienta al servicio del desarrollo de las personas, y así, para la trasformación positiva de nuestra sociedad.

(*) Secretario General de la Universidad de Morón

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