La defensa de la vida y el aborto
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Teresa de Calcuta
No es sólo una cuestión normativa. Desde la perspectiva de un mundo en cambio incesante, la defensa de la vida requiere el aumento de la población. Estimular el crecimiento demográfico es esencial para el Estado. Ningún cambio profundo es asimilado por una población en constante envejecimiento. Sólo puede hacerlo en una biológicamente renovada. La evolución histórica de la humanidad es contradictoria, con tasas de crecimiento poblacionales negativas o neutras. El cambio de mentalidad que el mundo exige requiere la defensa expresa de la vida. El mandato bíblico es «creced y multiplicaos». Las especies cumplen ciclos normales de crecimiento y extinción desde hace milenios. Nadie puede arrogarse el derecho de ejecutar una pretendida « selección natural» en la especie humana.
Numerosas voces señalan, con acierto, que hay cantidad de mujeres que no pueden alimentar y criar a sus hijos, no quieren hacerlo, o los han concebido en condiciones indeseadas. Pero plantear las cosas en este punto es una estrategia elusiva para el Estado, que sólo puede -y debe- hacer dos cosas: trazar programas educativos preventivos, orientados a impedir relaciones indeseadas que conducen a embarazos y ofrecer planes muy sólidos y eficaces de ayuda específica y contención para las mujeres embarazadas que creen ver en el aborto una salida a una situación traumática. No debe interrumpirse el embarazo en ningún momento y por ninguna circunstancia y ésa ha sido siempre y ha de ser la política del Estado argentino. El Estado debe prevenir. Y si aun así hay embarazos indeseados, tiene que ofrecer un abanico de alternativas, todas las cuales comiencen por el amor al niño por nacer, y no por su repulsa.
Es cierto que el gobierno despojó al vicario castrense de su designación y rango por contrariar a un ministro respecto del aborto y que alentó la destitución de ministros de la Corte Suprema alegando -en campañas de prensa- su posición cercana a la Iglesia como la defensa de la vida.
También es verdad que altos funcionarios gubernamentales se pronunciaron a favor del aborto. Pero sería un trágico error que el gobierno intentara con ese objetivo aprovechar un Congreso que le teme, provincias extorsionadas, las presiones que pretenden restringir la libertad de prensa y una Corte Suprema aparentemente predispuesta a tolerar el aborto. En virtud de su política y de su ideología, el gobierno hostiga a la Iglesia. En la Argentina, la Iglesia Católica es -junto a la prensa y las organizaciones no gubernamentales- la institución que más confianza merece en la opinión pública. Colabora en la lucha contra el hambre, la indigencia y la pérdida de la dignidad. Defiende la vida, la niñez, la nutrición, el crecimiento, la educación, la formación moral, la ética pública y privada. Acoge bajo su manto protectivo a quienes luchan por mejorar la situación social, las instituciones y la convivencia.




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